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El Rubicón del turismo interno: mientras el mundo bate récords, acá se destruye la rentabilidad

El exfuncionario y académico Sergio "Keko" Castro analiza cómo la pérdida de competitividad afecta el turismo interno, el empleo y la rentabilidad del sector.

En pocas palabras

  • Competitividad: Argentina pierde competitividad turística mientras el mundo bate récords de crecimiento.
  • Rentabilidad: la crisis del sector se centra en la pérdida de rentabilidad, no solo en la cantidad de turistas.
  • Propuesta: se requiere una agenda de políticas públicas para recuperar el desarrollo, el empleo y las exportaciones de servicios.
Resumen generado por Thinkindot AI

La discusión sobre la competitividad ocupa un lugar central en la agenda del sector. La evolución del turismo interno, las dificultades para atraer visitantes internacionales, el aumento de los costos y la rentabilidad forman parte de un debate que atraviesa a toda la cadena de valor. (Turismo interno al límite: más ocupación y, menos consumo)

En ese contexto, Sergio "Keko" Castro, secretario de Extensión y Enlace de Universidad Delta, director programático de Cedetur y exdirector nacional de Planificación y Desarrollo Turístico, elaboró un informe en el que analiza el escenario que enfrenta la actividad y lo contrasta con el momento que vive el turismo a nivel mundial.

A partir de indicadores internacionales, datos económicos y estadísticas sectoriales, plantea que Argentina atraviesa una pérdida estructural de competitividad y propone abrir una discusión sobre las políticas necesarias para recuperar la rentabilidad, el empleo y la capacidad de crecimiento de una de las principales economías de servicios del país.

"Pasar el Rubicón": la meta que no debería ser una meta

"Mientras el mundo celebra récords históricos de viajeros y contribuciones billonarias al PBI global, la industria turística argentina atraviesa una encrucijada estructural", indicó Castro para segur: "Treinta meses de costos disparados, rentabilidad destruida y demanda deprimida conviven con una discusión oficial centrada en pasajeros transportados y ocupación hotelera".

Asimismo, enfatizó que el problema real es otro: un modelo económico que dejó al sector sin competitividad, a la demanda sin poder de compra, y a Argentina en el puesto 110 de 125 países según el peso del turismo en su economía, justo cuando el resto del planeta lo convierte en política de Estado. (Turismo: las señales de deterioro bajo Milei-Scioli)

En este orden, manifestó que en seis provincias ya arrancó la temporada de invierno, pero "pasar el Rubicón" —llegar al verano sin sumar más cierres— se volvió el único horizonte que el sector se anima a plantearse.

"Es el techo, no el objetivo, que propone el modelo económico de Javier Milei, ejecutado por Toto Caputo y con Daniel Scioli al frente del turismo desde Suipacha 1111. Un sector al que dejan de rodillas y que hoy solo puede aspirar a subsistir, sostener los puestos de trabajo que quedan y frenar el cierre de empresas", dijo.

Al respecto, el informe esgrime que, con el espejismo de la ocupación como telón de fondo, vendrán declaraciones ampulosas sobre la mejor temporada de invierno de todos los tiempos, o anuncios de récord de turistas extranjeros, apoyados en pasajeros transportados y en la comparación con los dos peores años de la historia turística argentina.

"Son números con cada vez menos sustento: el propio Gobierno, a través de Scioli, provocó un apagón estadístico al dar de baja el convenio con el Indec que medía turismo de forma independiente. Cuando un Estado decide dejar de medir con el organismo oficial de estadísticas, la primera pregunta que hay que hacerse es por qué", explica. (Qué genera más empleo, la minería o el turismo?, la pregunta que interpela al sector)

La variable que nadie quiere discutir: la rentabilidad estructural

El informe asevera que los funcionarios y acompañantes silenciosos del sector no van a decir, ni medir, ni poner en discusión, es que el porcentaje de ocupación o la cantidad de turistas transportados dejaron de ser, hace mucho, la variable relevante.

En este sentido, señala que el problema es el modelo: un esquema que premia desde el Estado -con RIGI, Super RIGI y rebajas impositivas a las grandes fortunas- a un puñado de sectores ampliamente ganadores, mientras deja a todo el entramado socio-productivo pyme en condiciones desfavorables para competir globalmente.

"La discusión pública sigue centrada en la cantidad de turistas o en la ocupación hotelera. La variable decisiva, sin embargo, es la rentabilidad", argumenta, para agregar que una actividad que pierde márgenes, inversión y competitividad difícilmente pueda sostener empleo de calidad, por más pasajeros que suba a un avión o a un micro.

Daniel Prieto, presidente de Fehgra, lo resume en una frase: "la ocupación ya no garantiza rentabilidad". (La crisis del consumo cambia el negocio hotelero: más ocupación ya no garantiza rentabilidad)

De esta manera, el trabajo puntualiza que la industria enfrenta una ecuación económica rota: mientras los precios se mantienen contenidos para no perder aún más competitividad frente a un mercado interno de bajo poder adquisitivo, los costos operativos -especialmente los servicios, que aumentaron más del 919%-, licuaron los márgenes.

