El Turismo en Argentina ocupa un lugar central en el discurso público como generador de divisas y dinamizador de economías regionales. Sin embargo, un análisis histórico de sus principales estadísticas e indicadores económicos muestra una realidad más compleja: su contribución al Producto Interno Bruto (PIB) es limitada y su desempeño en la balanza de pagos ha sido estructuralmente deficitario.
Radiografía del turismo: aporta solo el 1,7% del PIB y estadísticas negativas en 42 de los últimos 49 años
Con estadísticas consistentes y señales de alerta, un informe advierte que el turismo aporta poco al PIB, pierde participación global y sufre déficits récords.
El turismo argentino en crisis silenciosa: informe privado expone estadísticas que revelan el poco peso económico de la industria, la alta concentración turística y el rojo crónico en la balanza.
Según datos consolidados por Argendata, la plataforma de la Fundación FUNDAR, la industria turística representa actualmente alrededor del 1,7% del PIB argentino, una participación modesta frente a otros sectores de la economía.
A esto se suma un dato clave para la macroeconomía: el saldo de la cuenta turismo fue negativo en 42 de los últimos 49 años, reflejando una salida neta de divisas sostenida en el tiempo.
En otras palabras, y pese a la diversidad de atractivos y al volumen de visitantes, el rubro no logró consolidarse como motor del crecimiento ni como fuente sostenida de "dólares", en un contexto donde los datos oficiales muestran una consistencia que refuerza el diagnóstico.
¿Son confiables los datos del turismo en Argentina?
Uno de los debates recientes gira en torno a la calidad de las estadísticas turísticas. (El Indec se planta ante Scioli y defiende la medición oficial del turismo)
Para Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo Sostenible de Fundar y curador de ArgenData, los datos del turismo argentino son confiables y comparables a estándares internacionales, aunque siempre perfectibles.
“El Indec tiene tres grandes pilares estadísticos: los registros migratorios de entradas y salidas, la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) para estimar gasto y la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH). Son metodologías usadas en todo el mundo”, explica.
La ETI releva, mediante encuestas breves en aeropuertos y pasos fronterizos, días de estadía y gastos por rubro, información que luego se proyecta al total del flujo turístico. Según Schteingart, las críticas oficiales al gasto promedio “no tienen mayor asidero”:
“Una parte relevante del turismo receptivo son argentinos residentes en el exterior que visitan familiares. No pagan hotel ni muchas comidas, y eso baja el gasto promedio. Pero esa metodología se aplica en todos los países”.
Además, destaca un punto clave: la consistencia entre fuentes.
“Si el indec dijera que el turismo vuela pero al mismo tiempo cayera el empleo hotelero y cerraran empresas, ahí habría un problema. Pero ocurre lo contrario: las pernoctaciones caen, el empleo formal en hoteles baja y hay menos empresas. Todo va en la misma dirección”, expresó.
Bajo aporte del turismo al PIB: una diferencia clave entre actividad y demanda
Según ArgenData, en 2022 el PIB turístico directo representó solo el 1,7% del PIB, ubicando a Argentina en el puesto 110 sobre 125 países. Este dato mide exclusivamente la demanda turística propiamente dicha, es decir, el consumo generado por visitantes.
Si se suman las ramas características del turismo –gastronomía, transporte, alojamiento, servicios culturales–, la participación asciende al 4,4% del PIB. Pero Schteingart advierte sobre una confusión habitual: “No todo mozo, taxista o chofer de remis trabaja para el turismo. Gran parte de esa actividad es demanda local. Por eso la diferencia entre 1,7% y 4,4% es tan grande”.
En comparación internacional, el peso del turismo en Argentina es muy inferior al de Croacia (11,8%), Portugal (9,1%), Uruguay (8,9%), México (8,5%) o España (6,8%), donde el sector es un pilar económico.
Empleo turístico: un millón y medio de puestos, pero con matices
Las industrias vinculadas al turismo generaron en 2022 alrededor de 1,2 a 1,5 millones de empleos, equivalentes al 5,5% del empleo total. No obstante, ese número representa un techo, no el empleo estrictamente turístico.
“Ese 5,5% es comparable con el 4,4% del PIB ampliado, no con el 1,7% del turismo directo”, aclara Schteingart. Si se prorrateara solo la parte del empleo explicada por la demanda turística, el peso sería sensiblemente menor, aunque el Indec no realiza hoy esa estimación.
