En 2025, la política turística argentina sumó un hecho inédito: el secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli, cuestionó públicamente en reiteradas ocasiones las estadísticas oficiales que miden la actividad. Como corolario, rompió las relaciones técnicas con el Indec. El conflicto expuso una tensión profunda entre el relato oficial y los datos que describen el desempeño real del sector.
Los datos que incomodan a Scioli: cuando medir el turismo se vuelve político
El quiebre entre Scioli y el Indec expone una industria desequilibrada, tanto en materia emisiva, como receptiva y doméstica. Tráfico aéreo no fue la excepción.
Daniel Scioli vs. Indec: la pelea por medir el turismo argentino. Desde la cartera de Turismo se puso en duda la representatividad de los datos, y se planteó la necesidad de “revisar” los indicadores que miden el desempeño de la actividad.
La disputa se concentró especialmente en la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) y en otros relevamientos clave que, desde hace décadas, funcionan como referente estadístico de provincias, cámaras empresarias, agencias de viajes, hoteleros y analistas económicos.
La reacción de gobernadores, legisladores y entidades del sector privado dejó en evidencia que el problema no es solo institucional: lo que está en discusión es la lectura del presente turístico argentino.
Scioli vs. Indec: la pelea por medir el turismo argentino
Desde la cartera de Turismo se puso en duda la representatividad de los datos, se denunció un supuesto sesgo metodológico y se planteó la necesidad de “revisar” los indicadores que miden el desempeño de la actividad.
Al respecto, sin apostar a un diálogo técnico para acercar posiciones, y de manera unilateral –no lo consultó en el CFT–, el secretario rompió vínculos con el organismo y no renovó el contrato con el Indec, dejando al sector “huérfano” de datos de una serie histórica.
Dicho de otra manera, Scioli prefiere no contar con estadísticas, a tener que seguir conviviendo con cifras del turismo receptivo que no se condicen con su mirada del sector. (La pelea por las estadísticas entre Scioli y el Indec suma su primera victima en Turismo)
El Indec, por su parte, respondió defendiendo la validez técnica de sus mediciones y advirtiendo sobre los riesgos de deslegitimar estadísticas oficiales en un sector que depende de la previsibilidad para planificar inversiones, empleo y políticas públicas.
Más allá del conflicto institucional, el trasfondo es claro: las estadísticas muestran un escenario turístico desequilibrado, con un crecimiento sostenido del turismo emisivo, dificultades persistentes en el receptivo y señales de agotamiento en el turismo interno.
Un mapa de datos que choca con el discurso y necesidad de Scioli de “querer dar buenas noticas”, y explica por qué medir el turismo en 2025 se convirtió en un terreno de disputa.
Un ejemplo de ello es la “batalla” que comandó el funcionario para que el Banco Central cambie su metodología, y desagregue los consumos realizados con tarjetas en el exterior, excluyendo los servicios digitales y otros gastos que anteriormente se computaban dentro del turismo. (El 'déficit turístico' se recalcula y Scioli celebra menos rojo en los números: qué cambios hizo el BCRA)
Emisivo sin freno, una tendencia estructural
El comportamiento de los argentinos que viajaron al exterior muestra una dinámica inédita.
La serie mensual de la ETI exhibe un alto volumen sostenido de enero a noviembre, con un acumulado superior a 17 millones de viajes generados por residentes saliendo del país, lo que representa un salto del 43% interanual. De ese total, 11,2 millones fueron turistas y el resto excursionistas.
- Crecimiento interanual a dos dígitos: el primer trimestre concentró más de 5 millones de salidas, impulsadas por la temporada estival. Tras el verano, el flujo se moderó, pero no regresó a los mínimos históricos: entre abril y junio se mantuvo un piso superior al de 2024 (+21% interanual en junio). Durante las vacaciones de invierno, las salidas mensuales se estabilizaron en torno a las 750 mil, mientras que en septiembre y octubre el flujo sostuvo un nivel estructural cercano a las 710 mil personas. En noviembre, el turismo emisivo volvió a acercarse a las 800 mil salidas.
- Turistas vs. excursionistas: la composición del flujo aporta una clave central. A lo largo del año creció el peso de los excursionistas, que en varios meses representaron entre el 40% y el 47% de las salidas. El dato refleja un cambio de comportamiento: más cruces de frontera, estadías más cortas y mayor frecuencia de viajes, especialmente hacia países limítrofes.
