INFORME ESPECIAL

¿Podrá Latinoamérica ir de la recuperación al crecimiento?

Tras un 2022 en el cual sorprendió por su reactivación turística, Latinoamérica afronta desafíos externos e internos para avanzar hacia el crecimiento.

“Si vamos bien, ¿para qué cambiar?”, podría especular cualquiera que haga una lectura precoz de los impresionantes números de reactivación turística en Latinoamérica en 2022, tras el inédito azote de la pandemia de Covid.

Sin embargo, quedarse en el espejismo de las estadísticas no solo inhibiría la posibilidad de leer lo que falta para transformar la recuperación en crecimiento, sino que además sería un peligroso paso en falso en un contexto macro plagado de retos para las economías de la región.

¿Volvieron los turistas a Latinoamérica?

No solo volvieron los turistas a la región, sino que el apetito viajero de los latinoamericanos se ha despertado con una voracidad que llama la atención al resto del mundo.

Antes de analizar en profundidad este fenómeno, pongámoslo en números. En 2021 la contribución del sector de Viajes y Turismo al PIB en América Latina creció un 26,5%, por encima de la media mundial y de la tasa de recuperación media de la Unión Europea. Para este año, incluso, se espera que de otro salto del 23%, creando la friolera de 769 mil nuevos puestos de trabajo en Latinoamérica.

De acuerdo con el último Informe de Impacto Económico (EIR) del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), la mayor recuperación de la contribución del sector al PIB en la región se produjo en Colombia (+83,8%), El Salvador (+60,4%), Venezuela (+51,7%), Panamá (+46,5%), Guatemala (+44,3%) y Perú (+41,1%).

De hecho, Colombia tuvo la novena tasa de reactivación más rápida en 2021 entre todos los países del mundo medidos (+49,5% en el gasto de los visitantes internacionales y un aumento del 228,2% de los nacionales).

Por su parte, la pauta de recuperación de Perú para los empleos fue la cuarta más alta del mundo (30,6%).

Volver a volar a 2019

Días atrás la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) reveló impresionantes números de la evolución en el número de pasajeros aéreos transportados. La tasa de recuperación (90,5%) frente a 2019 continúa siendo la más alta a nivel global, superando mercados consolidados como Europa (78%) y Norteamérica (85%).

“Estos datos demuestran que la región mantiene su ritmo de recuperación y que existe la necesidad del transporte aéreo”, señaló José Ricardo Botelho, director ejecutivo y CEO de ALTA, quien analizó: “Aún tenemos un importante espacio para impulsar el sector. Mientras que en Estados Unidos la población realiza en promedio unos 2,5 viajes aéreos por año, en nuestra región son 0,6”.

Además, según ALTA, en los últimos meses el mercado internacional es el que más se recuperó para Latinoamérica. En junio de 2022, Colombia alcanzó el 109%, respecto a 2019; México llegó al 107%, Brasil al 65% y Chile al 59%.

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Las estadísticas turísticas en retrospectiva

Una advertencia antes de continuar. Una máxima muy utilizada en estadística recuerda que “en el mar de los promedios se ahogan los enanos”. Aplicado a nuestro tema, no es lo mismo comparar los números actuales con el año pasado que hacerlo con los de 2019, así como también ese ejercicio subregistra resultados muy dispares entre destinos de la misma región.

Pongámoslo en ejemplos concretos. En los primeros 7 meses de 2022 la reactivación ha sido notable en toda América Latina. Sin embargo, no es lo mismo haber llegado a estar un 20% por debajo de la cantidad de arribos internacionales del mismo período en 2019, como en el caso del Caribe y Centroamérica; que todavía estar a un 50% del año prepandemia, como es el caso de Sudamérica. Es más, si tomamos el último dato disponible de julio, Caribe y Centroamérica están a menos de un dígito del pre-Covid (-5% y -8%, respectivamente) y el Cono sur aún tiene un 33% por recuperar.

