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Fin del turismo social: confirman el rumbo de Chapadmalal y se avanza hacia un modelo turístico privado

La concesión de Chapadmalal por 30 años confirma el giro: menos turismo social, más inversión privada y un nuevo modelo en Argentina. ¿Qué opina Daniel Scioli?

La decisión del Gobierno de concesionar por 30 años la Unidad Turística Chapadmalal no es un hecho aislado ni sorpresivo. Por el contrario, se trata de la confirmación de una política para el turismo social que se viene delineando desde el inicio: reducir el rol del Estado en la operación y avanzar hacia un esquema apoyado en la inversión privada.

El anuncio, formalizado por el vocero presidencial Manuel Adorni, termina de ordenar una secuencia que incluyó el cierre del complejo, la desarticulación de los programas de turismo social y su traspaso a la Agencia de Administración de Bienes del Estado.

En ese recorrido, Chapadmalal dejó de ser una política activa para convertirse en un activo a reconvertir.

De emblema del turismo social a activo económico

Durante décadas, Chapadmalal fue uno de los pilares del turismo social en Argentina. Su lógica era clara: garantizar el acceso a las vacaciones a sectores que quedaban fuera del mercado turístico tradicional.

Ese modelo, sin embargo, fue perdiendo peso en los últimos años, entre el deterioro de la infraestructura, los costos crecientes de mantenimiento y una utilización cada vez más limitada. (Vuelve el turismo social: municipios bonaerenses activan descuentos para atraer viajeros)

La respuesta de la administración de Javier Milei no fue reforzarlo, sino redefinirlo. La concesión por 30 años sintetiza ese cambio de enfoque: el turismo deja de pensarse como política de inclusión y pasa a integrarse a una lógica de eficiencia económica.

El rol de Scioli y el nuevo relato turístico

En paralelo, el discurso oficial también se reconfigura. Desde la Secretaría de Turismo de la Nación, encabezada por Daniel Scioli, el foco ya no está puesto en el turismo social como eje central, sino en la necesidad de atraer inversiones, mejorar la competitividad y reposicionar a Argentina en el escenario internacional.

En ese marco, la reconversión de Chapadmalal aparece alineada con una visión más amplia del sector. (Turismo social: apoyo político en Embalse a la venta de los hoteles y debate por el nuevo modelo de gestión)

Tenemos que generar condiciones para que lleguen inversiones y potenciar el turismo como actividad económica”, vienen repitiendo desde el entorno oficial, en línea con una estrategia que prioriza la sustentabilidad financiera por sobre el sostenimiento de programas estatales.

Sin embargo, esa transición deja interrogantes abiertos. El Gobierno aún no definió si el nuevo esquema contemplará mecanismos de acceso para sectores de menores ingresos o si el complejo migrará definitivamente hacia un perfil comercial.

Un cambio que excede a Chapadmalal

La decisión sobre el complejo turístico funciona como un caso testigo de una transformación más profunda.

El Estado se retira de la operación directa, reduce su exposición fiscal y delega en el sector privado la responsabilidad de desarrollar y sostener la oferta turística.

Para la industria, el movimiento abre oportunidades vinculadas a la recuperación de infraestructura y la creación de nuevos productos. Pero también plantea dudas sobre la pérdida de un segmento históricamente asociado al turismo social y sobre el impacto en la demanda interna.