Inicio
Actualidad

La nueva usina de datos turísticos: el plan de Daniel Scioli para medir, ordenar y decidir

Daniel Scioli impulsa un Centro Nacional de Datos Turísticos para unificar estadísticas, integrar provincias y gremiales, y reconstruir el sistema de medición.

La medición del turismo en Argentina entró en una zona crítica. La discontinuidad de herramientas clave, la fragmentación de fuentes y la falta de datos comparables dejaron al sector sin una referencia clara. En ese contexto, Daniel Scioli, secretario de Turismo, avanza con un plan para reconstruir el sistema estadístico y recuperar el control sobre la información.

En los últimos años, el sistema de medición turística argentino perdió consistencia. El uso de múltiples fuentes, sin una arquitectura común ni criterios homogéneos, derivó en una lectura parcial de la actividad, con datos que muchas veces no dialogan entre sí.

El problema excede lo técnico. Sin estadísticas confiables, comparables y actualizadas, la capacidad de diseñar políticas públicas, evaluar el impacto económico del turismo o tomar decisiones empresariales se ve seriamente limitada.

Cómo se mide hoy el turismo

Hoy la medición del turismo funciona bajo un esquema híbrido. En el plano internacional, los registros de la Dirección Nacional de Migraciones permiten construir una base sólida sobre los flujos de turistas que ingresan y egresan del país. (Migraciones más rápidas en vuelos internacionales)

A partir de esa información, la Secretaría de Turismo elabora reportes periódicos que analizan mercados emisores, el comportamiento del turismo receptivo y la evolución del emisivo. Estos números se complementan con información del sistema aerocomercial (ANAC), tránsito vehicular (AUSA), relevamientos en áreas protegidas y herramientas del sector privado.

Ese esquema funciona como un termómetro de corto plazo. Pero cuando se mira más a fondo, aparecen las debilidades estructurales.

Turismo interno: el agujero del sistema

El principal déficit del sistema estadístico turístico argentino se concentra en el turismo interno. A diferencia del internacional, donde existen registros administrativos sistemáticos, la medición de los viajes dentro del país depende de relevamientos descentralizados, sin un protocolo común.

Provincias, municipios, cámaras y observatorios generan sus propios datos, pero lo hacen con metodologías dispares, frecuencias irregulares y distintos niveles de cobertura e intereses. El resultado es un mapa heterogéneo, donde los indicadores no siempre son comparables ni permiten construir una lectura agregada con rigor.

Esta fragmentación no solo dificulta el análisis. También condiciona la planificación, distorsiona diagnósticos y debilita la toma de decisiones tanto en el sector público como privado.

El plan oficial: ordenar y unificar

Frente a este escenario, la Secretaría de Turismo impulsa la creación de un Centro Nacional de Datos Turísticos. La apuesta es centralizar la información, definir criterios metodológicos comunes y articular un sistema integrado entre Nación, provincias y sector privado. (El CFT priorizó la construcción de datos propios)

El esquema tendrá una lógica federal. Cada provincia contará con referentes técnicos designados –titular y suplente– que funcionarán como nodos dentro de una red coordinada desde la Dirección Nacional de Mercados y Estadística.

En una primera etapa, se prevé conformar una mesa técnica nacional con participación de equipos provinciales, organismos públicos y cámaras empresarias. El objetivo es relevar capacidades, detectar brechas y establecer estándares comunes.

La idea es ambiciosa: transformar ese mosaico de datos en un sistema único, consistente y comparable.

La implementación será gradual. Se avanzará con un conjunto acotado de variables y jurisdicciones, con la intención de escalar el sistema a medida que se consoliden capacidades técnicas y coordinación entre actores. La meta es que empiece a operar durante 2026.

Estándares internacionales

El rediseño busca alinearse con estándares internacionales. Es el modelo que impulsa ONU Turismo: integrar múltiples fuentes bajo metodologías comunes y validar la información de manera cruzada.

La lógica combina estadísticas duras –como llegadas de turistas o ingresos– con indicadores cualitativos que permiten anticipar tendencias. El desafío no es solo producir más datos, sino integrarlos en un esquema consistente y útil.

Medir mejor: gasto, empleo e impacto real

Uno de los ejes centrales del nuevo esquema es mejorar la medición de variables críticas que hoy presentan debilidades estructurales. Entre ellas se destacan el gasto turístico, el impacto económico de la actividad, el empleo generado por el sector y su contribución al PBI, indicadores que en la actualidad carecen de una actualización sistemática y comparable.

La discontinuidad de herramientas como la cuenta satélite de turismo dejaron un vacío en la capacidad de dimensionar con precisión el peso económico de la actividad. (Con Migraciones y sin Indec: cómo leer los nuevos datos de turismo)

Hoy, estimaciones sobre empleo o aporte al producto dependen en muchos casos de estudios puntuales o series desactualizadas, lo que limita la posibilidad de construir diagnósticos consistentes y diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

En ese contexto, el desarrollo de un sistema de datos propio aparece como una necesidad estratégica. Contar con información producida bajo criterios homogéneos permitiría no solo medir mejor la actividad, sino también recuperar capacidad de interpretación sobre variables clave como la generación de empleo -tanto directo como indirecto-, el nivel de formalidad del sector y su impacto en las economías regionales.

El problema se agrava por la naturaleza transversal del sector. Gran parte de la actividad económica vinculada al turismo -especialmente en segmentos informales o indirectos-, no queda registrada en los circuitos tradicionales, lo que distorsiona la medición del impacto real.