Si vamos directamente a destinos puntuales, el panorama es todavía más divergente. Incluso, algunos ya dejaron la fase de reactivación para meterse en la de crecimiento. A modo de muestra, Puerto Vallarta, México, en agosto superó en un 38% la llegada de turistas nacionales e internacionales que tuvo en 2019. Es más, el secretario de Turismo de México, Miguel Torruco Marqués, dijo que entre enero y agosto de este año ya ingresaron un 4,4% más de turistas internacionales por vía aérea que en 2019 y la captación de divisas por la actividad está un 9% por encima que en la prepandemia.

De todos modos, salvo casos específicos, se espera que la contribución del sector a la economía alcance los niveles de 2019 recién en 2024, aunque WTTC ya anticipó que algunos países lo harán antes.

Las previsiones a largo plazo

Prever el largo plazo es un ejercicio técnico válido, pero que en un mundo plagado de incertidumbres es bastante azaroso. De esas variables elásticas hablaremos más adelante, por ahora repasemos las expectativas de crecimiento para Latinoamérica.

De acuerdo con su último Informe de Impacto Económico (EIR), WTTC pronosticó una tasa de crecimiento interanual del 4% durante los próximos 10 años para el sector en América Latina. Además, en la próxima década se crearán más de 5,5 millones de nuevos puestos de trabajo en el sector, llegando a más de 20,5 millones en 2032.

En profundidad: Las previsiones a 10 años país por país

Si eso es mucho o poco, es relativo. A priori, lo interesante es que ese dato es casi el doble en comparación con el crecimiento de la economía total de la región, que se estima sea del 2,3% para el mismo período. Lo cual demuestra el enorme potencial del turismo para el fortalecimiento de las frágiles economías de los países latinoamericanos.

Pero lo que obliga a repensar la lectura del dato (tal vez justamente por el lastre de las débiles expectativas macroeconómicas de la región) es que América Latina crecería a tasas bastante más modestas en comparación con otros bloques de naciones. Por caso, Asia Pacífico incrementaría hasta 2032 el aporte del sector al PIB un 8,5% anual, en tanto que Medio Oriente lo haría al 7,7% promedio y el ratio para África sería del 6,8%. De cumplirse estas previsiones, aunque nominalmente crecería, América Latina continuaría perdiendo participación en el reparto global de turistas.

De hecho, las expectativas de incremento del flujo de visitantes internacionales hacia la región se parecen mucho más a las de mercados maduros como el europeo (+3,3%).

¿Y la recesión económica?

Antes de seguir, es obligado repasar la situación macroeconómica global y regional. Más aún siendo que entre los economistas ya no se debate si habrá una desaceleración económica global, sino cuál será su profundidad y cuánto durará. De hecho, en 2022, ya son pocas las economías importantes que aún no han registrado una recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos de caída del PIB.

“Los altísimos precios de la gasolina y el endurecimiento agresivo de la política monetaria han llevado a la economía mundial al borde de una recesión a finales de 2022 o principios de 2023”, sentenció el último informe de Oxford Economics.

A mediados de octubre el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció que la actividad económica mundial está experimentando “una desaceleración generalizada y más acentuada de lo previsto, con la inflación más alta registrada en varios decenios”. Según los pronósticos del organismo, el desarrollo global se desacelerará de 6% en 2021 a 3,2% en 2022 y 2,7% en 2023. “Exceptuando la crisis financiera mundial y la fase aguda de la pandemia de Covid-19, este es el perfil de crecimiento más flojo desde 2001”, advirtieron.

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Las perspectivas de crecimiento económico en Latinoamérica son débiles en comparación a otros bloques, según el FMI.

Las perspectivas de crecimiento económico en Latinoamérica son débiles en comparación a otros bloques, según el FMI.

Puntualmente respecto a América Latina y Caribe, se replica en cierto modo lo que venimos diciendo del sector turístico. Una primera mitad de 2022 que sorprendió por su fortaleza, lo que llevó a que el FMI corrigiera al alza el incremento de la actividad previsto para todo el año (+3,5%). Pero un 2023 flojo, en el cual -quitando las economías maduras de Estados Unidos y la zona euro- Latinoamérica tendrá las expectativas de crecimiento económico (+1,7%) más débiles que el promedio global (+2,7%) y lejos de áreas como “Asia emergente y en desarrollo” (+4,9%), Medio Oriente y Asia Central (+3,6%) y África Subsahariana (+3,7%).

