Los “records turísticos”, entre la recuperación y el estancamiento

El MinTur volvió a festejar un “nuevo récord de turistas hospedados en Argentina”. Si bien es cierto que desde 2017 los números han empezado a repuntar, hay un estancamiento relativo del turismo en la última década. De hecho, la cantidad de huéspedes extranjeros alojados en enero es menor a la de hace tres años (-6%) y está muy lejos de la marca de 2011. Sólo el emisivo crece en forma acumulada y significativa.

La semana pasada el Ministerio de Turismo de la Nación volvió a celebrar públicamente un “Nuevo récord de turistas hospedados en Argentina”. Los festejos por los datos de enero pasado volvieron a coronarse con el latiguillo predilecto del ministro Gustavo Santos: “La actividad continúa creciendo en todo el país de manera sostenida y se consolida como un pilar fundamental de la economía nacional”.

Efectivamente, una parte de las estadísticas del Indec cumple con la definición del diccionario para la palabra récord (resultado máximo en una actividad). Con un incremento interanual del 2,6%, la cantidad de viajeros nacionales hospedados en enero fue el mejor registro desde que se empezó a implementar la Encuesta de Ocupación Hotelera en 2005.

Al margen de que las tasas de crecimiento respecto a un flojo 2017 son muy modestas (+2,1% en total de pernoctaciones y +2,6% en pasajeros), lo cierto es que el uso del titular “récord de turistas hospedados” es -cuanto menos- aplicado con excesiva generosidad por parte del organismo, que ya había bautizado a 2017 como “el año de los records turísticos”.

Además, no reconoce los comportamientos dispares a nivel regional. Es decir, para Cuyo lejos de ser un récord el año 2018 arrancó con un 5% menos de viajeros hospedados (idéntica caída a la sufrida por la Patagonia) y un 7% menos de pernoctaciones (en el sur del país el descenso interanual fue del 2,1%). En tanto que sí en Buenos Aires, Córdoba y Litoral se marcaron los mejores registros de viajeros para el mes de la última década.

 

MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS.

Al diseccionar las estadísticas lo que se observa no son sólo resultados dispares, sino que al ponerlos en una línea temporal más amplia el panorama ofrece un estancamiento del cual no se termina de salir. De hecho, del único récord del que cabe ufanarse es el de viajeros argentinos hospedados en enero en destinos nacionales.

Por lo demás, la cantidad de huéspedes extranjeros alojados en el primer mes del año es menor a la de hace tres años (-6%) y está muy lejos del verdadero récord de 2011. El número de no residentes que se alojaron en ese enero de hace siete años fue un 21% mayor, o sea una diferencia de más de 113 mil pasajeros (que para un periodo de 31 días es mucho).

Pero ése no es el único récord invisible. La cantidad de pernoctaciones en enero de 2018 también está lejos no sólo de los registros de 2011, sino incluso de los de 2015. En promedio, el número de noches que se alojaron los turistas es un 5% menor a esos años, lo que se traduce en alrededor de 340 mil pernoctaciones menos en solo un mes.

Datos que, por otra parte, no son extraños. Ya que, por ejemplo, los arribos vía Ezeiza y Aeroparque son un 15% menores a los de siete años atrás, en un período donde en el mundo los viajes internacionales no han parado de crecer a una tasa promedio del 4% anual. 

Todo esto revela que, si bien es cierto que desde 2017 los números han empezado a repuntar, hay un estancamiento relativo del turismo en la última década. Por el otro, le da sentido a la brecha existente entre lo que inspira la palabra “récord” y la muy cauta evolución del termómetro de los empresarios que viven del turismo receptivo y nacional.

 

EL RÉCORD QUE SE SIENTE.

En el segmento donde los records son masivos, acumulativos y significativos es en el emisivo. En enero creció un 20,5% la salida de argentinos por avión, a tono con la racha de crecimiento de los últimos tres años y con el hecho de que en 2017 nunca bajó de los dos dígitos interanuales (el promedio fue del 17,7%). También las pernoctaciones suben de a dos dígitos.

Aunque la comparación sea odiosa, a diferencia del receptivo, las tasas de las salidas de argentinos al exterior se producen contra periodos de altísimo crecimiento ininterrumpido. O sea, mientras que el receptivo vía Ezeiza y Aeroparque está un 15% por debajo que en enero de 2012, las salidas de argentinos están un 70% por encima de los registros de esa fecha.

Y eso se traduce en la tan temida estadística de divisas del Banco Central, publicada días atrás. Si bien desde el mes pasado la autoridad monetaria matizó enormemente el impacto de su trabajo como reflejo del turismo (ver recuadro), lo cierto es que el déficit de la cuenta “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” volvió a registrar en febrero un incremento interanual del 15%, para acumular en lo que va del año un rojo de US$ 2.369 millones en apenas dos meses.     

En un reciente informe, el Central se desgañitó explicando que su MULC no es representativo de lo que los extranjeros gastan en el país, “en especial por el cambio de moneda en el mercado informal” (SIC). De hecho, reconoce que en su informe “los ingresos cambiarios vinculados a viajes sólo representaron en 2017 un 36% de los cobros totales de argentinos por servicios brindados a no residentes”. Tras lo cual, recomienda contrastar el dato con la mayor fiabilidad de la Balanza de Pagos del Indec, la cual de todos modos arrojó en 2017 un déficit de más de US$ 5.500 millones en el rubro Viajes (no incluye el transporte al exterior). En 2010 esa misma estadística era favorable al turismo receptivo, mientras que en el período posterior hasta 2015 nunca había sido negativa en más de US$ 2.000 millones.

El Central se abrió y transparentó datos

Desde enero y tras sucesivas reuniones con funcionarios del Ministerio de Turismo y la Faevyt, el Banco Central empezó mostrar una mayor apertura de los datos que despliega en su informe de Balance de Divisas (ver gráfico).

En lo que respecta al emisivo el reconocimiento más importante es que de lo que se gira al exterior para cancelar con emisoras internacionales de tarjetas no todo está vinculado a turismo: “Ya que una porción corresponde a la cancelación de bienes o servicios contratados online por los argentinos sin que se trasladen al exterior. Por ejemplo, entretenimiento, informática, suscripciones, bienes ‘puerta a puerta’; es decir, e-commerce que no está vinculado a un viaje, sin que exista la posibilidad de distinción para la entidad que presenta la información cambiaria ante el Banco Central”. De todos modos, la incidencia de la compras digitales es bastante menor a la que estimaba la Faevyt cada vez que se acusaba a las agencias emisivas de dilapidar las reservas de divisas del Central. Según el BCRA, de lo girado al exterior en todo 2017 para saldar deudas de tarjetas, apenas el 15% (US$ 1.300 millones) correspondió a bienes o servicios que se recibieron sin que el argentino haya cruzado la frontera. 

Otro dato interesante que sumó el Central es cuánto de lo que consumen los viajeros en el exterior tiene que ver con la prestación de servicios turísticos. De acuerdo a los datos provistos por las tarjetas, el 40% de los gastos (US$ 4.000 millones en 2017) corresponden a bienes, principalmente indumentaria, seguido de artículos del hogar y supermercados.

En números

2,6% creció la cantidad de viajeros nacionales en enero, siendo el mejor registro para el mes desde 2005.

5% ayeron las pernoctaciones en enero de 2018 respecto a enero de 2015 y 2011.

21% mayor fue el número de extranjeros que se alojaron en enero de 2011 en el país respecto al dato de 2018.

FUENTE: los-records-turisticos-entre-la-recuperacion-y-el-estancamiento

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