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Hotelga 2026: el escenario económico desafía la competitividad de hoteles y restaurantes

En Hotelga 2026, Kulfas, Aracre y Giordano analizaron los factores que paralizan al sector y debatieron qué condiciones podrían impulsar su recuperación.

En pocas palabras

  • Hotelga 2026: el escenario económico actual presenta desafíos para la competitividad de hoteles y restaurantes.
  • Se debatieron variables como tipo de cambio, poder adquisitivo, impuestos y crédito, coincidiendo en un complejo proceso de adaptación.
  • Se planteó la necesidad de revisar costos, optimizar procesos y explorar reformas tributarias y cambiarias para impulsar el sector.
Resumen generado por Thinkindot AI

Cómo la coyuntura económica afecta a la hotelería y la gastronomía quedó bajo la lupa en Hotelga 2026, donde los economistas Matías Kulfas, Antonio Aracre y Osvaldo Giordano debatieron sobre las variables que hoy condicionan la actividad. (Hotelga 2026 crece 40%)

Moderado por Ramón Indart, el panel puso el foco en el tipo de cambio, la pérdida de poder adquisitivo, los impuestos, el crédito y los problemas de competitividad.

Aunque partieron de diagnósticos diferentes sobre el rumbo económico, los disertantes coincidieron en que el sector atraviesa un proceso complejo de adaptación.

La discusión central pasó por determinar cuánto depende de las decisiones de las propias empresas y cuánto de una macroeconomía que todavía presenta obstáculos para el turismo, la hotelería y la gastronomía.

La hotelería y la gastronomía ante una nueva economía

Giordano sostuvo que el ordenamiento macroeconómico "era necesario", pero advirtió que la reducción de la inflación dejó expuestas numerosas ineficiencias acumuladas durante años.

Las empresas, explicó, se habían adaptado a funcionar con inflación y devaluaciones periódicas, destinando importantes recursos a la gestión financiera y tributaria. Una "mayor estabilidad" obliga ahora a revisar costos, procesos y modelos de negocio.

Enfrentarse a un contexto de estabilidad, de mayor competencia, de orden desde el punto de vista macroeconómico, implica un montón de adaptaciones”, marcó.

El problema, señaló, es que esa reconversión ocurre mientras persisten condicionantes externos. Entre ellos enumeró Ingresos Brutos, impuesto al cheque y tasas municipales, además de problemas de infraestructura y conectividad particularmente relevantes para el turismo.

Una economía partida y un turismo castigado por el dólar

Kulfas reconoció como aspectos positivos la desaceleración de la inflación respecto de 2023 y el ordenamiento fiscal, pero cuestionó sus efectos sobre buena parte de la actividad económica.

Según su diagnóstico, existe "una economía partida": mientras campo, energía, minería y finanzas muestran un fuerte crecimiento, el resto de las actividades retrocede. El problema, agregó, es que los sectores dinámicos explican una porción reducida del empleo.

Para el exministro de Producción, uno de los principales factores que afecta específicamente al turismo es el tipo de cambio.

El dólar está barato, no hay nada que discutir, y ustedes lo saben mejor que nadie, porque turistas uruguayos, brasileños, chilenos casi no vienen”, se atrevió a esbozar Kulfas.

Además, el economista vinculó el escenario cambiario con la pérdida del turismo de proximidad y, simultáneamente, con un mercado interno debilitado que condiciona al turismo interno. (El Rubicón del turismo interno: mientras el mundo bate récords, acá se destruye la rentabilidad)

También señaló que el turismo registró el año pasado el mayor déficit de lo que va del siglo XXI, con un emisivo ampliamente superior al receptivo.

No es que ustedes no son competitivos, es la consecuencia de la configuración macroeconómica”, especificó.

Mirar al futuro con optimismo

Aracre reconoció que la hotelería y la gastronomía no atraviesan su mejor momento, aunque presentó una visión optimista sobre las perspectivas de largo plazo.

Según explicó, la economía mundial avanza hacia una participación cada vez mayor de los servicios, particularmente aquellos asociados al entretenimiento, el turismo, la gastronomía y el tiempo libre.

Aunque tal vez en este momento ustedes no lo sientan, están en el sector adecuado de cara al futuro. El sector de los servicios es el futuro”, festejó Aracre.

Impuestos, el "gran lastre" para el sector

Más allá de las diferencias sobre el rumbo macroeconómico, la estructura tributaria fue señalada como uno de los mayores obstáculos para mejorar la competitividad.

Es muy difícil ser competitivo con estos impuestos”, sintetizó Giordano. (Fehgra: "Muchas PyMEs hoteleras y gastronómicas deben elegir entre pagar impuestos o salarios")

El economista consideró que no es necesario esperar décadas a que una reducción del gasto público permita bajar la carga tributaria. Propuso avanzar en una sustitución de impuestos distorsivos por otros más eficientes, tomando como referencia la reforma implementada en Brasil.

Entre las posibilidades mencionó fortalecer el IVA para reemplazar Ingresos Brutos y tasas municipales, y mejorar la recaudación de Ganancias y Bienes Personales para facilitar la eliminación de retenciones.

