El plan del Gobierno para crear un Centro Nacional de Datos Turísticos reabrió un debate estructural en el sector. La iniciativa, impulsada por el secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli, busca unificar estadísticas, ordenar metodologías y reconstruir un sistema de medición fragmentado, tras la discontinuidad de relevamientos históricos.
El plan de Daniel Scioli por las estadísticas turísticas suma apoyos pero genera alertas
La usina de estadísticas turística que impulsa Daniel Scioli avanza con apoyo, pero enfrenta cuestionamientos por financiamiento, metodología y sostenibilidad.
Daniel Scioli impulsa un sistema para ordenar las estadísticas turísticas y unificar datos a nivel federal. Apoyo y desconfianza en el Consejo Federal de Turismo (CFT).
Pero la discusión excede lo técnico. En el fondo, pone en juego cómo se mide el turismo en Argentina, quién produce los datos y bajo qué razonamientos se construye la información que luego condiciona decisiones públicas y privadas.
En ese marco, Ladevi Medios consultó a ministros y secretarios provinciales. El diagnóstico es claro: hay consenso en avanzar, pero no sin condiciones sobre metodología, financiamiento, continuidad y confianza en el sistema.
El giro que propone Scioli: unificar datos en un sistema fragmentado
El proyecto oficial apunta a corregir un problema estructural: la dispersión de criterios y procedimientos con la que hoy se mide el turismo en Argentina.
Actualmente, cada provincia construye sus propios indicadores, con metodologías, fuentes y tiempos de reporte distintos. Esa fragmentación, como advierte el ministro de Cultura y Turismo de Jujuy, Federico Posadas, genera “una heterogeneidad que dificulta consolidar datos comparables a nivel nacional”.
La propuesta busca ordenar ese esquema a partir de un sistema integrado que combine registros administrativos, información privada y nuevas herramientas de análisis bajo estándares comunes. (El CFT expone el momento del turismo: reclamos por estadísticas, ausencias y falta de competitividad)
Para el presidente del Consejo Federal de Turismo (CFT), Dante Querciali, ese cambio tiene impacto directo en la gestión: “Contar con estadísticas confiables permite definir mercados, orientar la promoción y planificar el desarrollo turístico”.
Sin embargo, el desafío no es menor. Varias provincias advierten que el problema no es solo modernizar el sistema, sino hacerlo sin perder la base histórica que hoy sostiene el análisis del sector.
Ordenar la medición: consenso total, con distintas expectativas
El punto de partida es compartido: avanzar hacia un sistema nacional es necesario.
“El dato duro siempre es positivo para medir, evaluar y proyectar”, resume Jorge Satto, presidente del EmTuEr, incluso cuando los resultados no acompañan.
La misma mirada se repite en distintas jurisdicciones. Nadia Loza, secretaria de Turismo de Salta, advierte que hoy “cada provincia desarrolla sus propios esquemas de relevamiento, lo cual dificulta la comparabilidad”; mientras que Marcela Aeberhard, secretaria de Turismo de Santa Fe, sostiene que un sistema unificado permitiría “ordenar la producción estadística y fortalecer la toma de decisiones”.
En provincias emergentes, el enfoque suma otra dimensión. Mónica Ojeda, directora de Promoción y Desarrollo Turístico de Formosa, considera que el sistema ayudaría a “superar la fragmentación y mejorar la planificación”; así como Verónica Mazzaroli, titular del Instituto de Turismo de Chaco, lo define como “fundamental para consolidar un sistema más robusto y transparente”.
Para Querciali, también presidente del Infuetur, la clave es clara: “Tener un sistema estadístico unificado es fundamental para orientar el desarrollo turístico y definir mercados”.
El primer límite: quién mide, cómo se mide y quién valida
El acuerdo empieza a tensionarse cuando la discusión pasa del “qué” al “cómo”. (El mapa del turismo interno argentino: ¿en qué estación concentra más turistas cada provincia?)
“Muchas provincias ‘mienten’ para mostrar una realidad que no tienen”, advierte Nelson Bravo, subsecretario de Turismo de Santiago del Estero, al poner en duda la credibilidad del sistema si cada jurisdicción produce sus propios datos.
En esa misma línea, el secretario de Turismo de La Rioja, José Rosa, aporta una lectura política: “Cuando los números no cierran, hay dos caminos: corregir la realidad o discutir cómo se mide”.
