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Cuba fue escenario de la exitosa segunda convención de Ola

La Segunda Convención Ola en Cuba no fue un evento más: fue la confirmación de que la compañía quiere trascender el esquema tradicional de las mayoristas. La propuesta es clara: no solo vender viajes, sino generar comunidad, conocimiento y experiencias compartidas.

Cuba fue escenario de la segunda gran apuesta de Ola, una convención que reunió a 90 de sus principales agencias de viajes socias de todo el país y que ya empieza a perfilarse como un clásico en el calendario turístico argentino.

No fue solo una convención: fue, como destacó Andrés de Rossi, director comercial de la compañía, “un espacio para generar vínculos, compartir y poner en primer plano el costado más humano del turismo”.

De Rossi no duda en calificar la experiencia como “una alegría muy grande”. En diálogo con este medio, confesó que lo más valioso estuvo en los momentos espontáneos: “Ver a agentes de viajes de distintas ciudades conectando, charlando entre sí, generando nuevos negocios y vínculos en un ambiente tan natural fue lo que buscábamos, más allá de toda información y novedades que pudiéramos transmitir”.

En lo empresarial, el director comercial subrayó que el gran logro fue consolidar la convención como parte del calendario anual de eventos de turismo: “Si la primera edición había sido un desafío, esta segunda tenía un reto diferente: sostenerse en el tiempo y transformarse en un clásico del calendario turístico argentino. Ese era el objetivo y ahora ya estamos pensando en la tercera”.

Cuba, mucho más que una sede

Cuando se anunció que la segunda edición sería en Cuba, las reacciones fueron variadas. Sin embargo, la realidad superó las expectativas. (Todos los detalles de la convención de Ola en Cuba 2025)

“Desde la recepción en los hoteles hasta la excursión final en Cayo Blanco, todo fue de primer nivel. La calidad gastronómica, la hotelería y, sobre todo, la calidez de la gente, nos sorprendió a todos”, aseguró De Rossi.

El ejecutivo también remarcó que la gran deuda pendiente de Cuba sigue siendo la conectividad aérea, aunque resaltó que “sus playas y su gente hacen que sea un destino con todo el potencial para recuperar niveles de años atrás”.

Para muchos agentes, la convención significó también redescubrir la isla, volver a verla sin prejuicios y con la certeza de que sigue teniendo un diferencial poderoso: playas sin sargazo, cultura vibrante y hospitalidad.

Convención Ola: un mensaje directo al trade

La Convención Ola no es un evento abierto: participan las agencias que más acompañan el crecimiento del operador. A ellas, De Rossi les dedicó un agradecimiento especial:

“Gracias por confiar en Ola, por la predisposición y por ser parte de esta experiencia. Este evento es una consecuencia del apoyo que ustedes nos dan día a día”.

A las agencias que no estuvieron presentes, la invitación quedó clara: apostar a incrementar ventas y sumarse a la tercera edición: “La idea es mantener un número acotado de participantes, porque si se hace muy masivo se pierde la magia. Lo que buscamos es que haya cercanía y disfrute compartido”.

Mirada hacia adelante: un 2026 que será de crecimiento

El futuro, según los análisis compartidos, se muestra con un horizonte estable. Ola proyecta un 2026 con un escenario macroeconómico similar al actual, con leve recuperación del salario y más argentinos volviendo a viajar. (Segunda convención de Ola en Cuba 2025: capacitación y profundización de lazos)

“El contexto político genera incertidumbre, pero los indicadores marcan una tendencia positiva”, señaló De Rossi.

Esto le permite a Ola proyectar crecimiento: “Vemos un 2026 con un escenario similar al de este año, con una leve recuperación salarial que permitirá a más argentinos viajar. Las elecciones en octubre abren interrogantes, pero los indicadores marcan un rumbo positivo”.

En cuanto a destinos, Brasil sigue siendo el imbatible, pero luego de las vivencias experimentadas en esta segunda convención, Cuba podría colarse en el podio.

Un operador con un proyecto en común

El turismo no se mide únicamente en ventas ni en cupos, sino en la fuerza de las relaciones humanas que lo sostienen.

En tiempos donde la tecnología domina y las pantallas median gran parte del trabajo, Ola apostó a lo esencial: mirar a los ojos a sus socios estratégicos, escucharlos, hacerlos parte de un proyecto común. Y como toda buena ola, la convención dejó huella: efímera en su duración, pero profunda en lo que generó.

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