A esto se suma la dificultad de estimar el gasto turístico, atravesado por diferencias metodológicas, subdeclaraciones y limitaciones para captar consumos fuera de los sistemas formales. La inclusión de excursionistas, que no pernoctan, agrega complejidad a los indicadores.

Cómo mide el turismo el sector privado

Mientras el Estado busca reconstruir un sistema estadístico integrado, las principales entidades del sector turístico ya producen sus propios datos a partir de relevamientos directos entre empresas y destinos. Asociaciones como la Cámara Argentina de Turismo (CAT) y la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT) elaboran informes periódicos que funcionan como termómetro de la actividad, especialmente en el turismo interno.

Estos relevamientos se basan en encuestas a establecimientos y actores del sector que reportan niveles de ocupación, tarifas, reservas, expectativas de demanda y, en algunos casos, inversiones o desarrollo de productos. A diferencia de los sistemas oficiales, no buscan representar a todo el universo turístico, sino ofrecer una lectura rápida y sectorial del desempeño de la actividad.

Su principal valor es la inmediatez. Permiten anticipar tendencias, detectar caídas o repuntes en la demanda y monitorear el mercado en tiempo real. Sin embargo, presentan limitaciones en términos de representatividad, ya que dependen del nivel de respuesta de las empresas y de la cobertura de la muestra. A su vez, los criterios metodológicos no siempre son homogéneos, lo que puede generar diferencias entre relevamientos y dificultar la comparación con las estadísticas oficiales.

En este contexto, la convivencia entre datos públicos y privados refleja una de las principales tensiones del sistema: la necesidad de contar con información ágil y cercana al mercado, sin perder rigurosidad ni comparabilidad.

El Observatorio de Turismo de Reuniones de AOCA aporta una mirada más estructurada dentro del sector privado. Releva el segmento MICE a partir de una base federal de eventos construida con información de burós, destinos y organizadores. Sobre ese registro aplica encuestas y estimaciones de gasto por asistente para calcular el impacto económico, con continuidad anual y validación cruzada de datos que permiten construir series comparables.

En paralelo, la CAME elabora informes basados en un esquema de estimación que combina cantidad de turistas, estadía y gasto promedio. La información surge de consultas a cámaras empresarias, datos provinciales y relevamientos en destinos, especialmente en fines de semana largos y temporadas. (Por cada extranjero que llegó, tres argentinos viajaron al exterior)

Cuando faltan registros, se aplican promedios regionales y extrapolaciones. El objetivo no es la precisión estadística, sino ofrecer una lectura rápida del impacto económico, incluyendo segmentos informales que no siempre quedan registrados.

Desde otra perspectiva, el Instituto de Economía de la UADE analiza el turismo con una mirada macroeconómica. Sus informes se construyen a partir del cruce de estadísticas oficiales y privadas -como Indec, Banco Central o Migraciones- para interpretar tendencias, estimar impactos y proyectar escenarios. Su foco no está en medir el volumen de turistas, sino en comprender el peso del turismo dentro de la economía.

Del dato disperso al control de la información

Pero el problema no es solo técnico. También es político. En turismo, gran parte de la información se genera en el ámbito privado, pyme y Mipyme o en jurisdicciones descentralizadas. Eso introduce tensiones sobre su disponibilidad, precisión y uso.

Muchos actores no quieren compartir datos sensibles. La informalidad, la presión impositiva y la competencia generan incentivos para retener o distorsionar información.

A esto se suma otra dimensión: provincias y destinos no solo miden para gestionar, también lo hacen para comunicar su desempeño. El dato, en ese contexto, puede ser un activo estratégico o político

La heterogeneidad de capacidades técnicas y presupuestarias profundiza las brechas. Mientras algunos destinos cuentan con observatorios consolidados, otros operan con estructuras limitadas.

El desafío, entonces, no es solo integrar información. Es construir confianza.

El problema no es el dato, es no querer verlo

En muchos casos, la falta de metodología no es una falencia, sino parte de una estrategia para conformar a los poderes de turno. (El mapa del turismo interno: cuándo y dónde viajan los argentinos)

Mientras algunas jurisdicciones destacan la concurrencia a festivales populares, otras priorizan el nivel de pernocte o el consumo y, en ciertos casos, los indicadores se diluyen en percepciones difíciles de contrastar. Sin un criterio común, los datos dejan de ser una herramienta de análisis para convertirse en una forma de comunicación.

El desafío, entonces, no es solo técnico. Es una decisión de los funcionarios públicos y de los referentes del sector privado trabajar con números que reflejen la realidad, incluso cuando esa realidad incomoda.

En un momento político donde el discurso apela a reconstruir desde las cenizas, nadie debería molestarse por las malas noticias.

La relación con el Indec: hacia un modelo complementario

Lejos de plantear una ruptura, el rediseño del sistema estadístico apunta a construir un esquema complementario con el Indec. La idea es sostener metodologías compatibles que permitan ampliar la cobertura de los relevamientos y mejorar la representatividad de las muestras.

En ese sentido, el objetivo de mediano plazo es avanzar hacia un modelo en el que los datos producidos por la Secretaría y los organismos estadísticos puedan integrarse, generando una base más amplia y robusta para el análisis del sector, y que no quede relegada a una foto de un puñado de aeropuertos y pasos fronterizos.