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Opinión

La Guía Michelin no crea el prestigio gastronómico, lo confirma

El autor analiza el impacto de la Guía Michelin en la gastronomía en Buenos Aires: ¿ayuda a posicionar turísticamente al destino?

En pocas palabras

  • Guía Michelin: Confirma prestigio gastronómico previo en Buenos Aires, no lo crea desde cero.
  • Restaurantes distinguidos: La distinción atrae turismo internacional y amplía público, según la categoría.
  • Posicionamiento: La guía suma visibilidad a Buenos Aires como destino, acelerando un proceso ya en marcha.
Resumen generado por Thinkindot AI

Un relevamiento reciente sobre restaurantes distinguidos en la Ciudad de Buenos Aires muestra que la Guía Michelin consolida trayectorias ya construidas, más de lo que genera nuevos posicionamientos, y que su aporte a la gastronomía y al turismo es más efectivo cuando se apoya en una identidad de destino ya consolidada. (Llaves Michelín: los hoteles destacados de América Latina)

Desde que la Guía Michelin llegó a la Argentina en 2023, se instaló una pregunta en el sector gastronómico y turístico: ¿la distinción crea prestigio o simplemente lo confirma? Una investigación de nuestros estudiantes de la UADE, basada en entrevistas a referentes de restaurantes distinguidos de Buenos Aires, encontró una respuesta consistente: la guía valida un prestigio previo más de lo que construye uno nuevo.

Guia Michelin, un sello que confirma un recorrido

Los establecimientos relevados acumulaban entre 12 y 30 años de trayectoria antes de recibir la distinción, y varios ya contaban con reconocimientos internacionales previos. Esa antigüedad es clave para entender el hallazgo central del estudio: Michelin actúa como un sello que confirma un recorrido, no como un disparador de reputación desde cero.

El efecto, sin embargo, no es uniforme según la categoría recibida. Entre los restaurantes con estrella, la distinción atrae sobre todo turismo gastronómico internacional: comensales que viajan específicamente en busca de esa experiencia. Entre los restaurantes reconocidos, el impacto se refleja con mayor intensidad en la ampliación del público, alcanzando distintos rangos de presupuesto.

Y en la categoría "recomendado" (la más discreta), la guía funciona como sello de calidad antes que, como generador de demanda, con clientes que llegan sobre todo por consejo directo. Un matiz señalado por los propios entrevistados: algunos comensales confunden las categorías entre sí, lo que puede generar expectativas que no siempre se ajustan a la propuesta real.

Posicionamiento de la Ciudad de Buenos Aires

Puertas adentro, los cambios reportados fueron acotados y operativos (mejoras en mantelería, vajilla, gestión de residuos y compra directa a productores), pero ninguno señaló cambios en la calidad de la propuesta gastronómica o en el servicio, ya consolidados antes de la llegada de la guía.

Lo más relevante para la agenda turística aparece en el posicionamiento de Buenos Aires como destino. Los entrevistados coincidieron en que la ciudad ya ocupaba un lugar propio en el mapa gastronómico internacional, sostenido por otros reconocimientos previos, antes de la llegada de Michelin.

La guía suma visibilidad internacional y refuerza esa identidad, pero aparece como un capítulo más de un posicionamiento que la ciudad viene construyendo hace años.

Turismo y gastronomía van de la mano

Esa distinción importa para pensar la política turística: si Michelin potencia más de lo que crea, su valor como herramienta de promoción depende de que exista, previamente, una identidad gastronómica sólida y una estrategia de destino que la sostenga.

Para la Ciudad de Buenos Aires, la guía parece cumplir ese rol de acelerador de un proceso ya en marcha, más que el de motor inicial del posicionamiento.

(*) El autor es docente del Departamento de Hospitalidad e investigador del Instituto de Ciencias Sociales de UADE.