"Los establecimientos absorben esos incrementos para sostener el empleo, pero operan con niveles de liquidez tan críticos que la propia Fehgra le pidió al Gobierno suspender embargos y ejecuciones fiscales hasta el 31 de diciembre de 2026, y habilitar la refinanciación de planes de pago caducos sin perder los beneficios ya otorgados. La propia entidad lo planteó sin rodeos: muchas pymes hoteleras y gastronómicas deben elegir entre pagar impuestos o pagar salarios", subraya el informe.

Oferta y demanda: el mismo diagnóstico desde las dos puntas

Para entender lo que pasa con la industria turística argentina hay que mirar simultáneamente la oferta y la demanda. En ambos lados del mercado el problema tiene la misma raíz: costos que suben y rentabilidad que se destruye, dejando al país sin competitividad sistémica. Del lado de los hogares, la pérdida de poder adquisitivo termina de completar el cuadro, destruyendo la demanda.

El número que resume todo: las tarifas de servicios aumentaron más de 919% frente a un 138% de suba del salario mínimo (como unidad de medida), en un período en que la inflación acumulada superó el 235%.

"Ningún negocio -turístico o no- sobrevive de manera sana a una tijera de precios relativos de esa magnitud", concluye Castro.

Turismo interno: menos noches, menos gasto, más subsistencia

Cada mes, los argentinos destinan una porción mayor de sus ingresos a pagar servicios y necesidades básicas, y les queda menos -en el mejor de los casos- o nada -en la mayoría de las familias- para consumos por fuera de la subsistencia. (Crisis en hoteles y restaurantes: Fehgra pidió frenar embargos para evitar cierres)

Los números de 2026 lo confirman con crudeza: según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el turismo interno acumula una caída del 26% en la cantidad de viajeros movilizados durante los fines de semana largos del año, la estadía media se contrajo de 2,3 a 2 noches, y el gasto diario por turista retrocede en términos reales entre 1,6% y 3,5%, según el feriado que se mida. Eso corroe, de manera sistemática, el impacto de la actividad turística en cada economía regional del país.

De largos viajes a escapadas, de escapadas a micro salidas, y de ahí a ser apenas excursionistas que pasean y vuelven a dormir a su casa: esa es la cascada descendente -no la de Adorni- que atraviesa una clase media en retirada. Como dice Mario Mobilio, el turismo funciona como un "sismógrafo social" que mide no solo el gasto, sino las expectativas y la calidad de vida de una comunidad.

Turismo receptivo: Argentina se cae del mapa de precios

"Cuando un pasajero extranjero empieza a planificar su viaje a Sudamérica, Argentina aparece bien posicionada por su oferta de recursos naturales y culturales", destaca el exfuncionario, para aclarar que esa ventaja se desvanece apenas se compara el precio final del viaje.

"El país tiene los kilómetros volados más caros de la región -por su extensión territorial y la lejanía de los centros emisores-, y una dependencia estructural de la conectividad aérea, a lo que se suma una carga impositiva que lo pone en desventaja frente a sus competidores directos", declaró.

En el mercado regional y fronterizo, esas condiciones desfavorables se potencian: costos energéticos altos, logística cara y una concentración estacional que atenta contra la calidad del servicio. En ese contexto, el reciente aumento del 565% en la Tasa de Seguridad de la Aviación -que pasó de $ 260 a $ 1.725 por pasajero en los vuelos de cabotaje, según la Resolución 565/2026-, no parece la mejor estrategia posible para un destino que ya depende críticamente de su conectividad interna.

"El resultado es un país turístico desfasado en precios frente a sus competidores regionales y frente a propuestas similares en otras regiones del mundo, tanto para el turista extranjero como para el argentino que hoy evalúa viajar afuera antes que recorrer su propio país", sintetiza el documento. (Scioli apuesta a una buena temporada de invierno pese al desafío del consumo)

El contraste global: mientras acá se cae, el mundo bate récords

El diagnóstico argentino no ocurre en el vacío: ocurre exactamente al revés de lo que está pasando en el resto del mundo. Según el Barómetro del Turismo Mundial de ONU Turismo, en 2025 se registraron 1.520 millones de turistas internacionales, casi 60 millones más que en 2024, y en el primer trimestre de 2026 las llegadas internacionales crecieron otro 2% pese al impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la conectividad aérea y los combustibles.

El WTTC, por su parte, calculó que el sector aportó US$ 11,7 mil millones al PBI mundial en 2025 -un 6,7% más que el año anterior-, y proyecta que en 2026 esa cifra trepe a US$ 12 mil millones, equivalentes al 9,9% del PBI global y a 376 millones de empleos: uno de cada nueve puestos de trabajo del planeta. El sector crecerá 3,2% este año, más rápido que la economía mundial en su conjunto (2,4%), y en la próxima década generará cerca de 89 millones de empleos nuevos, un tercio de todo el empleo que se creará en el mundo.

