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Transporte en debate: entre la regulación, la seguridad, el profesionalismo y la competitividad

El sector del transporte turístico se divide entre quienes piden extender la vida útil de los vehículos, y quienes priorizan la seguridad y la competitividad.

El debate sobre la vida útil de los vehículos turísticos se instaló en el centro de la agenda del transporte terrestre. El pedido de extender la antigüedad máxima permitida divide al sector.

Por un lado, un puñado de transportistas argumenta que la medida es necesaria para aliviar los costos y sostener la operatividad; por otro, especialistas y operadores turísticos advierten que podría comprometer la seguridad y la competitividad del destino.

En la práctica, la discusión revela un dilema estructural del sistema argentino: la tensión entre viabilidad económica y estándares de calidad, en un contexto de inflación, falta de financiamiento y exigencias crecientes de los mercados internacionales.

Una grieta en el transporte turístico

Fuentes del sector reconocen que el tema “abrió una grieta” entre empresas y cámaras representativas.

“Prolongar la vida útil puede ser pan para hoy y hambre para mañana: se gana algo de oxígeno financiero, pero se pierde imagen, confiabilidad y proyección internacional”, sostuvo un empresario turístico consultado por Ladevi.

Otros, en cambio, aseguran que “sin un esquema de crédito o leasing, exigir renovación total es inviable para una pyme que apenas cubre los costos de operación”.

La falta de una política clara y federal de transporte turístico hace que cada provincia o municipio adopte criterios distintos, lo que multiplica la incertidumbre y la sensación de inequidad entre operadores.

Qué dice la normativa argentina

El marco legal de referencia es la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449, que regula la habilitación de los vehículos afectados al transporte de pasajeros y fija condiciones de revisión técnica obligatoria.

Si bien la ley no establece un límite uniforme, distintas resoluciones complementarias determinan topes de antigüedad que oscilan entre 10 y 13 años, según el tipo de servicio, el uso del vehículo y la jurisdicción donde opera.

Algunas provincias y municipios aplican criterios más estrictos. Por ejemplo, varios distritos turísticos establecieron plazos progresivos hacia una antigüedad máxima de 10 años para unidades dedicadas al transporte de turistas, con el objetivo de elevar los estándares de seguridad y confort.

A nivel nacional, la discusión actual se concentra en si ese umbral debería extenderse a 15 o incluso 20 años, siempre que los vehículos superen las revisiones técnicas exigidas por ley. El argumento central de los transportistas es que la renovación total de una flota resulta económicamente inviable, especialmente ante la ausencia de líneas de crédito específicas.

Cómo se regula en la región

En el Mercosur, los países adoptan criterios heterogéneos pero más amplios que los argentinos.

  • Brasil permite una antigüedad máxima de 20 años para vehículos de transporte turístico, bajo condición de cumplir con inspecciones anuales y requisitos técnicos de seguridad.
  • Uruguay y Paraguay aplican esquemas similares, con plazos de entre 18 y 20 años y controles técnicos obligatorios.
  • En Chile, los límites son más bajos: los vehículos destinados al transporte de pasajeros interurbanos y turísticos no pueden superar los 14 años, con inspecciones semestrales en talleres autorizados.

En todos los casos, la legislación regional tiende a combinar flexibilidad en la antigüedad con rigurosidad en los controles. La antigüedad no es un fin en sí mismo, sino un indicador indirecto de mantenimiento y seguridad. (Agilizan el transporte terrestre: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay eliminan requisitos)

Qué ocurre en los mercados internacionales

En los principales destinos emisores –Europa, Estados Unidos y Asia– la tendencia es diferente.

No existen límites cronológicos uniformes para la vida útil de los vehículos turísticos, pero sí sistemas de certificación técnica y ambiental altamente exigentes.

  • En la Unión Europea, el Reglamento (UE) 181/2011 y las normas ECE R107 regulan la seguridad, accesibilidad y equipamiento de los autobuses. Las unidades deben pasar controles periódicos, y la mayoría de las empresas reemplaza sus flotas cada 6 a 8 años por razones comerciales y de imagen, no por obligación legal.
  • En Estados Unidos, la Federal Transit Administration (FTA) recomienda una vida útil operativa promedio de 12 años u 800.000 millas, pero el reemplazo suele anticiparse por estándares de eficiencia y confort.
  • En Japón o Corea del Sur, la renovación es aún más frecuente, en torno a los 5 años, impulsada por políticas de incentivos fiscales y avances tecnológicos.

