Inicio
Actualidad

La caída del real pone en juego el verano entre Argentina y Brasil

Tras la victoria de Lula, un real más débil abarataría gastos en Brasil este verano y encarecer viajes de brasileños a Argentina. Qué cambia para las agencias.

La caída del real tras la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva modifica una variable para el verano: el poder de compra de quienes viajan entre Argentina y Brasil. Puede favorecer a los argentinos que consumen en el país vecino y encarecer las vacaciones de los brasileños en destinos argentinos. (Verano: Salta promociona nuevos vuelos desde Río de Janeiro)

Tras la victoria del actual mandatario y líder del PT la reacción cambiaria fue inmediata. Durante la mañana del lunes 26 de octubre, el dólar superó los R$ 5,60; mientras que al mediodía moderó la suba y cotizaba a R$ 5,454, según el Banco Central do Brasil.

De esta manera. el movimiento abre expectativas de ahorro para los viajeros, aunque todavía no acredita una baja de los precios de paquetes, vuelos y hoteles.

Qué cambia para viajar a Brasil

La ventaja más directa de un real debilitado aparece en los gastos cotizados en moneda local. Si sus precios permanecen constantes, comidas, traslados, excursiones y alojamientos demandan menos dólares para pagarlos.

Un ejemplo permite dimensionarlo: un consumo de R$ 1.000 cuesta US$ 200 con un dólar a R$ 5 y US$ 181,82 con una cotización de R$ 5,50. La diferencia es del 9,1%, antes de comisiones y otros cargos. Es una simulación del efecto cambiario, no una rebaja constatada en servicios turísticos.

Para quienes financian sus vacaciones con ingresos en pesos, la cuenta tiene otra variable: cuánto cuesta acceder a esos dólares o pagar los consumos en reales. Una suba del dólar en Argentina podría absorber parte de la ventaja obtenida en Brasil. Por eso, el ahorro depende de la relación entre ambas monedas y del costo final del medio de pago.

Tampoco todos los componentes del viaje reaccionan al mismo tiempo. Un alojamiento contratado en reales puede ofrecer una diferencia que no se traslade a un paquete con servicios pactados en dólares o cupos comprados con anticipación. Los pasajes, a su vez, tienen una dinámica de precios que impide proyectar una baja proporcional al movimiento cambiario.

Para las agencias de viajes, el dato relevante será qué proveedores modifican sus cotizaciones y en qué productos aparece una mejora efectiva. El beneficio podría concentrarse inicialmente en los consumos en destino, mientras el transporte y los servicios precontratados mantienen sus valores.(Brasil se encarece para los argentinos: ¿por qué Scioli lo celebra?)

El efecto inverso para el turismo receptivo argentino

La misma depreciación puede complicar la venta de Argentina en el mercado brasileño. Si un hotel o una excursión mantiene su tarifa en dólares, el visitante necesitará más reales para pagarla.

De sostenerse esa relación, los viajeros podrían ajustar la categoría del alojamiento, reducir noches o limitar gastos durante la estadía. También podría ganar atractivo el turismo dentro de Brasil. Se trata de posibles respuestas del consumidor que deberán contrastarse con reservas y ventas, sin atribuir al resultado electoral cambios que todavía no se comprobaron.

Para los prestadores argentinos, el desafío sería sostener el atractivo de sus propuestas frente a un cliente con menor capacidad de compra internacional. Promociones, beneficios incluidos y condiciones de contratación cobrarían mayor importancia en esa competencia.

El turismo interno argentino enfrenta otra consecuencia potencial: un Brasil más accesible en dólares podría aumentar la presión sobre los destinos locales en la disputa por el verano. Sin embargo, la comparación exige sumar transporte, alojamiento, comidas y financiación. La cotización del real, por sí sola, no define qué vacaciones resultan más económicas. (Verano: un balneario congela precios y Scioli busca créditos para viajar)

Las señales que definirán si la ventaja se sostiene de cara al verano

El alcance del cambio dependerá de cuánto dure la depreciación y de cómo evolucionen los precios turísticos. Según Reuters, los inversores esperan señales sobre el equipo económico y las medidas fiscales del próximo mandato de Lula, después de una elección cuyo resultado revirtió expectativas favorables a Flávio Bolsonaro.

Brasil tiene un régimen de cambio flotante: la cotización surge del mercado y el Banco Central puede intervenir para preservar su funcionamiento. Por lo tanto, el movimiento del real no equivale a una devaluación fijada administrativamente por el Gobierno.

Desde el propio Banco Central brasileño, Fernando Rocha, jefe del Departamento de Estadísticas, advirtió que todavía es temprano para evaluar las consecuencias de la reacción cambiaria sobre las cuentas externas. Según recogió Folha, señaló que el movimiento puede persistir o revertirse y que sus efectos no necesariamente son inmediatos.

En turismo, las próximas señales serán las tarifas actualizadas y las reservas efectivas. Una mejora cambiaria puede perder fuerza si los proveedores aumentan sus precios en reales o si se encarece el traslado.

Para las agencias que venden Brasil, la oportunidad estará en convertir un mayor poder de compra en presupuestos competitivos. Para el receptivo argentino, el desafío será conservar ventas y gasto por visitante si el mercado brasileño empieza a encontrar más caras sus vacaciones en el país.