El gobierno de Javier Milei reglamentó el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), una herramienta fiscal orientada a promover inversiones que puede alcanzar al turismo. Sin embargo, su impacto en el sector será limitado en el corto plazo: no está operativo y no aparenta resolver la crisis de demanda que atraviesa la actividad.
RIMI: el régimen de inversiones que no resuelve la crisis del turismo
El Gobierno reglamentó el RIMI para impulsar inversiones de MiPyMEs. Alcanza a hoteles y agencias, pero no está operativo ni resuelve la crisis del turismo.
Inversión en hoteles y empresas turísticas podrían aprovechar el RIMI, aunque el impacto en la actividad será limitado en el corto plazo.
La medida, formalizada a través del Decreto 242/2026, busca mejorar la competitividad mediante beneficios impositivos para proyectos productivos. Pero en un escenario marcado por la caída del consumo, la presión sobre los costos y la debilidad del turismo receptivo, el régimen aparece más como una apuesta a mediano plazo que como una solución inmediata.
Turismo: quiénes pueden aprovechar el RIMI
El régimen está dirigido a micro, pequeñas y medianas empresas que realicen inversiones productivas en el país. En ese marco, distintos actores del turismo podrían quedar alcanzados, aunque con matices.
Hoteles y alojamientos aparecen como los principales beneficiarios potenciales. El esquema permite incluir inversiones en remodelaciones, ampliaciones, equipamiento y mejoras en eficiencia energética. Incluso contempla obras con bajo grado de avance, lo que abre una ventana para proyectos ya iniciados. (Glaciares: inversión minera, reputación ambiental y el riesgo para el turismo receptivo)
En gastronomía, el RIMI puede aplicarse a la renovación de equipamiento, incorporación de tecnología y mejoras operativas. En tanto, agencias de viajes y operadores encontrarían su principal oportunidad en inversiones vinculadas a digitalización, sistemas y telecomunicaciones.
Uno de los puntos que genera dudas es el alcance sobre el transporte turístico. El decreto excluye automóviles dentro de los bienes alcanzados, lo que deja en una zona gris a un segmento clave de la actividad.
Beneficios fiscales: incentivo a la inversión
El principal atractivo del RIMI radica en los beneficios impositivos que ofrece para quienes encaren proyectos de inversión.
Entre ellos se destacan la amortización acelerada en el impuesto a las Ganancias y la posibilidad de acceder a la devolución anticipada de créditos fiscales de IVA, aunque este último punto estará condicionado por cupos presupuestarios.
Además, el régimen incorpora incentivos para inversiones en eficiencia energética, un aspecto relevante para la hotelería, donde los costos operativos vinculados a energía tienen un peso significativo.
Desde una perspectiva sectorial, estas herramientas pueden mejorar la ecuación económica de proyectos de renovación y modernización, especialmente en empresas que ya tenían planes de inversión. (Santa Fe reduce impuestos a hoteles: quiénes pagarán menos Ingresos Brutos y cómo impacta en el turismo)
Sin efecto inmediato: por qué no cambia la coyuntura
Pese a su potencial, el RIMI no tendrá impacto inmediato en la actividad turística.
En primer lugar, porque aún no está operativo: el propio decreto establece que deben dictarse normas complementarias para su implementación, por lo que hoy las empresas no pueden adherirse.
En segundo lugar, porque se trata de un régimen orientado a inversiones y no a aliviar costos corrientes ni a estimular la demanda, dos de los principales desafíos que enfrenta el sector.
A esto se suma que el acceso a los beneficios requiere formalidad, certificación MiPyME y situación fiscal regularizada, condiciones que no todas las empresas cumplen en el actual contexto.
Una oportunidad para algunos, no para todos
En este escenario, el RIMI se perfila como una herramienta útil para empresas turísticas con capacidad de inversión, planificación y espalda financiera, más que como un salvavidas para el conjunto del sector.
Hoteles medianos, establecimientos gastronómicos consolidados y empresas que apuesten a la eficiencia o la digitalización podrían encontrar en el régimen un incentivo concreto para mejorar su competitividad.
Sin embargo, para buena parte del turismo –especialmente los actores más golpeados por la caída de la demanda–, el impacto será, al menos por ahora, marginal.
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