La infraestructura aeroportuaria del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se encuentra en un cuello de botella histórico. Con un mercado de cabotaje e internacional regional profundamente dinamizado por las políticas de desregulación y la consolidación de las aerolíneas low cost, el Aeroparque Jorge Newbery opera al límite de sus capacidades físicas.
¿El regreso de la aeroisla? El debate por la saturación de Aeroparque reflotó el recuerdo del proyecto
Se reabrió una vieja polémica: la viabilidad de mudar el Aeroparque y desempolvar el ambicioso proyecto menemista de un aeropuerto sobre el Río de la Plata.
El Aeroparque Jorge Newbery es uno de los más importantes de Argentina y el único en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En este contexto, el debate sobre su relocalización volvió a encenderse en la agenda pública tras una conversación en el streaming Laca Stream, donde el politólogo y especialista en aviación comercial Franco Rinaldi, en diálogo con el influencer Beltrán Briones en el programa "Chango", se pronunció abiertamente a favor de trasladar la terminal y recuperar los valiosos terrenos de la Costanera Norte.
Al hacerlo, reflotó un fantasma de la década de 1990: la Aeroisla.
El diagnóstico del streaming: saturación y valor inmobiliario
Durante el envío, Rinaldi calificó la mudanza de Aeroparque como una medida "viable y conveniente", argumentando que el aeropuerto ocupa una de las zonas comerciales y residenciales más cotizadas y estratégicas de Palermo.
El núcleo del problema es operativo: según los datos expuestos en la charla, Aeroparque se encuentra actualmente saturado, movilizando alrededor de 21 millones de pasajeros por año. La falta de espacio para expandir pistas, terminales de pasajeros y posiciones de pernocte para las aeronaves limita el crecimiento de las aerolíneas en un momento donde la demanda del trade turístico exige mayor conectividad.
Frente a este techo operativo, la alternativa planteada en el programa fue volver la mirada al mar —o, en este caso, al río— emulando los modelos de ingeniería de aeroestructuras construidas sobre islas artificiales, como el Aeropuerto Internacional de Kansai (Japón) o el de Hong Kong. (Aeroparque Jorge Newbery con nuevo sistema de slots)
¿En qué consistía el proyecto original de la Aeroisla?
Lanzado durante la segunda presidencia de Carlos Menem en los años 90, el proyecto de la Aeroisla fue un diseño de vanguardia desarrollado a través de un plan maestro encomendado a consultoras e ingenieros de los Países Bajos (expertos mundiales en ganarle terreno al agua).
El plan consistía en la construcción de una isla artificial en el Río de la Plata, ubicada a unos dos kilómetros de la Costanera Norte, frente al actual Aeroparque. Tendría una extensión aproximada de 300 hectáreas y estaría conectada con el continente a través de un puente vial y un sistema de túneles submarinos o extensiones de la red de subterráneos.
A diferencia del colapsado esquema actual, aquella terminal proyectada en los 90 estaba diseñada para absorber un flujo de hasta 30 millones de pasajeros anuales, con pistas de aterrizaje de mayor longitud que permitirían operar vuelos transatlánticos de gran porte sin las restricciones de peso y ruido que hoy afectan a Palermo.
¿Por qué fracasó la aeroisla en la Ciudad de Buenos Aires?
A pesar de contar con el aval del Poder Ejecutivo de la época, el proyecto naufragó debido a una feroz resistencia política y vecinal.
En el fragmento de Laca Stream, Rinaldi apuntó directamente contra la oposición del arco porteño de finales de los 90, personificada en figuras como Aníbal Ibarra, sumado a las severas críticas de los grupos ambientalistas que alertaban por el impacto en el régimen de mareas del río y el costo financiero que, tras la crisis de la convertibilidad, se volvió insostenible para el Estado.
¿Es viable reinstalar la Aeroisla en la opinión pública?
A mediados de 2026, el escenario político y económico de Argentina muestra una marcada inclinación hacia las soluciones de mercado y la obra pública financiada por capitales privados. Bajo esta premisa, la idea de una Aeroisla deja de sonar como un delirio de ciencia ficción para analizarse bajo la lupa del retorno de inversión (ROI).
En la charla de Chango, Rinaldi estimó a grandes rasgos el costo de una estructura de este tipo: "Una buena Aeroisla está en los 4 o 5 mil palos (millones de dólares). Capaz que si afinamos bien el lápiz, hacemos lápiz de carpintero, y con 3.600 palos lo hacemos".
La clave del proyecto radica en que debe ser financiado en un 100% por el sector privado, recuperando la inversión mediante tasas aeroportuarias y, fundamentalmente, la explotación inmobiliaria de las tierras liberadas.
A la fecha, a mayo de 2026, no existe una propuesta corporativa formal ni un pliego de licitación en marcha por parte del Gobierno Nacional o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para iniciar este megaproyecto.
La saturación aeroportuaria en Buenos Aires mueve ideas
No obstante, en los pasillos del sector aerocomercial y los fondos de inversión de infraestructura internacional se sigue con atención la saturación de los aeropuertos del AMBA.
La ampliación de la desregulación aérea abre la puerta a que consorcios privados propongan iniciativas privadas de infraestructura si el volumen de pasajeros proyectado justifica el desembolso. (Vuelos que no despegan: la conectividad en el Interior, entre promesas y baja demanda)
A pesar de los atractivos comerciales y logísticos, el proyecto enfrenta en el presente los mismos desafíos ambientales que hace 30 años: el impacto del rellenado a gran escala en el Río de la Plata, la modificación de las corrientes costeras y la vulnerabilidad de las obras civiles ante eventos climáticos extremos en el estuario.
Temas relacionados