A esto se suma una alta informalidad y una fuerte presencia de jóvenes, especialmente en gastronomía y alojamiento.
Por otra parte, el estudio indica que el turismo se distribuye de forma heterogénea en el país y su importancia relativa varía dentro de cada provincia. (Presupuesto 2026: el turismo suma incentivos, fondos, alivio fiscal y políticas para sostener el empleo)
En Río Negro, las industrias turísticas explican el 13,4% del empleo formal. Esto responde a Bariloche, en donde estas ramas dan cuenta del 32% del empleo formal. Tierra del Fuego (11,2%), Santa Cruz (9,7%) y Misiones (9,6%) son otras provincias en donde el turismo es particularmente relevante en el empleo formal.
En línea, en Iguazú las industrias turísticas explican el 35% del empleo formal, y en el departamento Lago Argentino en Santa Cruz (donde están El Calafate y El Chaltén), esa cifra asciende al 50%.
En Chaco, Tucumán, La Rioja y San Juan el turismo explica menos del 6% del empleo formal. Se trata de distritos con un desarrollo turístico más modesto, y con una especialización productiva en otros sectores.
Exportaciones turísticas: el sexto complejo, pero en retroceso relativo
En 2024, el turismo generó cerca de US$ 5.000 millones en exportaciones, lo que lo posiciona como el sexto complejo exportador de Argentina, por encima de sectores como el triguero, el pesquero y el girasol, aunque todavía lejos del complejo sojero y del energético-petroquímico.
En términos relativos, el turismo explica alrededor del 5,5% de las exportaciones totales y es uno de los principales rubros del comercio exterior de servicios.
Sin embargo, el informe de ArgenData advierte que Argentina es uno de los pocos países del mundo que redujo sus exportaciones turísticas en términos relativos desde 2010.
Mientras la mayoría de los destinos lograron expandir de manera sostenida sus ingresos por turismo internacional, Argentina perdió participación global sin haber atravesado conflictos armados, crisis de seguridad o catástrofes que expliquen ese retroceso.
Para Schteingart, este desempeño refleja una combinación de atraso cambiario, estancamiento del producto turístico y pérdida de competitividad sistémica.
Turismo receptivo: 6,6 millones de visitantes, bajo gasto promedio y fuerte concentración geográfica
Durante 2024, Argentina recibió 6,6 millones de turistas internacionales, un volumen similar al de Brasil y Colombia, pero con un desempeño económico sensiblemente inferior. A nivel global, ese flujo representa apenas el 0,4% de las llegadas internacionales.
En términos de ingresos, el país se ubicó en el puesto 57 del ranking mundial, con cerca de US$ 5.000 millones generados por turismo receptivo.
El gasto promedio por turista fue de US$ 751, muy por debajo del promedio mundial (US$ 1.180) y también inferior al de países de la región como Brasil (US$ 1.084) y Colombia (US$ 1.273). (Nuevo round entre Scioli y el Indec: datos incómodos en la Encuesta de Turismo Internacional)
El informe explica parte de este bajo gasto por la composición del flujo turístico: una proporción relevante corresponde a argentinos residentes en el exterior que visitan familiares, lo que reduce el consumo en alojamiento y gastronomía. No obstante, se trata de una metodología estándar a nivel internacional y no de una distorsión estadística.
Además, el turismo receptivo argentino muestra una altísima concentración territorial:
- La ciudad de Buenos Aires explica el 59% de los visitantes extranjeros.
- 10 destinos concentran el 91% de las llegadas, con fuerte peso de Bariloche, Iguazú, Ushuaia y El Calafate.
“El turismo extranjero está mucho más concentrado que el interno. Y hace más de 15 años que no logramos consolidar nuevos destinos”, señala Schteingart.
Turismo emisivo récord y déficit estructural
Entre 2016 y 2024, el turismo emisivo explicó cerca del 9% de las importaciones totales. Argentina tuvo saldo turístico negativo en 42 de los últimos 49 años, pero el problema actual es la magnitud.
“Argentina casi siempre va a tener déficit turístico. El problema es cuando es muy grande”, explica Schteingart.
En promedio, el rojo fue de US$ 3.000 millones anuales (0,54% del PIB), pero 2025 apunta a ser, junto con 2017, el mayor déficit turístico de la historia en cantidad de personas. (Scioli, Indec y los datos incómodos: advierten sobre los riesgos de 'apagar' las estadísticas turísticas)
El patrón se repite: dictadura, años 90, 2017 y la actualidad coinciden con grandes déficits turísticos y crisis de balanza de pagos. “Es sintomático de un atraso cambiario insostenible”, advierte.
