Durante más de tres horas, la sala de reuniones de Faevyt se convirtió en una línea de tiempo narrada por los expresidentes de Aaavyt / Faevyt y FIT que condujeron la feria durante parte de sus 30 ediciones. (FIT 2026 será la más grande de su historia: 60 países, más negocios y Milei invitado a la apertura)
30 ediciones de FIT: "Una feria con corazón"
En Faevyt, cuatro presidentes reconstruyen con Ladevi la historia de FIT. Anécdotas, y reflexiones sobre el pasado y futuro. El desafío es seguir creciendo.
Fabricio Di Giambattista, Andrés Deyá, Hugo Copertari y Gustavo Hani, expresidentes de FIT.
En pocas palabras
- FIT celebra 30 ediciones con la mirada puesta en el futuro y el desafío de seguir creciendo.
- Presidentes de FIT reconstruyen la historia de la feria con anécdotas y reflexiones sobre su evolución.
- La feria se consolida como un encuentro económico clave para el sector turístico argentino e internacional.
Hugo Copertari, Fabricio Di Giambattista, Gustavo Hani y Andrés Deyá volvieron sobre las decisiones y las apuestas que marcaron sus gestiones. Desde su creación de la mano de Copertari hasta la 30 edición a cargo de Deyá.
Entre risas, recuerdos que unos completaban y otros corregían, anécdotas nunca publicadas y secretos que aparecieron al calor de la conversación, el encuentro recorrió tres décadas del turismo argentino.
También ocuparon un lugar central quienes ya no están. Marco Palacios, Tomás Ryan y Ricardo Roza regresaron a la mesa a través de las historias de sus excompañeros. Sus nombres permiten completar una continuidad dirigencial que sostuvo la feria incluso en sus momentos más difíciles y constituye un caso de estudio en un país donde los fracasos institucionales son moneda corriente.
1996 y la apuesta por una feria propia
“La feria es el resultado de una evolución de la institución”, sostiene Copertari. Antes hubo congresos, workshops y un antecedente directo: el Salón Internacional de Turismo.
Copertari había llegado a la presidencia para suceder a Ramón Di Giambattista. Vivía en Bariloche, lejos de la política cotidiana de la entidad, y quizás esa distancia le permitió pensar fuera de la caja.
“Para hacer una gran feria en Capital, teníamos que llegar a un acuerdo con Aviabue, no era fácil porque venía de un fuerte enfrentamiento con Aaavyt”, recuerda el presidente fundador, “pero primó el interés sectorial. La entidad porteña resignaría su encuentro, la presidencia de FIT quedaría a cargo de Aaavyt y la vicepresidencia de Aviabue. Faltaba asumir el riesgo económico”. (FIT, la cita donde la crisis se relegó y mandaron los negocios)
La entidad disponía del equivalente a unos US$ 50 mil para invertir. No era todo su patrimonio, aclara Copertari, pero sí el dinero disponible para la apuesta. Hubo resistencias. La Cámara Argentina de Turismo, presidida por Pedro Bachrach, desistió ante el riesgo económico. “Yo pensaba: “¿Para qué mierda habré aceptado?”.
En paralelo, Fitur había avanzado sobre La Rural para desarrollar una feria sudamericana en Buenos Aires. Copertari negoció con Enrique Pepino, vinculado con los impulsores españoles: “Apelo a tu sentimiento patriótico”, le dijo. Los agentes argentinos querían su propio encuentro.
En Madrid, ante representantes de Fitur, la posición de Copertari fue tajante: “Pase lo que pase, no vamos a permitir que España haga una feria para Sudamérica en Argentina”. También apeló a las entonces privatizaciones de Aerolíneas Argentinas e YPF, y advirtió que movilizarían al sector.
El acuerdo transformó a la potencial competidora en aliada: FIT compraría por un breve período sus conocimientos de organización ferial.
El desinterés de CAT se tradujo en falta de apoyo político: en la apertura de 1996 no hubo representantes de la Secretaría ni de CAT. La principal presencia política fue Enrique Olivera, vicejefe de Gobierno porteño. “Fijate en la tapa de tu medio”, desafía Copertari a Ladevi.
Hacia 1999 y una negociación que quedó en las sombras
Con FIT dando sus primeros, Copertari recibió una información confidencial: alguien intentaba negociar la feria con Madrid. “Me llega la información de que alguien estaba tratando de vender FIT ”, relata.