- Brasil, Chile y el liderazgo regional: dichos países vecinos concentraron entre el 60% y el 75% del turismo emisivo, seguidos por Uruguay y Paraguay según la estacionalidad. La vía terrestre predominó en los primeros meses, mientras que desde el otoño ganó participación el transporte aéreo, reflejando una mayor diversificación de destinos.
- Viajes de mayor distancia con un rol relevante: desde mayo en adelante, Europa se posicionó de manera recurrente como uno de los principales destinos de los turistas residentes que partieron desde Ezeiza y Aeroparque, mientras que Estados Unidos y Canadá encabezaron de forma consistente el ranking de mayor gasto diario promedio.
- Gasto, pernoctaciones y presión sobre las divisas: la estadía promedio se mantuvo estable, entre 13 y 14 noches, con valores más elevados en Europa y el bloque “Resto del mundo”. El crecimiento del turismo emisivo no respondió a viajes más largos, sino a un mayor volumen y frecuencia. Entre junio y octubre, el gasto mensual osciló entre US$ 550 millones y US$ 620 millones, con un gasto diario promedio cercano a US$ 100. La combinación de viajes regionales masivos y viajes de largo radio de alto gasto amplificó la presión sobre la salida de divisas. La serie enero-noviembre confirma que el turismo emisivo dejó de ser coyuntural para transformarse en un rasgo estructural del mercado argentino.
Turismo receptivo en retroceso
El desempeño del turismo receptivo a lo largo de 2025 exhibe una dinámica opuesta a la del emisivo. El ingreso de visitantes no residentes mostró un comportamiento errático, con un volumen contenido, estadías en descenso y una generación de divisas insuficiente para equilibrar la balanza turística.
Entre enero y noviembre ingresaron al país 7,8 millones de visitantes no residentes, un 21% menos que en 2024, de los cuales solo el 60% fueron turistas. En ningún mes del año el receptivo logró recuperar un sendero de crecimiento sostenido. (Turismo emisivo: Gobierno deja de ver los viajes al exterior como un problema y pone en duda impuestos)
Tras un pico en enero (672 mil turistas) los arribos cayeron de forma persistente. El piso se registró en mayo y junio, con poco más de 310 mil turistas mensuales. El invierno mostró una recuperación parcial, impulsada casi exclusivamente por el turismo regional, pero sin revertir la tendencia. Octubre y noviembre exhibieron mejoras relativas, aunque insuficientes para cambiar el saldo negativo del año.
La dependencia de los países limítrofes volvió a quedar expuesta: entre el 60% y el 75% de los arribos provinieron de Brasil, Uruguay y Chile. Los mercados de mayor gasto –Europa y Estados Unidos– mantuvieron su presencia, pero sin volumen suficiente para compensar la caída general.
La estadía promedio descendió de 16,2 noches en enero a valores cercanos a las 11-12 noches durante gran parte del año. El gasto diario se mantuvo estable (US$ 83-94), lo que no alcanzó para equilibrar la combinación de menos turistas y estadías más cortas.
Turismo interno: mayor movimiento, menor rentabilidad
Si el turismo internacional expone las fisuras de la brecha cambiaria, el comportamiento de los argentinos dentro de sus fronteras durante 2025 ofrece una crónica precisa del impacto del ajuste en la clase media. (La Costa Atlántica se llena otra vez: fin de año con alta ocupación y un verano bajo examen)
Los datos del año revelan una paradoja estadística que el relato oficial suele omitir: a pesar de que las rutas y terminales lucieron concurridas, el flujo de dinero en las cajas registradoras de los hoteles y restaurantes nacionales sufrió una contracción severa.
El fenómeno se explica a través de una nueva psicología del viajero: la resiliencia austera. En 2025, el argentino no dejó de viajar, pero transformó su descanso en una "escapada" breve y de bajo costo.
Los ocho fines de semana largos del año son la prueba de este cambio de hábito. Si bien movilizaron a 13,3 millones de turistas –un salto cuantitativo frente a los 10,8 millones de 2024–, y hubo un impacto económico de $ 2,9 mil millones (unos US$ 2.030 millones), no se logró ocultar que la rentabilidad del sector se mueve sobre un terreno pantanoso.