Según el FMI, el debilitamiento de Latinoamérica responderá a los malos datos de sus principales socios comerciales (Estados Unidos, China y Europa), el empeoramiento de las condiciones de financiamiento, la inflación y la baja de los precios internacionales de las materias primas.

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Proyecciones de crecimiento económico revisadas a la baja por el FMI en Latinoamérica y el Caribe.

Proyecciones de crecimiento económico revisadas a la baja por el FMI en Latinoamérica y el Caribe.

¿Cómo impacta el contexto macroeconómico?

La fragilidad de la economía de Estados Unidos y Europa -los dos con menor crecimiento estimado para 2023- no es buena para el receptivo internacional de la región, teniendo en cuenta lo determinante que han sido y son para América Latina.

Por caso, México fue el país que menor impacto sufrió por el “crack” de turistas durante la pandemia. Además de sus políticas fronterizas notablemente más flexibles, la clave fue el flujo de estadounidenses; que en 2020 permitió que recibiera casi 10 veces más visitantes internacionales que el segundo país de América Latina.

Con lo cual, si bien aún el turismo no ha acusado impacto de la evidente escalada inflacionaria y desaceleración económica de las principales fábricas de turistas hacia la región, habría que estar atentos a ver qué ocurrirá cuando se termine de purgar la demanda acumulada tras dos años de pandemia y se consuma el stock de ahorros que se acopió en 2020 y 2021, para luego expresarse este 2022 en la alta inversión en viajes.

Por lo pronto, consultada por este medio, Julia Simpson, presidenta y CEO de WTTC, dijo que no prevén un impacto particularmente duro para el turismo en Latinoamérica. “Creemos que la recesión económica puede ser fuerte, pero sobre todo en Europa o Inglaterra por los problemas de combustible y energía. No veo que vaya a afectar a América Latina, aunque puede que haya mercados a los cuales les cueste más viajar hacia la región”.

Efectivamente, hay que tener en cuenta que el alza de las tarifas aéreas, más aún en rutas de larga distancia, sumado a una oferta de vuelos que todavía está en vías de recuperación, no es un contexto para desdeñar.

De todos modos, hay varios expertos económicos que le están bajando el precio al impacto de una posible recesión económica sobre los viajes. Uno de ellos fue el presidente de Tourism Economics, Adam Sacks, quien envió un mensaje tranquilizador a través de la US Travel Association: “Los datos de alta frecuencia continúan mostrando la resiliencia de la demanda. Cualquier recesión que podamos ver probablemente sea leve debido a la falta de grandes desequilibrios estructurales, riesgos bancarios o burbujas de activos”. Según Sacks, también los balances de los hogares y las empresas están sólidos: “De manera que mi opinión es que podríamos ver que los viajes reaccionan menos negativamente a una recesión de lo que hemos visto en recesiones pasadas. Bien podríamos ver a los hogares renunciar a otras áreas de gasto antes que a viajar”.

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Cuánto incide el bolsillo en el viajero latinoamericano

Si bien Estados Unidos y Europa son grandes fábricas de turistas y gasto para la región, no hay que perder de vista que los principales mercados para Latinoamérica fueron, son y serán otros países de la propia región. Entonces, veamos cómo evolucionará la voracidad viajera de los latinos y cuánto impacta el bolsillo en su apetito.

En ese sentido, hay un interesante estudio de Think with Google que muestra que el deseo está intacto: en promedio, el 88% de los viajeros latinoamericanos optarán por viajes de placer y ocio antes que por trabajo, mostrando niveles similares a los del periodo prepandemia, y el 96% tiene intenciones de hacerlo en avión.

Pero ese mismo informe revela la centralidad que tiene la economía en la conducta de los turistas latinos. Por ejemplo, un dato curioso es el que muestra que -si bien el miedo a los contagios y las restricciones locales fueron los principales impulsores del cambio en el modo de viajar- en Latinoamérica 3 de cada 10 personas mencionaron la situación económica de su país como la principal razón para haber viajado menos durante la pandemia.

Por eso mismo no sorprende la conclusión de que, en todos los países, el precio del ticket y los descuentos serán los principales motivos que los impulsarían a viajar más, seguido por la flexibilidad, ya sea para cancelar o volver a hacer la reserva sin cargos.

