El verano 2026 arrancó con un fuerte conflicto en Pinamar, luego de que el municipio aplicara un aumento de hasta 66% en las tasas que pagan los balnearios y paradores, una medida que el sector calificó como un “impuestazo” y que generó un cruce directo con el intendente Juan Manuel Ibarguren (PRO).
Balnearios contra el municipio de Pinamar por un "impuestazo" del 66% en pleno verano
Balnearios repudian el fuerte aumento de tasas aplicado en plena temporada de verano. Alertan por precios, rentabilidad y pérdida de competitividad de Pinamar.
Pinamar, bajo tensión: balnearios cuestionan un aumento de tasas del 66% en plena temporada de verano.
Los concesionarios señalaron que estos impuestos, implementados en plena temporada alta, rompe la previsibilidad del negocio turístico y pone en riesgo precios, rentabilidad y competitividad del destino.
Cabe destacar que, el marco de la Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes, se aprobó la creación del “Fondo para la promoción turística del partido de Pinamar”, es decir, una tasa nueva, que contó con 20 votos positivos contra 6 de la oposición.
Impacto en precios y competitividad: el costo que puede pagar el turista
El aumento de hasta 66% en las tasas municipales reavivó el debate sobre el traslado de costos a precios finales en plena temporada alta.
Desde el sector de balnearios la respuesta fue inmediata y contundente. Luis Sansa, vocero de la Asociación de Concesionarios de Playa, cuestionó la decisión del Ejecutivo local y apuntó contra la falta de previsibilidad: “Nos cambiaron las reglas del juego a mitad de camino. Nosotros ya habíamos definido precios, contratado personal y armado la temporada con otro esquema de costos”, declaró en conversaciones con Página 12.
Según explicó, además, el incremento de tasas “rompe la ecuación económica del verano ” y obliga a revisar tarifas en un contexto de alta sensibilidad del consumo. (La Costa Atlántica se llena otra vez: fin de año con alta ocupación y un verano bajo examen)
En este sentido, los concesionarios manifestaron que, con una estructura de gastos cada vez más ajustada, la suba impacta directamente en servicios como el alquiler de carpas y sombrillas, la oferta gastronómica y los adicionales que forman parte de la experiencia de playa. “Este tipo de medidas termina afectando al turista”, enfatizaron.
Crisis en la playa: fuerte suba en las carpas en Pinamar
En un verano marcado por un consumidor más cauteloso y por la competencia entre destinos de la Costa Atlántica, el sector teme que Pinamar pierda atractivo frente a otras plazas con cargas fiscales más previsibles.
“No se trata solo de rentabilidad empresaria, sino de competitividad del destino”, señalan los hoteleros, que alertan sobre el riesgo de quedar fuera de mercado en un contexto donde el precio vuelve a ser una variable decisiva para el turismo interno.
A su turno, Sanza recordó que, cuando empezamos a hablar de la temporada, la secretaria de Turismo, Alejandra Apolonio, dijo que íbamos a contar con un aumento del 25%, para no salir demasiado de los márgenes por ser una temporada dura. "Teníamos un aumento por IPC, que daba hasta el 30%, era un número que cerraba, un valor razonable”, detalló.
En otras palabras, indicó se trata de un aumento del 37% adicional, y puntualizó: "Nos quedan tres opciones: sostener la temporada con pérdida de rentabilidad; trasladarlo a la comida, pero parcial porque tampoco podemos irnos de los márgenes; o trasladarlo al costo diario, nosotros teníamos la carpa en $ 80 mil y ahora la tenemos que llevar a $ 115 mil ”.
Municipio y privados: una relación tensionada en plena temporada de verano
El conflicto dejó al descubierto una relación cada vez más tensa entre el municipio y el sector turístico, uno de los principales motores económicos de Pinamar.
Desde los balnearios cuestionan no solo el nivel del aumento, sino la forma y el momento en que fue aplicado, sin instancias previas de consenso o diálogo. (Pinamar evalúa el cobro de una tasa turística en zona de La Frontera, límite con Costa Esmeralda)
Para los operadores, la decisión del Ejecutivo local contradice el discurso oficial de promoción turística y genera un clima de incertidumbre que desalienta inversiones y compromisos de largo plazo.
La falta de previsibilidad fiscal, advierten, termina siendo tan dañina como la presión impositiva en sí misma, especialmente en actividades estacionales que dependen de pocos meses para sostener todo el año.
Un debate que trasciende a Pinamar y reabre la discusión sobre impuestos y turismo
Más allá del conflicto puntual, el caso de Pinamar vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo que atraviesa a buena parte de los destinos turísticos argentinos: cómo financiar a los municipios sin asfixiar a una actividad clave para el empleo y la economía local.
En un contexto de consumo retraído y fuerte competencia regional, los aumentos impositivos aplicados en plena temporada pueden tener efectos contraproducentes.
Para el sector privado, la señal es clara: sin reglas estables y previsibilidad tributaria, sostener precios, inversiones y empleo se vuelve cada vez más complejo.
Mientras tanto, el verano toma impulso y el conflicto sigue abierto, con una advertencia que resuena más allá de Pinamar: cuando la presión fiscal crece sin consenso, el costo no siempre lo absorbe el empresario, y casi siempre termina llegando al turista.
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