FALLECIMIENTO

Carlos Adjemiantz: buen viaje, te vamos a extrañar

En ocasión del fallecimiento de Carlos Adjemiantz, Glenda, su hija, honra la memoria de su padre, al tiempo que lo recuerda como un gran precursor del sector.

Se apagó el faro que iluminó mi vida personal y profesional: se ha ido mi padre, Carlos Adjemiantz. Enérgico, vital, carismático, decidido, valiente… Y, como incansable trabajador siempre fue un hombre inquieto, curioso, positivo, visionario, innovador. En 2020, en plena pandemia, tuve la oportunidad de entrevistarlo online para que me relatara su vida. Con este mismo objetivo me contacté con empleados, proveedores, agentes de viajes y colegas de la industria, para pedirles que nutrieran con sus propios recuerdos la figura de mi padre. Durante dos horas de videos y decenas de testimonios, encontré relatos curiosos, experiencias graciosas, mucho reconocimiento, también agradecimiento y emoción.

Me recordaron los manuales de Travelclub, cuando Internet no existía, y el único material completo de ventas que tenían los agentes de viajes de Argentina estaba entre esas páginas. Los eficientes procesos internos de ventas y confirmaciones de paquetes aeroterrestres con avanzados sistemas informáticos, precursores de las confirmaciones online, Travelnet. Los asados en el Club House de la oficina, donde se agasajaba a clientes y proveedores.

Como empresario, Carlos Adjemiantz asumió grandes riesgos en operaciones chárter, que llevaron a miles de argentinos en vuelos directos a México, Cuba, República Dominicana, Miami, Canarias o Madrid. Su enfoque fue siempre muy claro: proteger la distribución de ventas de servicios turísticos a través de los agentes de viajes de Argentina: el Travel Leaders Club. Y no escatimó esfuerzos en ese objetivo. Con inteligencia, visión y liderazgo, organizó seminarios, capacitaciones y grandes eventos, como los Travel Show, o innumerables viajes a Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta, Habana, Varadero, Punta Cana, Miami, Orlando, Canarias y Europa, para que miles de agentes pudieran familiarizarse con los destinos.

Mi padre nunca se arrepintió de ninguna de las decisiones que tomó. Generó siempre un gran respeto entre los suyos y, como todo adelantado a su tiempo, tuvo muchos seguidores y también detractores de cortas miras. Todo muy humano. Nunca le importó, sabía quién era, sabía lo que le había costado, como inmigrante francés de origen armenio, construir desde la nada una gran empresa como Travelclub. Fue un hombre hecho a sí mismo, generoso y solidario, que influyó en la vida de muchos, dándoles la oportunidad de aprender a su lado. Un hombre que marcó un camino, que definió, con su impulso innovador y su visión, un antes y un después del turismo en Argentina.

Un amigo y colega agente de viajes lamentaba con sabias palabras que Argentina no hubiera estado preparada para un proyecto como el de Travelclub. Tenía razón. La visión de Carlos Adjemiantz fue demasiado grande. Durante el "corralito" perdió la empresa que con tanto sacrificio había construido, perdió a sus hijos, que emigramos a México y España, luego la salud y la vida. Lo dio todo y lo perdió.

Carlos Adjemiantz, ejemplar padre y esposo, vivió una vida plena, intensa, una vida que mereció ser vivida. Tuvo un sueño y lo tocó con sus manos. Nadie puede arrebatarle lo que fue, porque ahí donde esté, sonriente y sereno, estará ya organizando otro Travel Show, con globos rojos y azules, buenos puros y mucho champagne francés.

Respeto por su figura y un momento de silencio y oración para honrar su memoria. Gracias por tanto, te vamos a extrañar mucho. Buen viaje, papi.

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