La reciente modificación de la Ley de Glaciares no solo impacta en la minería: también introduce un nuevo escenario para el turismo en la cordillera de los Andes. En destinos donde la naturaleza es el principal activo, el cambio abre interrogantes sobre el uso del territorio y la competitividad internacional. Se juega, además, el posicionamiento sostenible de Argentina.
Ley de Glaciares: el turismo en alerta por el impacto en destinos clave
La reforma de la Ley de Glaciares enciende alertas en el turismo por su impacto en la competitividad, la reputación ambiental y el posicionamiento de destinos.
Glaciares, minería y turismo: el nuevo escenario que pone en discusión el futuro de los destinos de montaña.
Asimismo, la discusión ya no es exclusivamente ambiental ni productiva. Empieza a ser, cada vez más, una cuestión de reputación turística. La reforma redefine criterios sobre qué áreas proteger y cuáles podrían habilitarse para actividades económicas, en territorios donde el valor del turismo depende directamente de la percepción de entorno prístino.
En ese marco, surge una alerta que empieza a ganar volumen en el sector: el riesgo no es inmediato ni operativo, sino reputacional. En el turismo receptivo, donde la decisión de viaje está atravesada por la imagen del destino, cualquier señal de flexibilización ambiental puede tener impacto.
Al cierre de esta edición, desde el sector Turismo no hubo pronunciamientos oficiales sobre el impacto de la normativa.
Agua, paisaje y marca país: el activo invisible del turismo
La ley original no solo preservaba hielo: protegía un sistema. Los glaciares funcionan como reservas estratégicas de agua, sostienen ecosistemas y, a su vez, son un atractivo central para el turismo internacional. (Ley de Glaciares: inversión minera, reputación ambiental y el riesgo para el turismo receptivo)
La incorporación del criterio de “función hídrica efectiva” introduce una diferenciación clave: no todas las áreas tendrán el mismo nivel de protección. Y ahí aparece una pregunta de fondo para el sector: ¿Qué sucede cuando el principal activo -la naturaleza intacta- entra en discusión?
Destinos como El Calafate, Ushuaia o San Martín de los Andes construyeron su valor sobre esa promesa. En el mercado internacional, esa narrativa es central y difícil de revertir.
Más margen productivo, menos previsibilidad turística
La reforma promovida por el gobierno de Javier Milei también introduce un cambio estructural: mayor autonomía de las provincias para definir qué áreas proteger y cuáles habilitar.
Para el turismo, este punto abre un escenario más complejo. No tanto por lo que cambia hoy, sino por lo que puede derivar en el mediano plazo: reglas de juego menos homogéneas y mayor incertidumbre territorial.
Desde Patagonia, representantes de empresas lacustres coincidieron que el impacto no será inmediato, pero advierten que cualquier señal que afecte la percepción ambiental puede incidir en la competitividad de los destinos, especialmente en el posicionamiento a nivel global.
Turismo vs. minería: una tensión que vuelve al centro
La modificación reactiva una tensión histórica: el avance de actividades extractivas en territorios donde el turismo depende de la conservación.
Mientras el Gobierno impulsa la reforma como una vía para atraer inversiones y potenciar sectores estratégicos, el turismo juega con otra lógica: la de la autenticidad, la sustentabilidad y la preservación del entorno.
En ese cruce, el desafío no es inmediato, pero sí estructural. Y se proyecta sobre el futuro de los destinos. (El CFT expone el momento del turismo: reclamos por estadísticas, ausencias y falta de competitividad)
Chile como espejo: regulación, minería y turismo conviviendo
El caso de Chile aparece como referencia inevitable. Con una fuerte industria minera, el país avanzó en regulaciones y ordenamiento territorial que, en destinos turísticos, priorizan la conservación; al tiempo que se desarrollan modelos y negocios.
En áreas como el Parque Nacional Torres del Paine, el modelo es claro: la protección ambiental no es un límite, sino el corazón del producto turístico.
El contraste plantea un interrogante estratégico para Argentina: cómo compatibilizar desarrollo productivo sin erosionar el valor turístico.
Marca país, inversiones y reputación internacional: el frente más sensible
El debate ya excede lo jurídico. En un contexto donde el turismo receptivo valora cada vez más la trazabilidad ambiental y los compromisos climáticos, cualquier cambio normativo que altere la narrativa de sustentabilidad puede impactar directamente en la marca país.
Argentina construyó, durante años, una identidad asociada a la naturaleza prístina, especialmente en destinos de montaña y Patagonia. Ese posicionamiento, clave para captar mercados internacionales -sobre todo europeos-, se sostiene tanto en la experiencia como en la percepción.
El Gobierno plantea que una mayor actividad minera podría dinamizar economías regionales, generar empleo e impulsar infraestructura. El interrogante, sin embargo, es si ese impulso puede articularse sin erosionar el valor diferencial que hoy sostiene al turismo de naturaleza.
En ese equilibrio se juega más que una discusión sectorial. En las provincias cordilleranas, minería, ambiente y turismo no son compartimentos estancos, sino variables interdependientes de un mismo modelo de desarrollo. (La AHT traza una hoja de ruta para mejorar la competitividad y promover el empleo)
Los cambios clave que reconfiguran el mapa turístico en la cordillera
La reforma no impacta de forma inmediata en la actividad turística, pero sí redefine las reglas del juego en los territorios donde se construye su principal valor.
Entre las modificaciones más relevantes aparecen:
- La redefinición del ambiente periglaciar, que reduce el alcance de las áreas protegidas y habilita mayor margen para actividades económicas en zonas antes restringidas.
- A esto se suma el nuevo criterio basado en la función hídrica, que condiciona la protección a la relevancia de cada área, dejando atrás un enfoque más amplio.
- Otro punto central es el mayor protagonismo de las provincias en la toma de decisiones, lo que introduce un escenario más flexible, pero también menos uniforme.
- Finalmente, la posibilidad de revisar proyectos previamente limitados suma una nueva variable: más inversión potencial, pero también mayor presión sobre entornos sensibles.
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