Grandes, medianos y chicos. Grupales e individuales. En Argentina, pero también en Chile y otros países de la región. Ese es el poder de fuego de las esquirlas que desparramó el martes pasado la declaración de insolvencia de Majestic International Group, uno de los principales receptivos en La Florida y Disney para los operadores latinoamericanos.
La caída del TTOO golpea duro en la región y desnuda los desafíos de la cadena de distribución
El efecto racimo es millonario en pérdidas para los mayoristas que trabajan con Estados Unidos, que hasta el cierre de esta edición trataban desesperadamente de encapsular el desfalco recibido y que los efectos no se trasladen a los pasajeros. Pero ni siquiera ellos saben la real dimensión del problema, ni cuantas reservas se siguieron generando hasta el mismo martes a través del propio sistema de Majestic y de otros en los cuales era proveedor preferencial.
ALGO HUELE MAL.
Antes de empezar a analizar el daño inflingido, pongamos en contexto la historia del receptivo. Majestic fue creada en 1995 por dos argentinos, uno de ellos es Gustavo Balmaceda. Rápidamente se convirtió en uno de los vendedores líderes de Disney y Florida, en base a buenas tarifas y un soporte específicamente pensado para la región. Pero hace ya tiempo empezaron los problemas en el servicio y hace media docena de años fue vendida en una cifra millonaria. ¿A quién? “Nadie sabía realmente quienes eran los nuevos dueños”, confesó un mayorista local a este medio. La verdad es que la propia presentación del receptivo en la web dista de ser clara: “Hoy en día Majestic International Group, Inc ® no es una compañía aislada, sino que pertenece a un grupo de otras empresas relacionadas con la industria del turismo, como empresas de transporte, bienes raíces en Miami y México y la reciente incorporación de una
compañía dedicada al software. Todo esto nos hace un grupo con importante facturación anual”.
Al margen de esta dosis de muestra de una opacidad característica de esta época, lo cierto es que con los años el volumen que manejaba Majestic se fue deshilachando en base a malos manejos comerciales. Últimamente, algunos mayoristas locales empezaron directamente a desconfiar: rotación constante de empleados, problemas de atención y el cierre de las oficinas físicas en Miami y México para pasar al “home office”, sumado a que en los pasillos de las ferias algunos hoteleros empezaran a rumorear cuestionamientos a la forma de los pagos.
Pero el tiro de gracia llegó recién el 20 de septiembre pasado, cuando Disney -seguida por otros proveedores- le bajó la palanca y le suspendió la cuenta corriente por falta de garantías. Ahí empezó la carrera de los mayoristas argentinos para que el piano no les cayera en la cabeza.
LA CORRIDA.
El deterioro paulatino del volumen que manejaba Majestic, el desplome del mercado emisivo argentino y la intervención de Disney (que permitió que se trasladaran las reservas a través de otro receptivo seleccionado) evitó que el problema fuera aún mayor.
Pero las secuelas de la insolvencia de Majestic son igualmente graves. Algunos operadores grandes se quedaron con cifras prepagadas muy importantes de grupos y pasajeros individuales. Y al margen de lo difícil que será recuperar esos miles de dólares, todos -los que hubieran pagado las reservas tanto como los que no- debieron salir a buscar proveedores que les tomaran los pasajeros, con el costo que implica no solo el volver a abonar sino hacerlo a tarifas que pueden llegar a ser el doble. Pero no solo eso, muchos todavía no consiguieron que les confirmen las reservas de Disney, porque frente a la emergencia se está priorizando a los clientes que viajen en lo inmediato.
La otra cifra incalculable es la de las reservas con tarifas no reembolsables que se hicieron a través de los sistemas, tanto de Majestic como de otros que lo tenían como proveedor preferencial. En este sentido, en el mercado hay mucha bronca porque 24 hs. antes de que pidiera la insolvencia Majestic seguía generando reservas (algunos mayoristas recién se estan desayunando). Incluso, en su página de Facebook el receptivo continuó publicando ofertas hasta el 14 de octubre.
Otra astilla es la que sufren los mayoristas que habían dado depósitos flotantes, que hoy no saben cómo recuperar.
COLORÍN, COLORADO.
La caída de Majestic va a seguir dando mucho para hablar en cuanto a pérdidas, pero también es un final de cuento que deja varias moralejas.
Por un lado, la alarmante opacidad corporativa de la economía, que hoy también se ha extendido a la cadena de distribución turística. “Cada vez más no sabés a quién le estás comprando, ni quién te da el servicio”, reflexionó un empresario local.
Por otra parte, esa falta de transparencia del ecosistema corporativo acrecienta el riesgo cuando se trabaja con empresas del exterior y agiganta la vulnerabilidad de las mayoristas que sí están expuestas a las leyes locales y deben responder ante el consumidor.
De todo ello se desprende la enseñanza de que, con un canal de distribución que se ha complejizado de esa manera, tal vez el más vivo del barrio ya no es quien se salta la cadena comercial: “Siempre está el ‘iluminado’ que se ufana de comprar directo a las empresas del primer mundo. Ese es el que peor la pasa en una instancia así, porque implica asumir los riesgos de la operación”, cerró un mayorista argentino.
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