El trabajo, para la mayoría de las personas, es algo más que un compromiso de una cantidad de horas a la semana; la mayoría destinan muchas horas diarias a las actividades relacionadas con el trabajo, a la vez que se suman las horas de traslado, preparación para el trabajo y almuerzo, entre otros aspectos.
No sólo se dedica mucho tiempo a las actividades relacionadas con el trabajo, sino que muchas personas encuentran en él una parte considerable de sus satisfacciones e identidad. Por lo tanto, las actividades dentro y fuera del trabajo son interdependientes y, en general, resulta artificial distinguir entre estrés laboral y doméstico.
El estrés dentro y fuera del trabajo suele interrelacionarse. Las fuentes de estrés laboral invaden el terreno de las actividades no laborales de una persona. A causa de estresores experimentados en el trabajo, la persona puede llegar irritable, agresiva y fatigada al hogar, y pelear con su pareja. El conflicto matrimonial resultante puede ser una fuente subsecuente de estrés que, a su vez, afecte el desempeño en el puesto.
Los estresores laborales se clasifican en cuatro categorías:
• Estresores del entorno físico: son un problema predominante en las ocupaciones de los trabajadores y suelen causar muchos accidentes. Entre los más frecuentes podemos mencionar: luz, ruido, temperatura, aire contaminado, algunas sustancias químicas, radiación, pesticidas y otras sustancias tóxicas. Además, los trabajadores se pueden tornar nerviosos y con estrés a causa de las supuestas consecuencias para la salud relacionadas con empleos, como los de policías, enfermeras, secretarias y trabajadores sociales.
• Estresores individuales: algunos de ellos son el conflicto y ambigüedad de funciones, el exceso de trabajo, el exceso de responsabilidad y las condiciones de trabajo. La ambigüedad de funciones se debe a la falta de comprensión, por parte de la persona, de sus derechos, privilegios y obligaciones en el desempeño de su trabajo. La sobrecarga de trabajo puede ser de dos tipos: cuantitativa o cualitativa. La primera se refiere a tener demasiadas cosas para hacer o poco tiempo para terminar una tarea. La segunda sucede cuando las personas sienten que carecen de la capacidad necesaria para realizar sus tareas, o que las normas de calidad son demasiado exigentes.
• Estresores de grupo: son las malas relaciones con los pares, los subordinados y el supervisor. Mantener buenas relaciones entre los miembros del grupo de trabajo es un factor central para alcanzar el bienestar individual. Las malas relaciones incluyen la falta de confianza, un bajo apoyo a los demás, y un escaso interés en escuchar y tratar de solucionar los problemas que afrontan los empleados. En resumen, se puede observar que los estresores laborales se relacionan con cambios físicos, psicológicos y emocionales de los individuos.
• Estresores de la organización: entre los más frecuentes podemos identificar la participación en la toma de decisiones y la estructura de la organización. La participación consiste en el grado en que los conocimientos, las opiniones y las ideas de las personas se toman en cuenta en el proceso de toma de decisiones. Tal participación puede contribuir al estrés, ya que algunas personas se pueden sentir frustradas por las demoras que por lo general se asocian con la toma participativa de decisiones. Las personas que trabajan en organizaciones de estructuras menos burocráticas experimentan menos estrés, más satisfacción en el puesto, y rinden más que las que trabajan en estructuras muy burocráticas.
FUENTE: el-estres-y-el-trabajo
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