En un contexto de déficit turístico y revisión de datos oficiales, el gobierno de Javier Milei redefine el rol del turismo emisivo en la economía. Para el ministro Federico Sturzenegger, los viajes al exterior no son un despilfarro de divisas, sino una pieza clave de la competitividad exportadora, una lectura que reabre el debate sobre el esquema impositivo vigente.
Turismo emisivo: Gobierno deja de ver los viajes al exterior como un problema y pone en duda impuestos
La postura de Federico Sturzenegger sobre el rol del turismo emisivo en la economía marca un quiebre de políticas restrictivas. ¿Fin del recargo del 30%?
Turismo emisivo: gobierno de Milei deja de ver los viajes al exterior como un problema y ¿pone en duda el recargo del 30%?
Durante décadas, el turismo emisivo fue señalado en Argentina como uno de los principales responsables de la “fuga de dólares” y del desequilibrio externo. Impuestos, recargos y restricciones cambiarias formaron parte de una lógica que buscó desalentar los viajes al exterior como forma de preservar divisas.
Esa mirada, sin embargo, comienza a ser cuestionada desde el corazón del actual programa económico.
El punto de inflexión quedó plasmado en un reciente mensaje público de Sturzenegger, donde afirmó que “los argentinos que vacacionan en el exterior no están despilfarrando un recurso del país, sino que son héroes de la producción”, al poner en discusión uno de los consensos más arraigados del debate económico local.
Turismo emisivo, importaciones y competitividad: el argumento económico
El razonamiento oficial parte de una premisa central: no hay exportaciones sin importaciones. (Radiografía del turismo: aporta solo el 1,7% del PIB y estadísticas negativas en 42 de los últimos 49 años)
En ese marco, Sturzenegger explicó que “los países que importan mucho exportan mucho, y los que importan poco exportan poco”, al analizar la relación entre comercio exterior y crecimiento económico a nivel global.
Desde esa lógica, el turismo emisivo es considerado una importación de servicios que genera demanda de divisas. “Cada importación requiere dólares que, típicamente, proveerán los exportadores”, señaló el ministro, al sostener que una mayor demanda de moneda extranjera empuja la competitividad del sector exportador.
Según esta visión, restringir viajes o importaciones reduce la demanda de divisas, aprecia el tipo de cambio real y termina afectando al agro, la industria y los servicios exportables. El resultado es una economía más cerrada, con menor comercio y menor capacidad de crecimiento.
El déficit turístico se recalcula: el contexto estadístico que reabre el debate
El debate sobre el impacto del turismo emisivo en la balanza externa se da en paralelo a un cambio metodológico relevante introducido por el Banco Central (BCRA), que modificó la forma de medir el déficit turístico. A partir de este ajuste, el rojo de la cuenta vinculada a viajes al exterior se redujo de manera significativa, sin que ello implique una reversión de la tendencia estructural.
Según la nueva metodología, el BCRA desagregó los consumos realizados con tarjetas en el exterior y excluyó servicios digitales y otros gastos que anteriormente se computaban dentro del turismo. (El 'déficit turístico' se recalcula y Scioli celebra menos rojo en los números: qué cambios hizo el BCRA)
Con ese cambio, las estimaciones de egresos por viajes al exterior pasaron de niveles superiores a los US$ 13.000 millones a poco más de US$ 10.000 millones, reduciendo el déficit proyectado de la cuenta de servicios.
El secretario de Turismo, Daniel Scioli, celebró públicamente la corrección estadística al considerar que ofrece una medición “ más precisa” del impacto real del turismo sobre la economía. No obstante, desde el sector advierten que, más allá del alivio contable, la dinámica de fondo no se modifica: el turismo emisivo sigue creciendo, mientras el receptivo enfrenta desafíos de competitividad.
El contrapunto: déficit turístico y tensiones de corto plazo
De esta manera, el planteo convive con una coyuntura compleja. El fuerte crecimiento del turismo emisivo y la caída del receptivo impactan en la cuenta de servicios y presionan sobre las reservas, especialmente en un escenario de transición macroeconómica.
No obstante, desde el Gobierno insisten en que el foco del problema está mal puesto. “Argentina comercia tres veces menos de lo que debería dado su tamaño”, afirmó Sturzenegger, al atribuir el bajo desempeño exportador a décadas de políticas de cierre económico y restricciones al comercio.
En ese sentido, penalizar los viajes al exterior no resolvería el desequilibrio externo, sino que profundizaría los problemas de competitividad estructural. La tensión entre el largo plazo del modelo y las urgencias del corto plazo sigue siendo uno de los principales desafíos del programa económico.
Impuestos al turismo emisivo: qué trabas podrían revisarse en el nuevo enfoque oficial
El cambio de mirada del Gobierno sobre el turismo emisivo vuelve a poner bajo análisis el esquema impositivo que encarece los viajes al exterior desde Argentina.
Actualmente, quienes compran pasajes internacionales pagan un 7% de Impuesto al Turismo -destinado al Fondo Nacional de Turismo y prorrogado hasta 2027- además de tasas fijas en dólares vinculadas a servicios de seguridad, migraciones y controles aeroportuarios. (Polémica por el impuesto a los pasajes al exterior: piden anular el DNU que financia a Turismo)
A ese esquema se suma una percepción del 30% a cuenta del Impuesto a las Ganancias y Bienes Personales cuando el consumo se realiza en pesos, un recargo que históricamente funcionó como herramienta para desalentar la demanda de divisas y reforzar la recaudación fiscal.
Sin embargo, a la luz de las declaraciones de Sturzenegger, ese gravamen aparece como el más contradictorio con la nueva narrativa oficial. Si el turismo emisivo es interpretado como una importación necesaria para sostener la competitividad exportadora, penalizarlo vía percepciones cambiarias pierde consistencia económica.
Desde el sector señalan que, a diferencia del impuesto al turismo -con asignación específica- o de las tasas por servicios efectivamente prestados, la percepción del 30% opera como una señal de castigo al viajero y distorsiona el precio final de los viajes, sin corregir los desequilibrios estructurales de la balanza turística.
Por ahora, no hay anuncios oficiales sobre cambios impositivos concretos, pero las palabras del Ministro generaron expectativas entre el empresariado turístico.
Qué cambia para el turismo bajo la mirada de Milei
El mensaje político es claro: el turismo emisivo deja de ser tratado como una anomalía del sistema y pasa a integrarse dentro de una lógica de apertura comercial y conectividad. “Importar más y exportar más es el camino de una Argentina próspera”, resumió el ministro, alineando el discurso con la estrategia económica del presidente Javier Milei.
Para el sector turístico, el cambio de narrativa no es menor. Agencias de viajes, aerolíneas y operadores encuentran un marco político más favorable, mientras el desafío pendiente sigue siendo recuperar competitividad para el turismo receptivo y equilibrar la balanza del sector.
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