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Hoteles bajo presión: las soluciones que ya aplica la región

En Hotelga, dirigentes hoteleros de América Latina mostraron incentivos fiscales, energía, inversión y gastronomía para que los hoteles ganen competitividad.

En pocas palabras

  • Competitividad: dirigentes hoteleros de América Latina debatieron en Hotelga sobre herramientas para mejorar la competitividad.
  • Desafíos regionales: se expusieron soluciones sobre costos energéticos, impuestos, inversión y promoción turística.
  • Lecciones para Argentina: el país analiza cómo países vecinos ya implementan estrategias para afrontar problemas hoteleros similares.
Resumen generado por Thinkindot AI

Costos en alza, consumo retraído, dificultades para financiar inversiones y una competitividad cada vez más exigida. Frente a ese escenario, dirigentes de las principales asociaciones de hoteles de América Latina expusieron las herramientas que sus países vienen utilizando para enfrentar problemas que también condicionan al negocio hotelero argentino. (Agentes de IA en hoteles)

En el marco de la creación del Foro de Asociaciones Hoteleras Latinoamericanas, representantes de Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay se reunieron en Hotelga para comparar experiencias sobre algunos de los principales desafíos que atraviesa la actividad.

La comparación dejó una conclusión que excedió las particularidades de cada mercado: la competitividad turística no depende únicamente de cuánto pueda ajustar costos una empresa puertas adentro, sino también de la carga tributaria, el acceso al financiamiento, los incentivos a la inversión y las políticas capaces de estimular demanda.

Energía: Argentina sufrió el shock, pero Chile y Colombia pagan más

El costo energético fue uno de los primeros temas que expuso a la hotelería argentina frente al espejo regional.

Aldo Elías, vicepresidente 1° de AHT, puso dimensión al cambio registrado en el país: desde 2023, algunos hoteles acumularon aumentos superiores al 900% y, en determinados casos, cercanos al 1.000%. La energía pasó así a convertirse en el segundo costo más importante de la actividad, detrás de los recursos humanos.

Sin embargo, la comparación dejó una paradoja. Pese a semejante salto, Argentina continúa teniendo costos energéticos inferiores a los de Chile y, especialmente, Colombia.

El verdadero interrogante que abrió el panel fue otro: qué herramientas tienen los empresarios para reducir estructuralmente ese gasto.

Alberto Pirola, presidente de Hoteleros de Chile, explicó que su país aceleró durante la última década la transformación de la matriz energética hacia fuentes renovables. El avance tecnológico también redujo considerablemente los costos de generación fotovoltaica, mientras que los grandes consumidores pueden negociar su suministro con distintas compañías. (Turismo, consumo e impuestos: Gobernadores admiten una recuperación desigual)

Pero el diferencial frente a Argentina apareció en el financiamiento. Pirola señaló que Chile cuenta con subsidios para energía verde y líneas de crédito, particularmente a través de BancoEstado, que permiten financiar instalaciones fotovoltaicas y otras alternativas de generación tanto para empresas como para particulares.

El costo energético expone una fuerte brecha regional: Lima y Bogotá aparecen entre las plazas más caras, mientras Asunción y Buenos Aires muestran valores más bajos.

El costo energético expone una fuerte brecha regional: Lima y Bogotá aparecen entre las plazas más caras, mientras Asunción y Buenos Aires muestran valores más bajos.

La situación colombiana es todavía más exigente.

José Andrés Duarte, presidente ejecutivo de Cotelco, indicó que los servicios públicos representan alrededor del 14% de los costos operativos hoteleros y que aproximadamente el 68% de ese monto corresponde a energía. Los valores mencionados durante la presentación oscilaron entre US$ 220 y US$ 280 por MWh.

Cotelco mantiene, además, una disputa para que la hotelería sea considerada sector industrial y pueda recibir un tratamiento similar al de otras actividades productivas. Actualmente, los hoteles afrontan una sobretasa energética del 20% de la cual están exceptuadas las industrias, un cargo que el sector consiguió suspender durante dos años después de la pandemia.

Colombia también lleva años impulsando mecanismos de autogeneración mediante créditos, subsidios de tasa y beneficios para incorporar tecnología. Duarte indicó que algunos establecimientos lograron recuperar esas inversiones en períodos de tres a cinco años, aunque la generación propia puede cubrir alrededor de 27% a 32% del consumo energético total de un hotel.

