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Ley de Glaciares: inversión minera, reputación ambiental y el riesgo para el turismo receptivo

Avanza la reforma en la Ley de Glaciares. Gobierno de Javier Milei habla de inversiones, ambientalistas alertan riesgos y el turismo de montaña expectante.

El gobierno de Javier Milei avanza en el Congreso. La reforma de la Ley de Glaciares ya tiene media sanción del Senado y vuelve a colocar en el centro del debate el delicado equilibrio entre desarrollo productivo, protección ambiental y actividad turística en zonas cordilleranas.

El oficialismo defendió la iniciativa como una “adecuación normativa” orientada a brindar previsibilidad a las inversiones mineras y corregir lo que considera ambigüedades técnicas. En cambio, sectores ambientalistas y parte de la oposición, advirtieron sobre un posible retroceso en la protección de áreas estratégicas para la preservación del recurso hídrico.

La votación dejó un mapa político fragmentado y reactivó una discusión estructural que excede la coyuntura legislativa: cómo compatibilizar minería, ambiente y turismo en territorios donde las tres actividades conviven.

Qué cambia con la reforma de la Ley de Glaciares

La Ley 26.639, sancionada en 2010, establece la protección de glaciares y del ambiente periglacial como reservas estratégicas de recursos hídricos. Prohíbe actividades que puedan afectar su condición natural, incluyendo determinadas explotaciones extractivas.

La reforma aprobada en el Senado introduce modificaciones en la definición y delimitación del ambiente periglacial, así como ajustes en criterios de inventario y evaluación técnica. Según el oficialismo, estos cambios no eliminan la protección de glaciares, sino que buscan mayor claridad jurídica para proyectos productivos.

Desde el sector minero, la Cámara Argentina de Empresarios Mineros destacó la media sanción como un “paso fundamental” para el desarrollo de inversiones estratégicas. Del lado ambiental, en cambio, advierten que redefinir el alcance de las zonas protegidas podría reducir superficies bajo resguardo.

Al cierre de esta edición, desde el sector Turismo no hubo pronunciamientos oficiales; aunque un empresario patagónico advirtió que la percepción internacional sobre estándares ambientales es un activo intangible que incide directamente en la demanda. (Crisis climática, el desafío silencioso para Latinoamérica)

Por su parte, operadores de trekking, montañismo y turismo de aventura indicaron que el segmento internacional de alta gama prioriza destinos con certificaciones ambientales claras y políticas públicas consistentes.

Turismo de montaña y un espejo regional: Chile como referencia

Más allá de la discusión normativa, el impacto potencial en el turismo es un punto central para provincias cordilleranas como Mendoza, San Juan, Santa Cruz y Neuquén, donde el paisaje glaciar y de alta montaña es un activo turístico estratégico.

Destinos como el Parque Nacional Los Glaciares, el Parque Provincial Aconcagua y el Parque Nacional Nahuel Huapi construyen su posicionamiento internacional sobre la base de conservación ambiental, naturaleza prístina y experiencias sustentables. (Patagonia suma experiencias premium para el mercado europeo: glaciares, alta montaña y vuelos escénicos)

En el debate aparece con frecuencia el caso de Chile como espejo regional. El país vecino logró consolidar una industria minera de escala global mientras desarrolla una oferta potente de ecoturismo y turismo de naturaleza en la Cordillera de los Andes. Desde el sector minero chileno sostienen que protección de glaciares y actividad extractiva pueden coexistir bajo estándares estrictos de evaluación ambiental. (

Sin embargo, el modelo también enfrenta tensiones y cuestionamientos ambientales. Para el sector turístico argentino, el ejemplo chileno podría funcionar tanto como referencia de convivencia productiva como advertencia: la percepción internacional sobre estándares ambientales influye directamente en la competitividad de los destinos.

Marca país, inversiones y reputación internacional

El debate trasciende lo jurídico. En un contexto donde el turismo receptivo valora cada vez más la trazabilidad ambiental y los compromisos climáticos, cualquier modificación normativa que afecte la narrativa de sustentabilidad puede incidir en la marca país.

El Gobierno argumenta que mayores inversiones mineras podrían dinamizar economías regionales, generar empleo e infraestructura. El interrogante es si ese impulso puede articularse sin erosionar la reputación ambiental de destinos de montaña que compiten en mercados altamente sensibles a la sostenibilidad, especialmente en Europa.

La reforma deberá continuar su trámite parlamentario. Mientras tanto, el sector turístico observa con atención: en las provincias cordilleranas, minería, ambiente y turismo no son compartimentos estancos, sino variables interdependientes de un mismo esquema de desarrollo.

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