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Embalse: se derrumba el turismo social y la privatización aparece como salida

El turismo social enfrenta una profunda redefinición con la privatización de los hoteles en Embalse, impulsada por Javier Milei.

La medida, que se venía anticipando, se apoya en un diagnóstico concreto: infraestructura envejecida, costos crecientes y un nivel de utilización muy por debajo de la capacidad instalada.

Un gigante turístico con capacidad ociosa, caída de visitantes y mínimo mantenimiento

El complejo de Embalse fue concebido para operar a gran escala. Con siete hoteles, más de 3.000 plazas y un predio de 300 ha., durante décadas funcionó como uno de los pilares del turismo social en Argentina.

Hoy, esa dimensión contrasta con su nivel de uso. En 2023, la unidad turística alojó 31.899 visitantes, una cifra que ya evidenciaba un funcionamiento lejos de su capacidad plena. Pero el dato más contundente llegó después: en 2024, el ingreso de turistas se desplomó hasta apenas 2.846 plazas ocupadas.

La caída no es el único problema. El propio informe oficial señala que entre 2021 y 2026 no se registraron inversiones de capital destinadas a mejorar la infraestructura del predio. En paralelo, el mantenimiento quedó reducido a una estructura mínima: solo 30 trabajadores sostienen la operatividad básica del complejo.

En un predio de estas dimensiones, eso se traduce en tareas esenciales -corte de césped, mantenimiento de más de 300 luminarias, reparación de instalaciones y recolección de residuos-, pero lejos de un esquema que permita reposicionar el destino o mejorar la experiencia turística.

El resultado es un combo difícil de sostener: alta capacidad instalada, baja ocupación, falta de inversión y una estructura operativa limitada. En ese contexto, los números dejan de ser una referencia y se convierten en el principal argumento del Gobierno para avanzar con la privatización.

El argumento del Gobierno: eficiencia, cambio normativo y nuevo rol del Estado

Desde el Ejecutivo, la decisión de avanzar con la privatización no se presenta como un recorte aislado, sino como parte de una redefinición más amplia del rol estatal en el turismo.

Según detalló la Agencia de Administración de Bienes del Estado, el complejo ya fue desafectado y se encuentra en proceso de enajenación, aunque todavía no se inició formalmente la licitación ni hay operadores definidos. (Proyecto de ley reabre la disputa por Chapadmalal y Embalse)

El planteo oficial se apoya en tres ejes: eficiencia, sostenibilidad y mejor aprovechamiento de los recursos públicos. En esa línea, el Gobierno sostiene que el esquema actual -con baja ocupación, deterioro estructural y sin inversiones de capital entre 2021 y 2026- obliga a repensar la forma de gestión del predio.

El cambio, además, tiene un respaldo normativo claro. A partir del Decreto 216/2025, el Estado nacional dejó de tener entre sus funciones la prestación directa de servicios turísticos y la gestión operativa de hoteles. Desde entonces, su rol se reorienta hacia la promoción de la actividad y la generación de condiciones para el desarrollo del sector.

Bajo esa lógica, desde el oficialismo rechazan que se trate de un proceso de desfinanciamiento. Por el contrario, lo definen como una evaluación integral orientada a encontrar esquemas de gestión más eficientes, con participación privada que permita recuperar y poner en valor el complejo.

En ese marco, también aclaran que la Unidad Turística conserva su carácter de patrimonio histórico nacional, por lo que cualquier intervención futura deberá ajustarse a las normativas vigentes y contar con la validación de los organismos competentes.

Un cambio de paradigma para el turismo social

Embalse, junto con Unidad Turística Chapadmalal, fue durante décadas una pieza clave del turismo social en Argentina.

Bajo ese modelo, jubilados, familias y sectores de menores ingresos accedían a vacaciones a precios subsidiados, en un esquema sostenido por el Estado.

La nueva etapa abre una incógnita central: qué lugar tendrá esa función social en un esquema orientado a la rentabilidad. La decisión implica, en los hechos, el fin del modelo tal como se lo conocía.

Cómo será el nuevo esquema de privatización

Aunque el pliego aún no fue publicado, el Gobierno anticipa un modelo con fuerte participación privada en la operación hotelera.

El esquema incluiría la concesión o venta de los hoteles, mientras que el predio seguiría bajo control estatal. A su vez, se prevén compromisos de inversión para la puesta en valor y un rediseño del uso turístico del complejo.

La apuesta es clara: transformar un activo subutilizado en un producto competitivo dentro del mercado.

Impacto en el sector turístico

Para el sector turístico, la decisión abre un escenario dual. Por un lado, la posibilidad de recuperar un destino con potencial hoy desaprovechado. Por otro, la redefinición -y posible desaparición- del turismo social como segmento diferenciado.

Las agencias de viajes podrían encontrar nuevas oportunidades si el reposicionamiento es exitoso. Pero el interrogante es qué pasará con la demanda histórica que dependía de tarifas subsidiadas.