Inicio
Opinión
Opinión

El turismo y la ética: Ramiro Alem y el Invertur

En esta columna, García Rosa plantea que el exsubsecretario de Inversiones del MinTur, Ramiro Alem, “debiera despejar -cuanto antes- cualquier duda que pudiera existir” respecto a la vuelta a su emprendimiento privado dedicado a las inversiones en turismo.

La semana que pasó ha vuelto a realizarse una nueva edición del Invertur, el foro de inversiones creado por Ramiro Alem en 2015.

Sin duda una buena iniciativa para contribuir a la promoción de inversiones en el sector en un país que tanto las necesita y que ha quedado muy atrás en la captación de las mismas con relación a otros mercados de la región, en especial Colombia, Perú, Chile y Brasil.

Más allá del valor de la propuesta, la edición 2018 volvió a poner sobre el tapete algunas cuestiones que surgieron a principios de este año cuando Ramiro dejó la función pública y regresó a la actividad privada, volviendo al mismo lugar que había dejado.

En principio, es algo que parece absolutamente natural. El tema es que Ramiro dejó el Invertur para tomar responsabilidades en el sector público, de las que se despidió siendo subsecretario de Inversiones Turísticas y el Invertur es un emprendimiento privado de su creación y pertenencia, dedicado a las inversiones en turismo.

Desde su función en el Mintur, su tarea era promocionar y facilitar las inversiones en el sector, en tanto que su función en el Invertur, como su lema reza, es “hacer que las inversiones en turismo sucedan”.

Alguien podría pensar que se trata de un claro conflicto de intereses, en nuestro caso, conociendo como conocemos a Ramiro, creemos que la cuestión debe tener sus explicaciones.

En cualquier caso, y siendo él además un integrante del espacio del cambio, debiera despejar cuanto antes cualquier duda que pudiera existir respecto de que durante su actuación al frente de la Subsecretaría de Inversiones pudiera haber estado involucrado en algún caso de tráfico de influencias, favoreciendo de alguna forma a un emprendimiento que queda claro, tuvo y tiene mucho que ver con él.

El tráfico de influencias está claramente regulado y este Gobierno en especial tiene una cruzada contra esa práctica a través de la Oficina de Corrupción. Alguna vez nos ocupamos del tema del nepotismo en el MinTur, pero si bien es ésta una práctica reñida con la moral que debiera ser abolida, aquella otra, la del tráfico de influencias, es una práctica inaceptable y pasible de punición.

En respeto a todos quienes confiamos en Ramiro, sería bueno despejar, de una vez y para siempre, cualquier duda que pudiera estar rondando en el ambiente.

Temas relacionados

Dejá tu comentario