Datos "curiosos": el mapa oculto del turismo interno
Aunque suele quedar en segundo plano frente al turismo internacional, el turismo interno es el principal sostén de la actividad turística en Argentina. Sin embargo, los datos revelan un patrón altamente concentrado y algunos comportamientos que rompen con los supuestos tradicionales del sector.
Según el informe de ArgenData, el 60% de las pernoctaciones internas se concentra en solo cuatro jurisdicciones: Ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires, Córdoba y Río Negro.
"Esta concentración refleja tanto la cercanía a los grandes centros emisores como la infraestructura turística consolidada, pero también expone las limitaciones de muchas provincias para captar flujos regulares de viajeros nacionales", desliza el estudio.
Dentro de ese esquema, Schteingart identifica “datazos” que reconfiguran el mapa turístico: "Termas de Río Hondo registra un volumen de pernoctes similar al de Ushuaia, impulsado por el turismo termal y su fuerte desempeño durante las vacaciones de invierno".
Al respecto, comentó que el caso muestra cómo un producto específico, bien posicionado y con demanda recurrente, puede competir en volumen con destinos icónicos del país. (Feriados 2026 confirmados: cuáles son los nuevos días no laborables y todos los fines de semana largos)
Otro fenómeno destacado es el de la ciudad de Santiago del Estero, donde una parte significativa de las pernoctaciones está vinculada al turismo de eventos, en particular al fútbol y a la actividad del Estadio Único Madre de Ciudades. "El deporte aparece así como un generador de viajes con impacto concreto en la ocupación hotelera, incluso fuera de las temporadas tradicionales", declaró.
En el otro extremo, provincias como La Rioja, Formosa, Catamarca y Corrientes no alcanzan el 0,5% del total de pernoctaciones, pese a contar con recursos naturales de alto valor turístico.
Desde paisajes andinos y valles únicos hasta reservas de biodiversidad como el Bañado La Estrella y los Esteros del Iberá, el potencial existe, pero no logra traducirse en flujos sostenidos. "La deuda es compartida, tanto del Estado como de los empresarios", comentó. (Más turistas, menos noches: la señal que deja la ocupación hotelera en octubre)
El contraste entre destinos consolidados y territorios subexplotados deja al descubierto uno de los grandes desafíos del turismo interno: convertir atractivos en productos, y productos en demanda estable, en un país donde el turismo sigue dependiendo más de la concentración que del desarrollo federal.
Vuelos récord, pero una señal engañosa
Aunque 2024 y 2025 marcarán récords de pasajeros en vuelos de cabotaje e internacionales, Schteingart aclara que no es un buen indicador del turismo real.
“El avión viene ganando participación frente al ómnibus y al auto. Pero el indicador más robusto del turismo interno son las pernoctaciones, y esas están cayendo”, afirma.
De hecho, en los últimos 15 años los vuelos crecieron mientras el turismo se estancó, reforzando la idea de que más vuelos no implican más actividad turística efectiva.
Producto, conectividad y política pública: el desafío pendiente
Más allá del tipo de cambio, Schteingart plantea un debate de fondo: “Argentina perdió turistas mientras otros países mejoraron su propuesta. Algo de la experiencia turística es claramente mejorable”. (Vacaciones: viajar a Miami cuesta lo mismo que ir a Cariló, y Chile es más barato que la Costa Atlántica)
Infraestructura, accesibilidad, gastronomía, servicios, atención al visitante y desarrollo de destinos emergentes aparecen como cuentas pendientes. “El país tiene un potencial enorme, pero hace 10 o 15 años que no consolida nuevos destinos”, dijo.
Por otra parte, el economista manifestó que también apunta a una estrategia más fina de conectividad: “No todas las rutas aéreas son iguales. Un Buenos Aires–Punta Cana solo saca turistas y dólares. Un San Pablo–Bariloche trae brasileños. Esa diferencia debería importar en política pública”.
Para terminar, el informe de ArgenData y el análisis de Schteingart trazan un diagnóstico nítido: el turismo argentino no está en crisis estadística, sino en crisis estructural. Los datos son consistentes, el déficit es récord y la pérdida de competitividad va más allá del dólar. El desafío ya no es medir mejor, sino repensar el modelo turístico.
Temas relacionados