La posible compradora volvía a ser Fitur. Copertari nunca supo quién impulsó la gestión ni si era una venta comercial o una salida para desprenderse de una estructura exigente. Evita señalar responsables: “Siempre me quedó que alguien, no sé de dónde, había estado viendo en cuánto se podía vender la feria”.
Volvió a Madrid y buscó a Arranz, con quien había construido confianza después de la primera disputa. Le contó lo que había escuchado y preguntó si Fitur estaba detrás de la operación. La respuesta que recuerda fue breve: “Esa operación no se va a hacer. Pero no te voy a decir nada más”.
Regresó sin conocer quién había movido las piezas, pero con una definición: FIT seguiría en manos de sus entidades fundadoras.
El crecimiento y la exigencia de hacer negocios
La expansión trajo sus propios problemas. Di Giambattista recuerda que, durante la conducción de Ricardo Roza, FIT se amplió al Pabellón Ocre para alojar exclusivamente a Brasil, pero el público no completaba el recorrido. “El malestar de los brasileños aún resuena.” (Experiencia Brasil lleva la diversidad del turismo brasileño a la FIT)
Los premios a los stands también generaron conflictos. La mesa recuerda el fastidio de Buquebús. “Nos venían a ver los tipos cuando perdían”, cuenta Di Giambattista. Y reproduce el tono de los reclamos: “Me mandé un stand, me gasté una fortuna y perdí. No vengo más a FIT ”. La organización eliminó los premios.
Copertari recuerda la crítica que circulaba desde los tiempos de Marco Palacios: “No hay negocios en FIT. Es toda una cáscara”. Di Giambattista la ubica también durante la conducción de Tomás Ryan: los expositores necesitaban que el negocio justificara una inversión creciente.
Hacia el final de la gestión de Roza, un acuerdo con CAT y el respaldo del entonces Ministerio de Turismo potenciaron las rondas. “Vinieron con una fuerza económica impresionante y se instalaron en FIT como nunca”, recuerda Di Giambattista. Las reuniones comenzaron a multiplicarse en los propios stands, más allá del sector destinado a las citas. (FIT potencia los negocios con sus rondas)
“Llegó un momento en que la feria era una gran ronda de negocios”, sintetiza. “Querés tener negocios, tenías negocios. Tenías citas en todos los stands.”
Hani define esa transformación: “Las ferias son encuentros económicos”. Para él, un destino debe poner a sus empresas delante de compradores capaces de generar ventas, empleo y divisas.
La visita presidencial se hizo esperar
En 2010, Cristina Fernández de Kirchner tuvo su participación prácticamente acordada, recuerda Di Giambattista. La logística estaba preparada, pero la muerte de Néstor Kirchner, pocos días antes de la feria, frustró los planes.
Con Mauricio Macri en la Casa Rosada, el presidente pasó por FIT en una recorrida breve que asocian con ViajAR, la plataforma oficial de ofertas de turismo interno. La fugacidad de la herramienta y de la visita provoca ironías. La participación en el acto inaugural seguiría pendiente.
Y hubo que esperar hasta 2025 para que, bajo la presidencia de Deyá, una de las principales ferias turísticas del mundo, sea inaugurada por el presidente de turno: “Era un anhelo de todos que estuviera un presidente de la Nación”, reconoce Deyá. “Estoy contento de que haya venido bajo mi gestión porque creo que le hizo bien al sector.”
Algunos recuerdan que a Javier Milei lo recibió una platea fría y que hubo críticas por su presencia, pero todos coinciden que ayuda en la exposición de la feria y del sector. (FIT: Javier Milei generó expectativas pero solo ofreció macro y reforma laboral)
Copertari lleva el intercambio hacia otra pregunta: cuánto espacio debe ocupar la política. Entiende que los reclamos gremiales tienen su lugar en el Congreso, y que una feria con compradores, embajadores y delegaciones extranjeras debe concentrarse en proyectar al país.
Di Giambattista comparte la necesidad de distinguir el discurso institucional del gremial, pero se resiste a desperdiciar un escenario con funcionarios y prensa. Deyá destaca que una mayor jerarquía política amplifica la visibilidad del turismo.