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Claves para pasar del crecimiento a la recuperación

Punto y aparte para los números. Ahora analicemos qué cambios hay en la demanda internacional en materia de productos, y que riesgos y oportunidades implican para los destinos de Latinoamérica.

Un valioso trabajo del investigador Juan Manuel Chávez para la Escuela de Negocios OBS (partner académico de la Universidad de Barcelona) recoge una serie de lecciones que impactan a la hora de percibir el turismo del presente y el futuro en Latinoamérica.

Por un lado, Chávez plantea que seguirán cotizando al alza los sitios despoblados, aquellos que conjuguen la experiencia de lo natural y lo cultural, pero -que desde el glamour o lo rústico- eviten el contacto masivo: “Esto es algo en lo que destaca América Latina, con inmensos territorios para el aprovechamiento turístico en las selvas, las punas y las pampas, incluso en los desiertos y sus planicies”. Para el autor, no es casual que el impulso en 2022 venga luego de altas valoraciones de la región en el mercado mediático. Por ejemplo, Perú, Chile y Ecuador han sido escogidos como los mejores destinos turísticos mundiales en varias categorías (destino culinario y cultural, de aventuras y ecológico, respectivamente) en los World Travel Awards.

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Latinoamérica presenta enormes oportunidades para un turismo en auge, que busca autenticidad en experiencias de lo cultural y lo gastronómico.

Latinoamérica presenta enormes oportunidades para un turismo en auge, que busca autenticidad en experiencias de lo cultural y lo gastronómico.

En el escenario pospandemia tres son los tipos de visitantes dominantes en la región:

  • Quien, preferentemente desde Estados Unidos y Europa, busca la experiencia del verano en las costas del Caribe, con la inmersión en la naturaleza y cierta dosis de aventura.
  • Quienes buscan las diversas experiencias de lo cultural y lo gastronómico, incluso, bajo la estela de un turismo urbano que es exigente y está muy dispuesto a gastar en sus vacaciones.
  • Quienes buscan conectar con las raíces de los pueblos originarios del continente y vivenciar lo autóctono.

Retos y oportunidades para el turismo latinoamericano

Ahora bien, estos valores relacionados con los paradigmas de la sostenibilidad, no solo hay que entenderlos como una modalidad que intenta ser respetuosa con los entornos naturales y las condiciones urbanas de los focos de atracción que se visitan. Al mismo nivel involucran el reto de “superar las fragilidades e inseguridades en las ocupaciones vinculadas directa e indirectamente con el turismo”, planteó el investigador de OBS, quien dijo que no se trata solo de mejorar las retribuciones monetarias y simbólicas de los trabajadores, sino promover “una convicción estatal, empresarial, social e individual en favor de acuerdos siempre justos e íntegros para la gente especializada en brindar un servicio, que va desde la acogida al forastero hasta el conocimiento compartido”.

De otro modo, esto cumple con las exigencias de los turistas que se desplazan de un territorio a otro con una conciencia social y ecologista, la cual debe ser procesada por los operadores y servicios turísticos. Ya que no solo pagan por ver un paisaje, sino que buscan una experiencia múltiple, donde potenciar lo cultural y lo humano es clave.

Para una región tan desigual como América Latina, este es un desafío mayúsculo.

También involucra a la tecnología, ya sea para garantizar la seguridad como para acceder a boletos o reservas de alojamiento, o contar con esa hiperconectividad que favorece los recorridos.

Otro punto interesante que plantea el académico como desafío para el sector en la región es crear “un tipo de oferta en el mercado que todavía no se ha desarrollado y que parece crucial después de la emergencia por el coronavirus: un servicio de garantice no solamente la llegada al lugar de destino, sino sobre todo y bajo cualquier circunstancia, la seguridad del regreso a casa”. Para Chávez una gestión diferencial puede ser aquella que haga posible la vuelta, contra toda dificultad.

En conclusión, para Chávez América Latina “debe tener presente que las marcas turísticas deben potenciar sus rasgos inherentes y originalidad, con nociones de responsabilidad social. Reconquistar y fijar el flujo turístico, bajo la amalgama de lo autóctono y lo global con una visión de sostenibilidad en diversos ámbitos”.

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