El dato que más debería incomodar a la dirigencia argentina no es global: es comparativo. Según un informe de Fundar citado por el portal Infobae, el PBI turístico directo de la Argentina -el que mide exclusivamente el consumo de bienes y servicios de los turistas- representa apenas el 1,7% de la economía nacional, lo que ubica al país en el puesto 110 entre 125 naciones con datos disponibles. (La promoción turística necesita dejar de buscar visibilidad y empezar a generar resultados)

Para dimensionar la distancia: en Uruguay el turismo pesa 8,9% del PBI, en Portugal 9,1% y en Croacia 11,8%. No es que carezcamos de atractivos -tiene tantos o más que esos países-; es que un modelo de costos y reglas de juego adversas le impide capturar ese potencial. A esto se suma un rasgo estructural incómodo: "Argentina tiene déficit persistente en su balanza de servicios turísticos, es decir, gasta más en turismo emisivo hacia el exterior de lo que recibe por turismo receptivo, aun cuando el sector emplea a 1,2 millones de personas (5,5% de la población ocupada) y representa el sexto complejo exportador del país".

El contraste regional es todavía más elocuente. Mientras América Central creció 18% en llegadas internacionales durante el primer trimestre de 2026, y países como Paraguay (+46%), El Salvador (+43%) o Uzbekistán (+37%) lideraron los rankings mundiales de crecimiento, América del Sur registró una caída del 1% en el mismo período. No es una fatalidad geográfica: es una diferencia de políticas. Los destinos que crecen invierten en conectividad aérea, bajan cargas específicas y ordenan sus reglas de juego; los que retroceden, no.

España, para citar un solo caso, recibió 96,5 millones de visitantes internacionales en 2025, con el turismo aportando cerca del 16% de su PBI y más de 3,2 millones de empleos. El propio WTTC insiste en que sostener ese tipo de trayectoria exige inversión continua en infraestructura, innovación digital, gestión sostenible de destinos, desarrollo de talento y conectividad transfronteriza. Ninguno de esos vectores está, hoy, en el centro de la agenda turística argentina.

No es una mala temporada: es una pérdida estructural de competitividad

"Mientras el turismo mundial consolida un ciclo histórico de crecimiento, Argentina enfrenta una pérdida estructural de competitividad. El debate ya no pasa por si esta temporada será mejor o peor que la anterior. El desafío es reconstruir las condiciones para que el turismo vuelva a ser una política de desarrollo, generación de empleo y exportación de servicios", plantea el trabajo.

La pregunta relevante no es cuántos turistas más o menos hubo respecto del año pasado. La pregunta es cuánto tiempo más puede sobrevivir una industria cuyos costos crecen muy por encima de su productividad, cuya demanda interna pierde capacidad de consumo año tras año, y cuya competitividad internacional se deteriora en el peor momento posible: cuando el resto del mundo profesionaliza al turismo como herramienta de desarrollo. (Fehgra y CAME sellan una alianza para fortalecer la competitividad de las PyMEs del turismo)

"El turismo argentino no necesita relatos triunfalistas ni estadísticas parciales", sostuvo Castro, para afirmar: "Necesita competitividad, reglas previsibles y políticas públicas basadas en evidencia. Un sector privado que necesita urgentemente igualar las reglas y los costos para competir. El país todavía tiene recursos naturales, culturales y humanos extraordinarios; lo que falta es una estrategia nacional que transforme ese potencial en empleo, divisas y desarrollo territorial".

Una agenda posible: los puntos para dejar de discutir relatos

Del informe se desprende que la discusión que necesita el turismo argentino no debería dividirse entre oficialismo y oposición, sino entre resignación y competitividad. El sector puede y debe construir una agenda común, con evidencia, productividad e innovación como criterios rectores.

Las líneas de trabajo, en sintonía con lo que hoy aplican los destinos que lideran el crecimiento mundial, son:

  • Alivio financiero inmediato para frenar los embargos que quitan capital de trabajo en plena temporada, en línea con lo que ya reclama Fehgra.
  • La actualización del Decreto 814, que hoy permite computar un porcentaje de las contribuciones patronales como crédito fiscal de IVA: ampliar y agilizar ese cómputo aliviaría a las empresas intensivas en mano de obra, como las hoteleras y gastronómicas, en los meses de menor actividad.
  • Estímulos a la demanda, instrumentos modernos y acotados en el tiempo para incentivar el consumo turístico sin comprometer la sostenibilidad fiscal.
  • La reducción de costos sistémicos, revisando cargas específicas -como la Tasa de Seguridad de la Aviación, recientemente aumentada un 565%- y promoviendo regímenes de promoción tributaria compartidos entre Nación, provincias y municipios.

"Volvamos a tener una política turística de Estado. Abramos un debate serio entre empresarios, trabajadores, universidades, gobiernos y entidades sectoriales: una mesa de diálogo y trabajo real sobre cómo atraer más visitantes, cómo extender las estadías, cómo aumentar el gasto por turista y cómo mejorar la rentabilidad de las empresas -no una membresía de viajes, ágapes y beneficios para amigos-," subrayó Castro.

De esta manera, y como corolario recordó que, mientras Argentina discute relatos, el mundo ya tomó decisiones y avanza. "El turismo argentino necesita menos cuento y más estrategia, y volver a ser una de las turbinas de la economía en beneficio de la comunidad en cada rincón del país", concluyó.