El análisis más habitual entre los legos de la actividad turística ofrece una aritmética perfecta: si sube el dólar cae el emisivo y, por ende, suben el turismo nacional y el receptivo. Por eso, en los medios masivos el emisivo pasó en las últimas semanas de ser señalado como el enemigo número uno de las arcas del Banco Central a ser la principal víctima de una devaluación, que ya acumuló un 70% en el último año. Un panorama que se completa con una pintura que retrata a hoteleros y prestadores locales poniéndose la servilleta para empacharse con el inminente boom del receptivo y del turismo nacional.
El alza del dólar acrecienta la incertidumbre del sector
Tras la escalada de la moneda estadounidense –que ya superó la barrera de los $ 28–, el clima en el trade es una mezcla de inquietud y de deseo de que la actividad encuentre un equilibro que no constriña la demanda de viajes al exterior y, al mismo tiempo, brinde oportunidades al receptivo y al nacional. Empresarios están alertas de que el efecto devaluatorio no se traslade a los precios internos y se repita un nuevo efecto neutro.
Lo cierto es que los actores que cotidianamente transitan los caminos del turismo saben que es hoy una actividad tan diversificada como compleja, donde la aritmética dista de ser infalible.
Salvo en las jornadas con shock cambiario (y a lo sumo con la resaca del día siguiente) la venta al exterior no se frenó para todos por igual, depende del producto en sí, del target del cliente, del canal de venta... En la mayoría de los casos lo que ocurrió es que se complicaron las ventas que mayor volumen de pasajeros generan, pero que por ser más commodities menor rentabilidad dejan. En cambio, los productos de gama superior se siguieron comercializando a un ritmo razonable. Por otra parte, es todavía muy temprano para determinar un traspaso de pasajeros de CUN a MDQ sin escalas.
EL EFECTO INFLACIONARIO.
El colmo de un empresario turístico bien podría ser tenerle miedo al traslado. Curiosamente, ésa es hoy la principal preocupación entre la dirigencia. “Está claro que el riesgo es que el efecto de la devaluación se traslade a los precios. De nuestra parte, vamos a insistir en no aprovechar la situación para salir a aumentar las tarifas”, señaló el presidente de la Cámara Argentina de Turismo, Aldo Elías, quien agregó: “No tenemos que matar a la gallina de los huevos de oro ni producir un efecto que neutralice el beneficio de la devaluación”.
Por caso, reconoció un mayor convencimiento de que la devaluación va a frenar la salida del turista argentino al exterior, pero “de ahí a que eso se traslade al interno hay que esperar hasta verlo. Pero, a priori, con un dólar caro debería revertirse la tendencia”.
Al respecto, el también titular de la AHT señaló que seguirán conversando con los funcionarios del Ministerio de Turismo para intensificar la promoción en la temporada invernal, “pero no haciendo hincapié en la devaluación, sino en la generación de paquetes con inventivos, que pueden ser el precio o algún extra”.
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