Calendario, temporada y elecciones
En sus inicios la fecha condicionaba el negocio. Noviembre chocaba con la operación receptiva. “Estaban todos a disgusto. Los receptivos tenían la operación ya fuerte, y para el emisivo era tarde para mostrar su oferta”, recuerda Di Giambattista.
Paulatinamente fueron llevando la fecha a septiembre. “El cambio de fecha ayudó muchísimo”, afirma.
En 2015, Daniel Scioli llegó en plena carrera presidencial contra Mauricio Macri. La mesa recuerda la lluvia de papelitos naranjas.
En 2019, después de las PASO, la posible llegada de Alberto Fernández volvió a movilizar a la organización. (Alberto Fernández y la recuperación de Turismo con rango ministerial)
Hani recuerda que estuvo cerca de concretarse y se descartó por seguridad. Hubo otro efecto: se le acercaron o lo llamaron cerca de veinte dirigentes y empresarios que se presentaban como posibles futuros ministros de Turismo. “Todos eran candidatos”, resume. FIT también anticipaba el poder que podía venir.
Un producto en desarrollo
En 2013, FIT Aventura buscó llevar la experiencia turística fuera de los pabellones, en tanto el diseño y la convocatoria de expositores fue un éxito. Solo que no paró de llover. “El agua te la volteó, pero de cuajo”, recuerdan en la mesa. Para Di Giambattista, fue “el gran disparador de los cambios”.
Luego se sumaron accesibilidad, sustentabilidad, tecnología y nuevos debates. “FIT se convirtió en una máquina de incorporar”, describe Deyá. Se ampliaron los motivos para participar y una discusión que sigue abierta: cuánto aporta cada actividad al negocio.
2020-2021, suspensión y regreso
Antes de que el Covid-19 vaciara La Rural, las ferias presenciales ya discutían su supervivencia. “Las ferias llegaron a la pandemia casi con certificado de defunción”, recuerda Di Giambattista. La digitalización amenazaba al encuentro presencial.
En 2020, FIT salió por primera vez del calendario. Desde 1996 había atravesado crisis económicas, devaluaciones y cambios de gobierno sin dejar de realizarse. La pandemia interrumpió esa continuidad. En la mesa llaman a ese año “la no FIT”.
Para Hani, la decisión más riesgosa de su presidencia fue volver en diciembre de 2021. Cancelar un año más era políticamente correcto, pero “la apuesta no era solamente recuperar una feria: era demostrar que, después de meses de Zoom y encuentros virtuales, el turismo todavía necesitaba encontrarse cara a cara”.
El regreso exigía decidir con restricciones, advertencias y dudas que persistieron hasta pocos días antes. Asegura que nunca pensó en retroceder y que la comisión organizadora acompañó esa posición. Hani destaca el "éxito" de la prueba piloto que había sido el Congreso de Agentes de Viajes en Tucumán, y ponderó también el respaldo decisivo del entonces ministro de Turismo Matías Lammens. (Tucumán a la caza del Congreso de Agentes de Viajes de Faevyt)
Después volvieron a crecer visitantes, expositores, superficie y contenidos. FIT recuperó además una discusión desplazada por la emergencia: qué debía ofrecer para que valiera la pena estar allí.
La edición 30 y las distintas maneras de entender FIT
La escala alcanzada también divide a los protagonistas cuando hablan del público general. El volumen de visitantes no profesionales ayuda a comercializar espacios, pero hace falta saber qué obtiene quien paga un stand. Un espectáculo puede reunir a cientos de personas y generar atención. Copertari pregunta qué queda después: “¿Y qué vendiste? Nada”. Prefiere una feria más concentrada en el producto y los negocios.
Deyá sale al cruce. “Una de las fortalezas de la feria fue ampliar los motivos por los cuales alguien decide visitarla”, sostiene. Los recitales son su ejemplo: quien compra una entrada por un espectáculo también pasa frente a los stands, descubre destinos y conoce propuestas que quizá no había pensado buscar. “Cada uno saca el provecho que quiere.”
La masividad obliga a discutir cómo convertir la atención en interés por viajar. Copertari reclama una experiencia menos dispersa; Deyá defiende la posibilidad de captar nuevos públicos.
Hay menos diferencias cuando se trata de preservar las rondas. Deyá recuerda que, en la edición pasada, el socio que debía financiarlas finalmente no estuvo. El comité resolvió: “Las rondas de negocios se hacen igual. Son el corazón, el alma mater de la feria. No se bajan”. Se resignaban ingresos para cuidar una propuesta estratégica.