Desde Mendoza, Gabriela Testa, presidenta del Ente Mendoza Turismo, introduce otro eje crítico: “Debe evitarse un ‘salto al vacío’ metodológico que rompa series estadísticas de más de 20 años”.
A ese planteo se suma el contexto político. La subsecretaria de Turismo de la provincia de Buenos Aires, Soledad Martínez, advierte que “los datos que se publican son los que resultan favorables”; al tiempo que el ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa, plantea la necesidad de “sincerar los datos y evitar egoísmos políticos”.
Un sistema que no parte de cero: antecedentes y el riesgo de volver a empezar
El debate también está atravesado por la experiencia reciente.
“Se intentó en varias oportunidades unificar criterios con capacitaciones y metodologías, pero el problema siempre fue sostenerlo en el tiempo”, recuerda Posadas.
Más que discutir la necesidad del sistema, las provincias ponen el foco en su continuidad. Rosa señala que el desafío no es solo implementarlo, sino “garantizar consistencia, actualización permanente y calidad en la información, porque sin eso cualquier herramienta pierde valor”.
Querciali agrega que el esquema anterior generaba “distorsiones en la medición del consumo y del impacto económico”, lo que afectaba directamente el análisis del sector.
En ese contexto, Testa introduce un concepto que atraviesa el debate: la falta de datos consistentes genera una “ceguera competitiva” que limita la capacidad de los destinos para analizar su desempeño, compararse y tomar decisiones.
Recursos y brechas: un sistema que expone las asimetrías
La implementación del sistema también deja en evidencia las diferencias entre provincias. (Turismo emisivo y receptivo en 2025: cómo se movieron los viajeros según los datos del Indec)
En distritos con menor desarrollo, el foco está en fortalecer capacidades. Ojeda advierte que será necesario “invertir en herramientas tecnológicas y ampliar equipos”, mientras que Mazzaroli plantea la necesidad de “formar perfiles técnicos especializados”.
En Santa Fe, Aeberhard agrega que la adaptación implicará “inversiones en equipamiento, capacitación y fortalecimiento técnico”.
Por otro lado, provincias como Salta o Mendoza parten de estructuras más consolidadas, aunque también enfrentan desafíos. “La transición hacia esquemas de big data requerirá inversión en infraestructura y formación específica”, remarca Testa.
Posadas sintetiza el problema en clave federal: “El desafío es reducir las brechas tecnológicas entre jurisdicciones con financiamiento sostenido”.
El problema estructural: cómo se toman los datos
Más allá de la infraestructura, uno de los principales cuellos de botella está en la base del sistema.
“El problema no es el procesamiento, es la toma de datos”, resume Bravo, para subrayar: “Muchas veces la información se distorsiona por objetivos promocionales”.
Las dificultades son compartidas. Aeberhard menciona problemas para “obtener datos confiables de ocupación, captar excursionistas y medir el impacto económico”.
En línea, Arrúa y Loza reconocen que “existe resistencia del sector privado a compartir información”; al tiempo que Satto suma la complejidad territorial: “La cantidad de destinos y actores dificulta la medición, especialmente en períodos de alta demanda”.
Aunque el esquema prevé integrar información del sector privado, uno de los interrogantes de fondo que se preguntan los funcionarios es hasta qué punto las empresas estarán dispuestas a compartir datos sensibles de su operación.
En un mercado donde persisten niveles de informalidad, la exposición de información podría generar tensiones, tanto por eventuales implicancias impositivas como por el costo de formalizar estructuras que hoy funcionan parcialmente fuera del sistema.
Desde La Rioja, Rosa introduce otra dimensión: “El desafío es lograr que la información fluya de manera ágil y consistente”.
A esto se suma un problema estructural del turismo interno. Según Posadas, “la baja trazabilidad dificulta entender cómo se mueve la demanda entre provincias”. (La nueva usina de datos turísticos: el plan de Daniel Scioli para medir, ordenar y decidir)
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Estadísticas: sin políticas, los datos no alcanzan
Aun con diferencias sobre la implementación, hay un punto en común: el dato no es una solución en sí misma. (Scioli estrena sistema de medición: turismo emisivo cae tras un récord y el receptivo se recupera)
“El turismo necesita datos, pero sobre todo que esos datos se conviertan en políticas públicas concretas”, advierte José Rosa.
Desde Entre Ríos, Satto coincide en que “el dato no mejora por sí mismo la competitividad, sino que permite ajustar decisiones”.