Las dos temporadas clave del año fueron las primeras en confirmar la tendencia al "achique" de la experiencia turística. El verano 24/25 registró una caída del 3,9% en la cantidad de viajeros nacionales, alcanzando los 28,1 millones de turistas.
Sin embargo, el dato que realmente preocupa a las cámaras empresarias es el desplome del gasto: el impacto económico total cayó un 19,4% en términos reales respecto a la temporada anterior.
El turista no solo gastó menos, sino que se quedó menos tiempo: la estadía promedio se redujo de 3,9 a 3,2 días, transformando lo que antes eran vacaciones quincenales en retiros de apenas un fin de semana extendido.
La temporada de invierno tampoco ofreció consuelo. Con una caída del 10,9% en el número de turistas –apenas 4,3 millones de personas–, la actividad movió un 11,2% menos de dinero a precios constantes.
Ocupación hotelera bajo presión
A continuación los números 2025 de la ocupación hotelera nacional:
- Pernoctaciones totales: 36,5 millones (-1,4% interanual).
- Viajeros hospedados: 15,4 millones (-18% vs. 2024).
- Estadía promedio: 2,37 noches (2,6 noches en 2024).
- Pernoctes de residentes: 29,3 millones (+0,9%).
- Pernoctes de no residentes: -9,7%.
- Regiones líderes: Patagonia (23,3%) y CABA (22%).
- Tipo de alojamiento más demandado: hoteles 3 estrellas, aparts y boutique (33,3%).
- Plazas disponibles: 10,9 millones.
- TOP: entre 25% y 40%, niveles históricamente bajos para la rentabilidad.
El tráfico aéreo en 2025: un año dispar y agrietado
Es imposible tener una mirada única sobre lo sucedido con el tráfico aéreo en nuestro país a lo largo de 2025. Y es que sabemos de la complejidad de la actividad turística, de la superposición de intereses y miradas, y el desarrollo de esferas diferentes. (2025 para el tráfico aéreo: Un año dispar y agrietado)
Hablar de buena salud del mercado, probablemente, nos llevaría a considerar que tanto el receptivo, como el emisivo y el nacional, se deberían encontrar equilibrados o a distancias razonables uno del otro. Y allí comienza el problema.
Barriendo a un lado las serpentinas de los récords rotos y ensalzados desde la Casa Rosada, la realidad es que mientras el tráfico internacional vuela, literalmente, el cabotaje no alcanza los niveles de 2023. Pero vayamos por partes.
El factor precios: un respiro parcial para el sector
Uno de los elementos que ayudó a sostener la actividad turística interna en 2025 fue la desaceleración de la inflación en el rubro Restaurantes y Hoteles. Tras un comienzo de año marcado por fuertes ajustes estacionales, el sector inició un proceso de convergencia a la baja que, en varios tramos del segundo semestre, se ubicó por debajo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) general. (Inflación de noviembre 2025: qué pasó con la categoría Hoteles y Restaurantes)
Según el Indec, enero fue el mes de mayor presión, con una suba del 5,3% impulsada por la temporada estival. Sin embargo, la dinámica cambió hacia la primavera: en septiembre los precios avanzaron apenas 1,1%, mientras que en octubre y noviembre –meses clave para las decisiones de viaje de fin de año– los incrementos fueron del 1,6% y 2,6%, respectivamente. A nivel interanual, el rubro acumula una suba del 31,1% a noviembre, con una media del 27,9%.
Empleo turístico en alerta: ajuste silencioso
La caída de la ocupación hotelera y la retracción de la demanda en 2025 tienen consecuencias claras en el mercado laboral del turismo, uno de los pilares productivos del país.
Según la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT) la ocupación hotelera no superó el 50% durante las principales temporadas y, en ese contexto, se están perdiendo aproximadamente 10 empleos por día en el sector, especialmente en destinos del interior donde la actividad depende de temporadas definidas y de turistas extranjeros que no llegaron en el volumen esperado.
De cara al período estival, y si bien el turismo continúa siendo intensivo en mano de obra, los empresarios advierten que una ocupación estructuralmente baja pone en riesgo la sostenibilidad de miles de puestos de trabajo, especialmente en destinos del interior y economías regionales altamente dependientes de la actividad.
Temas relacionados