“Vos hablás de FIT en el mundo y está instalada”, afirma. Y agrega: “Quizás a veces no la valoramos tanto porque es nuestra, porque la hacemos acá. Pero a nivel mundial está”.
El costo de seguir siendo una feria federal
La discusión actual vuelve a la inversión. Deyá cuenta que, ante la decisión de la Provincia de Buenos Aires de no participar porque le significaba un costo total cercano a los $ 1.000 millones. “Pregunté: ¿cómo es la cuenta? Porque a FIT le entraban $ 180 millones”, recuerda. El resto correspondía a arquitectura, traslados, alojamiento, viáticos y logística de las delegaciones. (Provincia de Buenos Aires sin FIT: el costo político de pasar de 840 m² a cero)
La cuenta abre una discusión sobre cómo las provincias organizan su presencia. “Me parece que el modelo tiene que ser otro”, propone Deyá. Revisar la participación implica evaluar lo destinado al espacio y a la estructura que lo acompaña.
Copertari plantea revisar qué producto se muestra y qué posibilidades tiene de convertirse en turistas y negocios. “¿Cuáles son los atractivos que vende mi provincia?”, pregunta.
La mesa considera estructuras más simples, menos inversión en escenografía y una presencia orientada al producto. Buenos Aires expone un debate más amplio: cómo preservar el carácter federal cuando algunos distritos tienen dificultades para participar.
Si las provincias reducen su presencia, pueden perder espacio los destinos que dependen del stand compartido; si no se revisan los costos, esa estructura puede volverse inaccesible. La próxima etapa exige cuidar la representación y el resultado de la inversión.
La continuidad que explica las 30 ediciones
Al cierre, Copertari insiste con destacar el rol de la institucionalidad que permitó el desarrollo exitoso de FIT; “Todos los directivos, de los más distintos lugares, orígenes e ideas, siempre le pusieron su granito de arena, su esfuerzo para tomar la posta y entregarla fortalecida”.
Hani dimensiona el resultado: “Hoy FIT excede a cualquier presidente o ministro. Es más fuerte que cualquiera que esté en ese momento en el cargo”. Cambiaron gobiernos, consumidores y formas de vender viajes. Ninguna conducción recibió una hoja en blanco.
Deyá vuelve sobre una particularidad: los responsables de las decisiones son agentes de viajes y dirigentes empresarios que asumen por un período la conducción de un evento cada vez más complejo. “Es una feria súper profesional, pero tiene corazón”, define.
La feria que comenzó con US$ 50 mil y dirigentes inflando globos y limpiando los viejos pabellones de La Rural sigue discutiendo qué valor ofrece, y esa discusión es la base de su vigencia.
La posta de FIT: siete presidentes, 30 ediciones
Desde su nacimiento en 1996, FIT atravesó cambios políticos, crisis económicas, transformaciones comerciales y hasta una pandemia. En esa continuidad hubo siete presidencias que fortalecieron una feria que se fue consolidando año tras año.
- 1996–1999 Hugo Copertari: la puso en marcha. Bajo su conducción se realizó, en 1996, la primera edición de FIT y comenzó a construirse una feria propia para el turismo argentino.
- 2000–2003 Marco Palacios: la afirmó. Le tocó sostener la identidad de FIT y consolidar su continuidad en una etapa marcada por fuertes cambios económicos e institucionales..
- 2004–2005 Tomás Ryan: la reconstruyó. Condujo la feria durante la recuperación de la actividad posterior a la crisis de comienzos de siglo.
- 2006–2011 Ricardo Roza: la expandió. FIT ganó volumen, representación sectorial y protagonismo dentro del calendario turístico nacional.
- 2012–2018 Fabricio Di Giambattista: la consolidó. La feria profundizó su perfil profesional, amplió su dimensión internacional y quedó instalada como escenario político del turismo.
- 2019, 2021 y 2022 Gustavo Hani: la sostuvo en la crisis. Su gestión quedó atravesada por la pandemia, la interrupción de la presencialidad y el desafío de recuperar la feria.
- 2023–2026 Andrés Deyá: la llevó hasta su edición número 30. Encabezó la recuperación posterior a la pandemia y una nueva etapa de crecimiento, exposición institucional y convocatoria.

