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Efectos del fin del “cepo cambiario” y la devaluación

El fin del cepo cambiario complica a los prestadores internacionales que trabajan con empresas y turistas argentinos, como para los extranjeros que visitan el país y quienes comercializan su producto.

Desde el 17 de diciembre de 2015 en Argentina se produjo el levantamiento de las restricciones cambiarias que afectaban a las empresas y residentes locales conocida popularmente como cepo cambiario.

Al mismo tiempo, se produjo una unificación de la cotización del dólar, que se tradujo en una devaluación de la moneda local en torno al 40%. Ambas "medidas" tienen múltiples impactos en la economía argentina, pero en esta nota nos centraremos en esbozar los cambios que implicaron en las relaciones comerciales y turísticas con el exterior.

La salida del cepo con devaluación es otro problema

Para los viajeros argentinos el fin del cepo implica que ahora pueden acceder libremente a los dólares, sin tener que pagar el 35% de adelanto a cuenta de impuestos.

Aplica tanto a la compra de moneda (hasta US$ 500 con efectivo por mes y hasta US$ 2 millones para operaciones bancarizadas), como los pagos con tarjetas de servicios en el exterior. Claro que el efecto de ese recargo se veía compensado por el hecho de aplicarse a una cotización oficial de las divisas, que se mantenía estable en torno a los $ 9,50 versus los $ 15 que había tocado en el mercado informal. Con lo cual, con la normalización cambiaria, la compra de un paquete turístico en el exterior para un argentino incrementó su costo en torno a un 40%, pero ya no debe pagar el 35% de adelanto a cuenta de Ganancias.
Tanto o más importante aún es el tema del cepo a las transferencias de divisas por parte de empresas argentinas a prestadores en el exterior. En los últimos meses la autoridad monetaria había impuesto un techo de US$ 50 mil diarios a la venta de dólares a agencias y operadores locales, lo cual había generado un embudo en los pagos a proveedores y operadores. Con el nuevo Gobierno esta restricción desapareció y hacia adelante el giro de los pagos a los prestadores en el exterior quedó normalizado.


DEL MUNDO HACIA ARGENTINA.
Aunque las restricciones cambiarias en Argentina no tuvieran como blanco el receptivo, los efectos distorsivos de las medidas también modificaron costumbres de los viajeros y las empresas.
A nivel de los turistas se impuso la costumbre de eludir la venta de sus billetes por las vías oficiales (bancos y casas de cambio) para aprovechar la brecha favorable en el mercado informal (esto implicaba que por cada dólar se obtenían de $ 14 a $ 15 en vez de $ 9). Esto se sintió en la balanza de divisas, donde el ingreso de moneda extranjera por turismo tocó su nivel más bajo desde 2003 (el 66% liquidaba en el mercado ilegal).
Por el frente de las relaciones comerciales entre empresas el panorama es más complejo. Muchas de las tarifas en dólares de los hoteles que ofrecen los operadores receptivos a sus clientes en el exterior se mantuvieron sin variantes, pese a la devaluación de un 40% de la moneda local.
Un último efecto del extinto cepo fue que en la venta de circuitos binacionales desde Argentina se debía cobrar el 35% adicional, lo cual desalentaba la compra de excursiones, llevando el negocio al otro lado de la frontera. La desaparición de esa percepción a cuenta de impuestos (que los extranjeros no podían computar) es otro de los efectos de la normalización cambiaria del país.

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