El contrapunto fue evidente: la discusión argentina ya no pasa únicamente por cuánto subieron las tarifas, sino por la ausencia de instrumentos financieros que permitan invertir para bajar ese costo hacia adelante.

Los costos de la energía varían con fuerza en la región y condicionan la competitividad de la hotelería latinoamericana.

Los costos de la energía varían con fuerza en la región y condicionan la competitividad de la hotelería latinoamericana.

Uruguay usa el IVA como herramienta para estimular la demanda

Si Chile y Colombia expusieron cómo lidiar con los costos, Uruguay puso el foco en la otra punta de la ecuación: estimular el consumo. (El escenario económico desafía la competitividad de hoteles y restaurantes)

La discusión partió expresamente de la situación argentina. Durante el conversatorio se reconoció que la demanda local atraviesa un momento de retracción, mientras Uruguay lleva años utilizando herramientas tributarias para fortalecer su competitividad turística y atraer visitantes regionales.

Francisco Rodríguez Cabo, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes del Uruguay (AHRU), explicó un esquema en el cual el IVA cumple una función que va bastante más allá de la recaudación.

Para los turistas no residentes, el alojamiento se factura con una tasa de IVA del 0%, mientras que el sistema permite al establecimiento descontar el impuesto correspondiente a determinadas compras. Para los residentes existen, además, tratamientos diferenciales según la temporada.

En gastronomía, Rodríguez Cabo confirmó que el gobierno mantendría una rebaja del 9% sobre la venta facturada cuando el consumidor paga con tarjeta de crédito o débito, aunque al momento de la exposición todavía debía definirse si la nueva extensión tendría una vigencia de seis o 12 meses.

La experiencia uruguaya dejó así una diferencia conceptual respecto de Argentina: la política fiscal es utilizada deliberadamente para abaratar el consumo y sostener la demanda turística.

Pero Rodríguez Cabo también reconoció problemas. Advirtió sobre la escasez de recursos para promoción turística y reveló que el sector privado salió a respaldar al Ministerio de Turismo frente a una nueva reducción presupuestaria.

“Si no tenemos promoción, es muy difícil que el sector pueda avanzar”, resumió.

El dirigente puso además sobre la mesa una lectura menos complaciente de los indicadores hoteleros. En Colonia, señaló, más de 30 pequeños hoteles permanecen cerrados y más de 600 camas dejaron de estar disponibles.

El planteo es relevante: una ocupación del 60% no significa lo mismo sobre 2.000 camas que sobre 1.500. En otras palabras, una mejora de la ocupación puede esconder una reducción de la oferta hotelera. (El consumo y el salario disponible, las claves que mira la hotelería argentina)

La comparación regional de Hotelga muestra que la energía pesa mucho más en mercados como Perú y Colombia que en Argentina y Paraguay.

La comparación regional de Hotelga muestra que la energía pesa mucho más en mercados como Perú y Colombia que en Argentina y Paraguay.

Paraguay hizo de los bajos impuestos un imán para las inversiones

Entre todos los casos presentados en Hotelga, Paraguay exhibió probablemente la política más agresiva para captar inversiones.

Juan Danieri, presidente de la Asociación Industrial Hotelera del Paraguay (Aihpy), vinculó el crecimiento de la actividad con la estabilidad económica y una estructura tributaria que busca diferenciar al país dentro de la región. Su síntesis fue la denominada regla del triple 10”: 10% de impuesto a la renta personal, 10% para las empresas y 10% de IVA.

Según Danieri, esa competitividad fiscal, sumada al crecimiento de la economía paraguaya, permitió que durante los últimos 10 años se duplicara la cantidad de hoteles y se triplicara la disponibilidad de camas al sumar la oferta extrahotelera.

El país pretende ahora profundizar esa estrategia.

El dirigente explicó que se trabaja sobre nuevos estímulos para grandes inversiones turísticas, con beneficios tributarios asociados a proyectos de determinada magnitud. Paralelamente, Paraguay puso en marcha el denominado Investor Pass, destinado a personas físicas que realicen inversiones desde aproximadamente US$ 150 mil, con la posibilidad de acceder a residencia permanente.

La filosofía detrás de la iniciativa quedó sintetizada en una de las frases más fuertes del panel: “No queremos solamente traer capital extranjero; queremos que el inversor quede en el país y acompañe el proceso de desarrollo de su negocio”.

La estrategia paraguaya se completa con una fuerte apuesta al turismo MICE, los viajes corporativos y los eventos deportivos.