En síntesis, los países más desarrollados tienden a vincular la antigüedad con la innovación tecnológica y las emisiones contaminantes, más que con un número fijo de años. El enfoque apunta a la seguridad activa, la sostenibilidad y la experiencia del usuario.

Costos, impacto y escenarios posibles

El costo de una unidad nueva de transporte turístico en Argentina supera actualmente los US$ 400 mil, mientras que el valor de reventa de un vehículo con 10 años de uso se redujo drásticamente en términos reales.

Sin acceso al crédito ni programas de leasing, la renovación completa del parque automotor se vuelve económicamente inviable para la mayoría de las pymes del sector.

Por otro lado, mantener vehículos con antigüedad excesiva incrementa los costos de mantenimiento, el riesgo operativo y las emisiones. Según estudios internacionales, la probabilidad de fallas mecánicas graves aumenta un 25% después de los 12 años de uso, incluso con mantenimiento regular.

Ante este panorama, el desafío pasa por equilibrar la sustentabilidad económica con la calidad del servicio. La clave podría residir en un esquema mixto: ampliar levemente la antigüedad máxima permitida, reforzar las inspecciones técnicas y promover líneas de financiamiento que incentiven la renovación gradual de flotas.

Hacia una política de transporte turístico sostenible y de mayor competitividad

La discusión sobre la vida útil de los vehículos turísticos trasciende lo normativo: define el perfil del turismo argentino que se quiere proyectar.

Los destinos que priorizan la seguridad, la tecnología y la sostenibilidad logran captar mercados de mayor gasto promedio y consolidar su reputación internacional.

En el caso del turismo receptivo, la calidad de la flota es un componente directo de la experiencia del visitante.

Los turoperadores internacionales exigen estándares mínimos de confort, mantenimiento y equipamiento, y la antigüedad del vehículo puede convertirse en un factor de decisión al momento de contratar servicios locales.

En cambio, una política basada únicamente en la extensión de la vida útil, sin controles ni incentivos, puede derivar en una pérdida de competitividad y en mayores riesgos operativos.

El debate, por tanto, no debería centrarse solo en la antigüedad, sino en cómo construir un sistema de transporte turístico moderno, profesional y sostenible, capaz de acompañar la recuperación del sector y responder a las expectativas del viajero global.

Una opción financiera para la renovación de flota: el leasing

Mientras el sector del transporte turístico debate sobre la extensión de la vida útil de los vehículos, algunos especialistas señalan que la verdadera solución pasa por generar condiciones financieras que permitan renovar unidades sin comprometer la rentabilidad.

En ese sentido, el leasing aparece como una herramienta eficaz para acceder a buses nuevos sin necesidad de un alto desembolso inicial.

A nivel internacional, el leasing es ampliamente utilizado por empresas de transporte y turismo para rejuvenecer sus flotas. Permite operar unidades de última generación, reducir costos de mantenimiento y mantener estándares de seguridad y confort acordes a los mercados más exigentes.

En Estados Unidos y Brasil, por caso, hay leasing para flotas comerciales, incluyendo vehículos 4x4 y vehículos "expedición" usados por operadores turísticos.

Por su parte, el leasing está muy extendido en la Unión Europea como alternativa a la compra directa de vehículos. Las empresas pagan una cuota mensual por el uso de unidades nuevas (autos, buses, camiones, etc.), con la posibilidad de devolverlas o adquirirlas al final del contrato.

Entre las modalidades principales de leasing aparecen:

  • Leasing operativo: se usa cuando la empresa quiere renovar la flota con frecuencia (cada 3 a 5 años). El vehículo no se capitaliza como propio, sino que se considera un gasto operativo deducible.
  • Leasing financiero: el objetivo es la adquisición del vehículo al término del contrato; se usa más cuando se busca propiedad a largo plazo.

En Argentina, sin embargo, su aplicación al sector turístico todavía es limitada. Las restricciones cambiarias, las tasas de interés y la falta de líneas específicas dificultan el acceso a este tipo de financiamiento.

De implementarse en el ámbito del transporte turístico, el leasing podría alinear la antigüedad de las unidades con los estándares internacionales, promoviendo un servicio más competitivo, eficiente y seguro.

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