Kulfas coincidió en la necesidad de revisar la experiencia brasileña y planteó avanzar hacia un IVA nacional acompañado por una estrategia de recaudación más digital y un combate más efectivo contra la informalidad.

Salarios: la variable que pega directamente sobre la demanda

La evolución de los ingresos apareció como otra de las principales preocupaciones para una actividad fuertemente dependiente del consumo.

Indart planteó durante el panel el ejemplo de una familia que, ante la imposibilidad de pagar una estadía hotelera, reemplaza una escapada por un fin de semana en casa de familiares.

Giordano recordó que el deterioro salarial no comenzó con el actual gobierno, sino que se arrastra desde la aceleración inflacionaria iniciada en 2018. Según señaló, el salario real se encuentra actualmente alrededor de 20% por debajo del nivel de una década atrás. (Hoteles y restaurantes pierden empleo mientras los salarios vuelven a caer)

La recuperación, coincidieron los economistas, no tiene una solución inmediata y depende de una mejora sostenida de la productividad, la inversión y la actividad.

Aracre sostuvo que los salarios reales no pueden crecer de manera permanente sin un aumento de la productividad. Para ello identificó como obstáculos la falta de inversión de largo plazo, las deficiencias logísticas y de infraestructura y la presión tributaria.

Sin crédito ni infraestructura no hay crecimiento

Giordano trasladó la discusión sobre productividad directamente al negocio hotelero. “¿Cómo construir un hotel o refaccionar un hotel sin crédito?” fue la pregunta disparadora.

El economista señaló que la falta de financiamiento dificulta tanto nuevas inversiones como la modernización de establecimientos existentes. A ello sumó los problemas de conectividad aérea, frecuencias, costos, rutas e infraestructura.

Como ejemplo mencionó las limitaciones operativas que observó en el aeropuerto de Córdoba y aseguró que, al conversar con empresarios turísticos de distintos puntos del país, aparece recurrentemente la dificultad para atraer visitantes.

Qué difícil que es traer un turista a la Argentina. Es muy complicado. Carísimo y poca frecuencia”, sintetizó.

Para Giordano, remover esas barreras permitiría a las empresas invertir, crecer, generar empleo y mejorar salarios.

¿El dólar puede devolver competitividad al turismo?

El tipo de cambio generó uno de los principales contrapuntos entre Kulfas y Aracre.

Kulfas sostuvo que la hotelería y la gastronomía están particularmente expuestas a la competencia internacional: los argentinos comparan los costos de viajar dentro y fuera del país, mientras los extranjeros realizan el cálculo inverso.

A su entender, el actual tipo de cambio no refleja la productividad de la economía argentina. Sin proponer una devaluación brusca, consideró que permitir una corrección de entre 20% y 30% podría mejorar las condiciones para turismo, gastronomía, industria y economías regionales.

Aracre respondió poniendo el foco en el riesgo de traslado a precios. En una economía bimonetaria, argumentó, las devaluaciones utilizadas históricamente para ganar competitividad terminaron muchas veces absorbidas por inflación.

Giordano introdujo una tercera perspectiva: consideró conveniente avanzar hacia un régimen cambiario más libre, aunque advirtió que ello no implicaría necesariamente un dólar mucho más alto ni resolvería por sí solo la competitividad.

El mayor beneficio, a su entender, estaría en recuperar el crédito. Los argentinos ahorran en dólares debido a la desconfianza acumulada durante décadas y buena parte de esos recursos queda fuera del circuito productivo.

Cualquier actividad económica necesita crédito, sobre todo si te tenés que reconvertir”, remarcó Giordano.

Las empresas también tienen que mirar hacia adentro

Además de las condiciones macroeconómicas, Aracre llamó a hoteleros y gastronómicos a revisar en detalle la gestión de sus negocios. (La crisis del consumo llega a las tarifas turísticas: hoteles y restaurantes frenan aumentos)

Cuando escuchamos muchas veces que el Gobierno solo se quiere ocupar de la macro y no de la micro, ¿saben quiénes son los dueños de la micro? Ustedes”, marcó el exasesor de Alberto Fernández.

El economista remarcó que no existe una única realidad sectorial: un bar, un restaurante, un bodegón, un hotel del Interior y un cinco estrellas orientado al turismo internacional enfrentan estructuras de costos, clientes y problemas diferentes.

Por eso recomendó analizar qué ofrece cada establecimiento, cuáles son sus costos, cuánto está dispuesto a pagar el cliente y dónde existen oportunidades de mejorar la rentabilidad.

Kulfas cuestionó, sin embargo, que pueda separarse tan claramente la micro de la macro. Las empresas, recordó, no controlan variables como el dólar o los impuestos.

Giordano se ubicó en un punto intermedio: reconoció las restricciones externas, pero señaló que entre las empresas percibe una preocupación por los costos mucho mayor que en el pasado. Para el economista, la estabilidad obliga a abandonar ineficiencias que habían quedado ocultas por la inflación.