La mirada más crítica llega desde Buenos Aires. “La competitividad depende de la economía, no del sistema de datos”, plantea Martínez.
Sin embargo, el consenso no implica restarle importancia a la herramienta. Ojeda sostiene que el desafío es “transformar la información en decisiones concretas”. Aeberhard remarca que su impacto dependerá de cómo se utilice en la planificación.
Para qué sirven los datos: de la medición a la estrategia
Más allá de las advertencias, las provincias coinciden en el potencial del sistema si se implementa correctamente.
Para Testa permitiría “negociar conectividad, atraer inversiones y comparar el desempeño entre destinos”. Loza, por su parte, destaca que facilitaría “orientar campañas y evaluar políticas con mayor precisión”.
Sin embargo, no todos ven el escenario sin matices. La mayor disponibilidad y transparencia de datos podría profundizar asimetrías entre provincias: aquellas con mayor volumen de demanda y desarrollo podrían captar más inversiones, mientras que los destinos emergentes quedarían más expuestos en su rezago. En ese punto, algunos referentes advierten que el desafío no será solo medir mejor, sino también evitar que la información termine consolidando brechas en lugar de corregirlas.
Por otra parte, Posadas lo baja a la gestión: el sistema permitiría mejorar la promoción, la conectividad, la estacionalidad y la asignación de recursos.
En un contexto más complejo, Arrúa aporta una mirada estratégica: los datos permiten “ordenar la demanda y optimizar recursos para una promoción más eficiente”.
Además, introduce nuevos ejes: “También es clave medir turismo sostenible, consumo energético y avanzar hacia destinos inteligentes”.
Querciali completa el enfoque al señalar que un sistema unificado permitiría “corregir distorsiones en el análisis del consumo turístico”.
La discusión de fondo: sin confianza ni continuidad, el sistema pierde sentido
Si en los ejes técnicos aparecen diferencias, es en el plano político donde se concentra la mayor preocupación. (El dato que incomoda al turismo interno: más viajes pero menos gasto en el feriado por el Día de la Memoria)
Martínez advierte que “los datos que se publican son los que resultan favorables”; así como pone en duda la voluntad de avanzar en un esquema que exponga un escenario adverso para la actividad.
A su turno, Bravo insiste en que sin independencia “la confiabilidad queda sujeta al interés político”.
Al respecto, Testa plantea la necesidad de institucionalidad y puntualizó que el Indec debe ser el organismo rector para garantizar rigurosidad.
Desde el Norte introdujeron un problema estructural: “Sin continuidad entre gestiones, cualquier sistema vuelve a empezar de cero y la herramienta pierde valor”.
En este sentido, hay consenso entre los funcionarios en impulsar marcos legislativos que den previsibilidad y sostén a políticas turísticas de largo plazo.
Arrúa sintetiza el eje central: “Sin voluntad política, esto no va a salir adelante”; mientras que Querciali completa la mirada federal: “Es un proceso que requiere acuerdos y no tendrá resultados inmediatos”.
Un sistema necesario, pero sin margen para errores
El relevamiento deja una conclusión clara: el Centro de Datos Turísticos de Scioli tiene respaldo, pero no un cheque en blanco.
Las provincias coinciden en las condiciones:
- Metodologías comunes.
- Continuidad estadística.
- Financiamiento sostenido.
- Gobernanza federal.
Sin esos elementos, advierten, el proyecto corre el riesgo de repetir intentos fallidos.
Porque el desafío ya no es solo medir mejor el turismo, sino construir un sistema que genere confianza, sobreviva a los cambios políticos y sea realmente útil para la toma de decisiones.
La Mesa Federal de Estadísticas Turísticas inicia su hoja de ruta
El 23 de abril se realizará la primera reunión de la Mesa Federal de Estadísticas Turísticas, un ámbito técnico creado para coordinar el sistema de información del sector entre Nación y las 24 jurisdicciones.
Hasta el momento, todas las provincias designaron representantes, con la excepción de Santiago del Estero, que podría sumarse en las próximas horas. La iniciativa busca homogeneizar definiciones, metodologías y calendarios de reporte para mejorar la comparabilidad y oportunidad de los datos.
En la práctica, apunta a reducir la dispersión de criterios, fortalecer capacidades técnicas y garantizar información confiable, con trazabilidad y continuidad estadística.
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