Danieri destacó además el crecimiento de Paraguay como sede de grandes competencias internacionales, una herramienta que permitió incrementar la visibilidad del destino y acompañar el desarrollo de nueva infraestructura turística y hotelera. (Fórmula 1 en Argentina: Milei pidió el regreso y la FIA marcó qué falta para concretarlo)

El intercambio dejó incluso una crítica directa hacia Argentina. Desde la mesa se contrapuso la fluidez de los controles fronterizos paraguayos con las extensas demoras que todavía registran algunos pasos del lado argentino, otro factor que termina afectando la competitividad turística entre países vecinos.

Perú convirtió la gastronomía en una razón para viajar

Perú presentó una experiencia diferente. Allí la solución no surgió de reducir costos o impuestos, sino de construir durante décadas un producto capaz de generar nueva demanda turística.

Freddy Gamarra, gerente general de Ahora Perú, explicó que el proceso de consolidación gastronómica lleva más de 30 años y se sostuvo sobre cuatro pilares: la revalorización de las cocinas tradicionales y regionales, la profesionalización de los cocineros, la utilización de la gastronomía como eje de la Marca Perú y un período de estabilidad económica que facilitó las inversiones en restaurantes.

El salto fue conceptual: la cocina dejó de acompañar al destino y comenzó a venderlo.

Liliana Picasso, vicepresidenta 1º de Ahora Perú, lo sintetizó durante su exposición: “La gastronomía dejó de ser un atributo de destino; la pusimos como un principal atractivo turístico”.

Los números presentados explican la dimensión alcanzada. Según Picasso, el 81% de los turistas extranjeros que visita Perú busca probar al menos algún producto de la cocina local; mientras que aproximadamente 15% tendría a la gastronomía como motivación específica del viaje.

La dirigente afirmó además que la gastronomía generó alrededor de US$ 2.000 millones en 2024, equivalentes al 21,9% del PBI turístico, y unos 388 mil empleos formales, cerca del 29,6% del empleo turístico nacional.

Pero el dato quizás más relevante para la hotelería es otro: 47% de los viajeros internos estructura parte de su viaje alrededor de experiencias gastronómicas. (Gastronomía: qué buscan los argentinos al viajar y por qué pesa más lo local que el lujo)

Eso modificó también el negocio dentro de los hoteles. Picasso declaró que la gastronomía permite extender la estadía, incrementar el ticket promedio y potenciar la actividad MICE. Ya no se trata, planteó, de un servicio accesorio del alojamiento, sino de una razón de elección en sí misma.

"En Lima existen restaurantes hoteleros que funcionan prácticamente como destinos independientes y establecimientos que captan huéspedes justamente porque su propuesta gastronómica es reconocida", compartió.

En otras regiones, agregó, grandes cadenas comenzaron además a convocar chefs de referencia para desarrollar experiencias especiales capaces de generar ocupación durante fines de semana específicos.

Perú tampoco presentó su experiencia como un modelo terminado. Picasso reconoció que todavía falta articular rutas gastronómicas con la hotelería fuera de Lima y Cusco, desarrollar mejor el potencial del norte, la selva y el sur, formalizar restaurantes e integrar pequeños productores a la cadena turística.

Qué puede tomar Argentina de las experiencias regionales

Las experiencias expuestas en Hotelga son distintas y tampoco pueden trasladarse mecánicamente de un mercado a otro.

Sin embargo, detrás de las diferencias aparece un denominador común.

Chile y Colombia mostraron que reducir costos energéticos exige crédito, incentivos y herramientas para invertir. Uruguay demostró que el sistema tributario puede convertirse en política activa para estimular consumo turístico. Paraguay hizo de la baja presión fiscal y los incentivos al capital una estrategia para multiplicar inversiones. Y Perú mostró cómo una política sostenida de producto, promoción y marca país puede transformar un activo cultural en generación concreta de demanda.

Argentina atraviesa buena parte de esas discusiones simultáneamente: tarifas que ganaron peso dentro de los costos, consumo debilitado, dificultades para acceder al crédito, presión tributaria y empresarios que reclaman condiciones para volver a invertir.

Por eso, el principal mensaje que dejó el foro latinoamericano no fue que exista un modelo regional listo para copiar.

Fue algo quizás más incómodo: mientras la hotelería argentina sigue discutiendo buena parte de sus problemas estructurales, varios países vecinos ya cuentan con herramientas concretas para intentar resolverlos.